
En Moreno hay un campeón de taekwondo y, con la celeste y blanca, competirá el mes que viene en el Mundial de la especialidad, en España. La perseverancia, el autocontrol y el respeto son virtudes que también se premian, y es el plus del oro argentino Juan Martín Vescovo (15), en la categoría Formas por Equipo – Masculino Prejuvenil, en el Mundial de Croacia 2025. Pero no solo la estética y espíritu de la disciplina coreana apasionan al adolescente del partido de Moreno. También, las Ciencias Exactas y, en 2023, representó a su escuela Bartolomé Mitre Day School, en las Olimpiadas de Matemática. Clasificó, con mención especial, para la instancia nacional. Seguramente habrá un vínculo entre la matemática y el deporte coreano.
Y, para su nuevo desafío en el Mundial de España de octubre, reviste asimismo gran relevancia el apoyo institucional y familiar —la contención recíproca— expresados en los testimonios de sus padres Natalia Granados (51) y Aníbal Vescovo (57), de su joven entrenador Ramiro López y de la compañera de equipo, Lucila Feijoó (16). El himno nacional, la bandera argentina y su gran compañerismo, en el disfrute de su coronación. Y ahora lo esperan España y Paraguay.
Cuando le preguntamos cuáles fueron los momentos más difíciles que le han tocado atravesar, Juan Manuel Vescovo respondió: “Empecé a hacer taekwondo a los cinco años. Mi hermano Pedro lo practicaba desde antes de que yo naciera y, desde chico, con mi mamá, íbamos a buscarlo al finalizar los entrenamientos. Ella y Ramiro, mi entrenador, siempre me insistieron para que me sumara, pero, por un tiempo, yo no quería, hasta que por fin acepté, solo para serenar las cosas y me terminó encantando.” Y en cuanto a las etapas de su ascenso, precisó: “Fui preseleccionado en Mar del Plata y en Buenos Aires. Se estaban conformando los equipos y fui elegido como capitán. En 2025 obtuve la medalla de bronce Primer Dan, Prejunior, y la medalla de oro en la categoría Formas por Equipos”.
Bajó la estrella en Croacia, en el estadio Žatika Sport Centre. Es un moderno estadio cubierto multiusos ubicado en la ciudad costera de Poreč, sobre la calle Nicola Tesla, a metros del mar Adriático. Fue inaugurado en noviembre de 2008. Juan Martín recibió, allí, la medalla de oro el año pasado. Y su coach era Diego Ronchese, por quien está muy agradecido, como por todos los entrenadores del seleccionado.
Para este brillante adolescente, hoy día, siguen los viajes. En octubre, va a la Copa del Mundo de Taekwondo, que es distinta a la Copa Mundial, aunque es una fase previa. Luego, vendrá Paraguay 2027. Para su preparación, dispone, en zona oeste, del gimnasio de la Sociedad de Fomento de Padua Norte, con su profesor Ramiro López de la Escuela Marcial.
Al comentarle que el taekwondo supone un deporte rudo y físico, aclara que está en la Selección de Formas, porque para combate o kiorugui “no tengo el peso adecuado y no tengo mucha experiencia. Corporalmente soy bajo y muy delgado, y no soy muy bueno en tomas de lucha. También me desempeño como juez o árbitro”.
El entorno que respalda
Siempre centrados en la figura de la joven estrella, consultamos a su madre, Natalia Granados, quien expresa una gran satisfacción: “Yo le decía que trate de disfrutar el proceso. Teníamos el temor que sufriera porque no tenía mucha experiencia. Tener un hijo campeón del mundo implica acompañarlo en las distintas etapas. Él expresó su deseo de presentarse a las convocatorias del seleccionado. Vimos que destacaba”.
La familia de Juan Martín vive en Francisco Álvarez, pero, en el primer periodo, él entrenaba en un gimnasio de Olivos, los siete días de la semana. Había práctica individual y grupal. La escuela secundaria también estuvo muy disponible y atenta, por los tiempos que él debía entrenar o por si estaba de viajes. Y necesitaba todo el apoyo de la familia, de su hermanas Josefina (que practica running) y Eugenia, su hermano Pedro, y el esposo de Natalia, Aníbal Vescovo. “Fue mucho esfuerzo —agrega la madre— y también mucha alegría al ver que era convocado. Festejamos, también, cuando subió al podio y cuando cantamos el himno argentino”.
Respecto a la nutrición, Natalia Granados es médica nutricionista, y le preparaba las viandas apropiadas. “Podía comer de todo pero ordenado y graduado en calorías y carbohidratos, distribuidos en almuerzos y meriendas”. Todo coordinado con los tiempos de la escuela, lo cual presentaba cierta dificultad.
«Yo le decía que el mundial iba a pasar volando y que debía disfrutar los largos entrenamientos. “Juanchi, todo esto va a quedar en tu corazón”, le aseguraba yo. Él me recordaba: “Llevá la bandera argentina para el podio”, cuando preparábamos la valija. Ante mi inquietud, me decía “dejame soñar”».
Era mucho nerviosismo pero, según los testimonios de los que lo rodeaban, lo veían muy bien, muy independiente, disfrutando con sus amigos. Les transmitía tranquilidad. Su coronación fue “algo gigante y magnífico”, cuando premiaron tanto esfuerzo. “Sentimos gran emoción al cantar el himno argentino”, concluyó la madre.
Por su parte, el técnico López agrega más detalles respecto al perfil de Juan Martín. Destaca su perseverancia y su paciencia para “no saltear pasos en los procesos de autosuperación y entender, cabalmente, el espíritu del deporte” “Sobresalió apenas alcanzó el cinturón negro. Se presentó como selectivo, y lo acompañé en las nuevas etapas de la competencia, que coronó con el campeonato del mundo”, narra el técnico del seleccionado. Coincide con la mamá de Juan Martín, en cuanto a que es muy buen compañero y con un potencial enorme como artista, ya que es músico. “Empezó desde los cinco años, tiene continuidad hasta el día de hoy. Además, es muy buen alumno”, dice el técnico.
Metafìsica y Matemática
Como dato curioso y pintoresco, Juan Martín describe la conexión entre las matemáticas y el taekwondo, sus dos pasiones. “Por ejemplo, en las formas, los ángulos de los pies están establecidos. En la posición de caminar, el pie de atrás tiene que tener veinticinco grados, y el pie de adelante, cero grados. También, la distancia del desplazamiento: un ancho de hombros, o un ancho y medio de hombros”. Y da otras precisiones: “Hay escalas, de acuerdo a los colores de los cinturones, desde el blanco, el amarillo —la tierra—, el verde, el azul, el rojo y el negro, todos con su simbología, ascendiendo a medida de que se rinde cada prueba. Uno pasa a ser instructor, de color negro, que te permite competir. Ya en un cuarto y quinto y sexto niveles —yo todavía no, porque transito el segundo nivel—, se empieza a redactar tesis”.
En esas tesis se plantean estadísticas de los movimientos que aparecen con mayores frecuencias. Por ejemplo, en las “formas de color”, que son simulaciones de ataque y defensa, con sus acciones, poses y patadas característicos.
Juan Martín tiene una gran compañera en el deporte: Lucila Feijoó (16), medalla de bronce mundial. Resultó interesante preguntarle a ella sobre la convivencia intergénero. Expresa que tenían que ir a entrenar lejos y, como eran vecinos acá en Moreno, iban para todos lados en el mismo vehículo, para achicar los gastos. “La convivencia, tanto con Juanchi como con mis compañeros de la selección, fue óptima. Y además fue muy lindo compartir con chicos de mi edad. Y según mi experiencia, en este ámbito, se respeta mucho a todos por igual, tanto en las competencias, en la vida en común, como en los entrenamientos”, dice Lucila Feijoó, que tuvo su premio también en Croacia.
“Cuando recibimos las medallas con las chicas de la selección, fue maravilloso. Realmente, valió la pena. Estaba en la otra punta del mundo, subiéndome al máximo estrado con mis amigas. Porque pasaron a ser íntimas y queridas, después de compartir intensas vivencias y esfuerzos. Fue increíble recibir la copa después de tantas cosas que uno deja de lado, con el fin de cumplir el sueño de subirse a un podio mundial”, dice Lucila.
Como conclusión, Juan Martín aclara que este deporte es una mixtura con el karate japonés y las artes marciales de Corea. “Nosotros practicamos un taekwondo deportivo”, explica. “Un estilo de vida y de cultura que se expresa en el protocolo de combate, siempre respetando al oponente”. Respecto a los valores espirituales, el luchador se esmera en el dominio sobre las propias acciones, impulsos y emociones, en especial, en los momentos críticos o de tensión. El oro olímpico enumera aspectos del lenguaje: “La reverencia, o ‘kyong ye’, que consiste en inclinarse desde la cintura manteniendo la espalda recta, los brazos pegados a los costados o con puños cerrados —según cada estilo— y la mirada dirigida al suelo. A la orden del árbitro, los luchadores ingresan al espacio de lucha, el tatami, en estricto orden de las fases”. Cada luchador, sea vencedor o vencido, debe mantener la humildad y el respeto. “Debe atender a las directivas del juez. Por ejemplo, “charyeot” es posición de firmes o atención. “Kyong-ye”, saludo o inclinación. “Joonbi”·: prepararse para la pelea o guardia. “·Kyorugi”, combate o lucha, y “Hwarang”, como expresión de saludo”. La regla de oro es evitar cualquier gesto de euforia exagerada o de burla hacia el rival. Se debe atender al detalle de que “en la vestimenta, y en el sector del pecho, cada luchador lleva el logo de su país”, dice el deportista olímpico.
Juan Martín, en relación a la trascendencia metafísica de este deporte, se interesa en precisar que “son cinco las virtudes del taekwondo: la cortesía, la integridad, la perseverancia, el autocontrol y el espíritu indomable”. El seleccionado olímpico, la familia, el entrenador, la luchadora Lucila Feijoó han corroborado el buen compañerismo de Juan Martín en su liderazgo como capitán, constituyéndose en representante de esa filosofía del lejano oriente y digno exponente de Argentina.
En Formas —la disciplina en que se perfeccionó Juan Martín—, grupos de cinco competidores ejecutan patrones de movimientos simultáneos. Los jueces, en su función, evalúan la sincronización creativa, el trabajo en equipo, el ritmo y la coreografía, además del nivel técnico. Es el oro con el que fue galardonado el deportista morenense. Y enarbolará la bandera argentina, para repetir la proeza, en octubre, en España, y en 2027, en Paraguay.


