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Comunicación Social (UNM)

Salud mental en Argentina: malestares en ascenso

Ansiedad, alteraciones del sueño, agotamiento emocional y el desánimo persistente forman parte de una problemática que creció en los últimos años y que, tras la pandemia, comenzó a ocupar un lugar cada vez más visible en la esfera pública. Según la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA) el 35% de la población argentina atraviesa un problema de salud mental. En este marco, ANUNM dialogó con especialistas para analizar las causas y los desafíos actuales.
Promover encuentros barriales, actividades recreativas, el deporte y la vida al aire libre pueden contribuir a prevenir problemáticas relacionadas con la soledad y la falta de redes de apoyo, dice la especialista en Psiquiatría por la APSA, Yvana Cornejo. Fotos: Cristina Sille y Florencia Ferioli, de Anccom.

Natalia Putrino, licenciada en Psicología por la UBA explicó que “un trastorno mental es una afectación en áreas como el comportamiento, la emoción y la cognición, esto impacta en la funcionalidad cotidiana de las personas”. La especialista formó parte de una investigación realizada por el Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA), un centro de estudios perteneciente a la Facultad de Psicología de la UBA, que surgió durante la pandemia con el objetivo de analizar el impacto del aislamiento preventivo y obligatorio en la salud mental de la población argentina.

Por su parte, Damián Zuccolo, psicólogo y jefe de la guardia de salud mental del Hospital Luciano y Mariano de la Vega, de Moreno, sostuvo que el concepto de “padecimiento subjetivo” resulta más amplio y permite describir con mayor claridad las distintas formas en las que se presentan las problemáticas de salud mental. Según detalló, actualmente existe un debate en torno a la incorporación de este último concepto como sustitución de la categoría de “trastorno mental” en la Ley Nacional de Salud Mental 26.657.

A su vez, la investigadora de OPSA, quien se especializó en análisis de datos, explicó que la demanda de atención psicológica aumentó considerablemente después de la pandemia. “Cuando empezó el COVID-19 había un riesgo de trastorno mental de un 4% y en dos años se triplicó a un 12%”, afirmó. Entre las problemáticas que crecieron con más fuerza mencionó la ansiedad, la depresión, la ansiedad social en adolescentes y los trastornos alimentarios.

En esa misma línea, la especialista en medicina general por la Universidad Nacional del Comahue (UNCo), Yvana Cornejo, aseguró que “la depresión es la nueva pandemia y esto tiene que ver con los problemas sociales, culturales, económicos que la gente padece”. Según señaló, en Argentina tanto los trastornos depresivos como los trastornos de ansiedad presentan una alta prevalencia. “Una persona no puede ser plenamente feliz cuando no puede darle de comer a su familia”, sostuvo.

Ella, que especialista en Psiquiatría por la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA), destacó que los grupos más afectados debido a la interrupción de los espacios de socialización es en los y las adolescentes. “La falta de contacto con pares para los adolescentes hizo que  empezaran desde tan chicos con problemas de ansiedad, con problemas del estado de ánimo y con autolesiones”, afirmó.

Por su parte, Cornejo aseguró que “cuando una persona tiene diabetes y necesita medicación de por vida, nadie se hace tantas preguntas. Pero cuando hablamos de ansiedad o depresión, todavía hay mucha resistencia social”. En ese sentido, sostuvo que este tipo de problemáticas pueden atravesar a cualquier persona, especialmente en un contexto de incertidumbre social, política y económica como el que atraviesa Argentina. Además, destacó que “la ansiedad y la depresión son problemas de salud como cualquier otro: se pueden tratar, abordar y mejorar”.

En primera persona

La experiencia de Agustina Isaías refleja los problemas de salud mental que se profundizaron durante la pandemia. Tiene 26 años y es vecina de Marcos Paz. En 2020, en plena pandemia, fue diagnosticada con depresión y ansiedad generalizada. La búsqueda de ayuda profesional no surgió por iniciativa propia, sino por la preocupación de su entorno más cercano. “Las personas que buscaron esa ayuda fueron mi mamá, mi mejor amiga y mi pareja”, recordó.

Isaías contó que el contexto de aislamiento durante la pandemia profundizó su malestar emocional. Tras dejar temporalmente el departamento donde vivía con su hermana para instalarse en la casa de sus padres debido a las restricciones, comenzó a atravesar períodos de introspección. “Tenía mucho tiempo para pensar y para enfrentarme con cómo realmente me sentía con mi presente y también con mi pasado”, expresó.

Con el paso del tiempo, los pensamientos vinculados a la muerte comenzaron a aparecer con mayor frecuencia. “Empecé a decir reiteradas veces que ya no quería vivir. Al principio creía que era más en chiste, hasta que en un momento empezó a ser real”, contó. Fueron mensajes enviados a su mejor amiga y a su pareja los que llevaron a que su familia intervenga. “Con distancia me doy cuenta de que, al exteriorizar que no quería vivir con personas que sabía que me querían, estaba pidiendo ayuda en algún punto”, reflexionó.

Durante los primeros meses, inició terapia psicológica con orientación cognitivo-conductual, un abordaje que, según aseguró, fue clave en su recuperación. “Trabajaba mucho el registro entre pensamiento, emoción y acción. Había tareas diarias pequeñas que me ayudaban a conectar con el presente”, explicó. Agustina describió ese período como un momento de “supervivencia”. “Para mí era un logro levantarme, cepillarme los dientes o bañarme”, sostuvo.

A partir de su experiencia, remarcó la importancia de hablar más sobre salud mental y de derribar prejuicios alrededor de los trastornos emocionales. “Son padecimientos muy invisibles, que muchas veces se sufren muy desde adentro y en silencio”, explicó. También resaltó el valor del acompañamiento profesional durante el tratamiento. “Hablar de lo que nos pasa con un profesional es muy importante. Los amigos y la familia acompañan, pero el profesional estudió y se formó para eso”, señaló.

¿Qué hacer?

En relación con las señales que pueden indicar la necesidad de consultar a un profesional, Zuccolo sostuvo que resulta difícil establecer criterios universales, ya que cada persona atraviesa el sufrimiento de manera distinta. En ese sentido, destacó la importancia del concepto de “urgencia subjetiva”, que implica que el propio sujeto pueda reconocer y valorar su malestar emocional. “No es solamente un indicador externo el que nos empuja a consultar, sino también la propia concepción del sujeto sobre su padecimiento”, señaló.

En cuanto a las medidas de prevención, Cornejo remarcó la importancia de fortalecer los espacios comunitarios y los vínculos sociales. Según explicó, promover encuentros barriales, actividades recreativas, el deporte y la vida al aire libre puede contribuir a prevenir problemáticas relacionadas con la soledad y la falta de redes de apoyo.

En la misma línea, Putrino sostuvo que “más allá de las nuevas tecnologías que puedan surgir, los humanos somos humanos y los humanos buscamos a otras personas”, y vinculó esta idea con el creciente interés por las actividades presenciales y los encuentros cara a cara. Para Zuccolo, hablar de salud mental también cumple un rol central en ese proceso: “Hablar de salud mental es fundamental porque permite construir un vínculo con otro y dejar de vivir el sufrimiento de manera aislada”. De esta manera, los especialistas coincidieron en que la prevención no depende únicamente de los tratamientos profesionales, sino también de la posibilidad de construir redes de contención, escucha y acompañamiento.

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