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Una que sepamos todos: la tensión entre canciones populares y cultura de masas

Este martes, el ensayista, escritor e investigador del CONICET Pablo Alabarces brindó el conversatorio “Canción popular y cultura de masas: de Palito Ortega a Milo J” en la UNM. La actividad, organizada y coordinada por el docente e investigador de la UNM Armando Minguzzi, se planteó como un espacio de reflexión y debate en torno a la relación entre cultura popular, música, medios de comunicación y sociedad.
Si la gente los consume y en gran escala, ¿por qué lo hacen? ¿Qué encuentran ahí? ¿Qué podemos escuchar de esas voces que normalmente no escuchamos?”, planteó Alabarces. A su lado, el profesor Armando Minguzzi, docente e investigador de la UNM.

Durante su exposición, Alabarces recorrió la canción popular argentina y su vínculo con las diferentes formas de producción y consumo cultural. A partir de allí, abordó distintos momentos históricos, generaciones y lenguajes, para reflexionar sobre cómo la música participa en la construcción de identidades y representaciones sociales.

Para ello, inició su recorrido a partir de la figura de Palito Ortega, mediante la pregunta: “¿Por qué ese tipo, migrante interno, tucumano de pronto, vende grandes cantidades de discos?”. Esta pregunta continuó en un libro escrito junto a Abel Gilbert, Un muchacho como aquel, en el que cuentan cómo “Palito Ortega fue una figura muy pesada que vendió más de 20 millones de discos a todo el mundo durante 40 años y luego terminó siendo gobernador de Tucumán por el voto popular, candidato a vicepresidente, fue senador de la nación y después, como estaba aburrido, fue y salvó a Charly García, que estaba al borde de la muerte”.

El estudio recorre la carrera de Palito en clave de metáfora de la Argentina deseada, en un contexto sombrío de crisis social, económica y política a causa del régimen de la última Dictadura Cívico-Militar de 1976. En ese entonces, Palito cantaba sobre una sociedad feliz y sin problemas.

“Estos artistas impactaron en un nivel muy pesado de la subjetividad, de la historia, de la biografía, de la educación sentimental. Debemos preguntarnos qué pasó con estos artistas. Si la gente los consume y en gran escala, ¿por qué lo hacen? ¿Qué encuentran ahí? ¿Qué podemos escuchar de esas voces que normalmente no escuchamos?”, planteó Alabarces.

Luego, para intentar responder a esas preguntas, continuó su recorrido a partir de la figura de la cantante de música popular argentina Mercedes Sosa, a quien describe como una artista que, a pesar de cantar uno de los géneros más arraigados en nuestra cultura, logró ser disruptiva por muchas cuestiones y, sobre todo, a través de su proyecto Cantora, lanzado en 2009 y compuesto por dos discos de duetos: Cantora 1 y Cantora 2. La iniciativa se convirtió en uno de sus últimos trabajos discográficos antes de su fallecimiento y contó con la participación de diversos artistas de la escena musical.

Al igual que Mercedes Sosa en 2009, con sus discos de duetos en los que mezcló el folklore argentino con el pop de Cerati, el rock de Spinetta y la música urbana de René Pérez, Milo J, en la actualidad, a través de sus colabs (colaboraciones musicales) en su último álbum La vida era más corta, trae a músicos de la escena folklórica como La Sole, Cuti y Peteco Carbajal, Silvio Rodríguez y la misma Mercedes (mediante un registro de archivo inédito).

Para cerrar este recorrido, Alabarces señaló: “Lo interesante es que Milo J fue a buscar a Mercedes Sosa. El tipo de captura que hace Milo de una tradición de la música popular, al igual que Mercedes Sosa, diciendo pop, folklore o rock, no me importa si son música popular”. Y en este sentido señaló: “Lo más interesante en los músicos jóvenes contemporáneos es que les importan tres belines las clasificaciones y van y capturan lo que sea”.

El escritor también mencionó a la artista Lali Espósito para exponer que “nada es estable”. En este sentido, el terreno de la protesta y la resistencia, dominado antes por el Rock Nacional, hoy convive con otros géneros. “Una cantante pop se vuelve un símbolo político y antimileista y resistente, en el mismo momento en que Milei usa como banda de sonido el rock político resistente de los años 90”, dijo Alabarces. Y señaló: “Estas cuestiones no son estables, van cambiando de sentido, se las pueden recubrir con nuevas capas de sentido”.

El investigador además recalcó: “El punto central es que lo que no nos sirve es impugnar la cultura de masas diciendo que es mercantil, que se fabrica en serie, que es repetitiva, etcétera. Por el contrario, ahí hay algo y es su intersección con la cultura popular. Y ahí es donde tenemos que prestar atención. Hay que interrogarse qué está ocurriendo entre ese encuentro, entre ese producto, entre la cultura de masas y una subjetividad popular. Si queremos indagar más en nuestras sociedades, tenemos que indagar en esos aspectos”. Por último, remarcó: Estos sujetos son los que permean y estructuran la vida cotidiana de nuestro pueblo, no podemos ser ajenos”.

Para cerrar el encuentro, el profesor Minguzzi, destacó: “Hay una cosa que también quiero destacar de lo que dijo Pablo, que es no abandonar el humor como hecho irreverente. Me parece muy interesante en épocas donde todo es cancelado, todo es odiado; no abandonar el humor, sobre todo con nuestros amigos, con nuestra familia, pero más con el poder y con nosotros mismos. Me parece una clave interesante”.

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