
Michelle, quien prefirió identificarse solo con su nombre, tiene 30 años y vive en Merlo. Menciona que su generación fue testigo del desarrollo de Internet y del surgimiento de las redes sociales. Para ella, ese proceso marcó la transición de una era analógica hacia otra más digitalizada. “Me acuerdo que interactuar con alguien era llamarlo por teléfono de línea, coincidir, saber si estaba en la casa o no”, recuerda. Y agrega: “Creo que ahora muchos ya se relacionan completamente escribiendo por Instagram o Facebook. Antes vos tenías que ir personalmente para hablar con la persona”. Ella critica fuertemente este nuevo modo de relacionarse: “He visto personas que, estando presentes una junto a la otra, de la nada se están comunicando por mensajes. Y es como decir: “Che, ¿qué te cuesta agarrar y hablar con la otra persona si están face to face?”.
Estas plataformas permiten conectar con otros y conocer diferentes aspectos de sus vidas. Sin embargo, la hiperconectividad y la exposición a ciertos contenidos también pueden repercutir en como los sujetos se perciben a sí mismos.
La soledad en la era digital
La licenciada en Psicología y especialista en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) y Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), Luana Salvatierra, comparte que el significado de soledad varía según la historia y vivencias de un individuo. “Quizás yo la puedo percibir como algo que me trae paz, que puedo estar conmigo misma y que explota mi creatividad. Pero si se lo pregunto a otra persona que habrá sufrido abandono gran parte de su vida o tuvo que aprender a priorizar todo el tiempo a los demás antes que a sí misma, tal vez asocie la soledad como algo negativo. Como algo que está mal”, explica.
Aunque las redes sociales facilitan la circulación de información, también pueden impactar de forma negativa en quienes son más vulnerables o tienen patologías psicológicas previas. La exposición a determinados contenidos puede resultar perjudicial y aumentar el malestar emocional. En estos casos, el uso de las plataformas puede reforzar una percepción desfavorable de la soledad y de la realidad producto de las comparaciones. Entre los grupos más afectados se encuentran aquellos con depresión, ansiedad o trastornos del ánimo y los adolescentes en plena construcción de su identidad.
“La persona evita estar con su propia mente. En el caso de un depresivo, cuando se aísla, cae en un bucle de pensamientos negativos sobre sí mismo, sobre su entorno y de desesperanza respecto a la realidad”, especifica Salvatierra. En relación con los adolescentes, añade que “cuando están en este periodo de descubrimiento, de la construcción de su propia identidad, de quiénes son y qué quieren ser en la vida, despierta en ellos como esta sensación amarga de que se sienten solos en el mundo”.
Por lo tanto, la soledad es una experiencia subjetiva que puede representar un espacio de encuentro con uno mismo o una sensación de desconexión, dependiendo de cómo la interprete cada ser humano y de los elementos que intervengan en ella.
La soledad y los nuevos modos de relacionarse
Daniel Daza Prado, doctor en Antropología Social y Cultural por la UNSAM y especialista en Tecnología Educativa y Etnografía de lo Digital, sostiene que las redes sociales captan el interés por múltiples factores. “Hay que pensar que existe una economía de la atención, en la que las plataformas digitales son un escenario construido para maximizar el tiempo en el que las personas pasan en ellas en busca de reconocimiento e interacción”, afirma. A esto suma: “Son atractivas porque hay una ingeniería social, disfrazada de marketing, haciendo todo lo posible para comprender cómo pensamos, qué sentimos, qué deseamos y cómo manipularlo para generar ganancias”.
Antes, la soledad no tenía una connotación negativa. Por el contrario, se la asociaba con la introspección, la sabiduría y cierta genialidad. Para Prado, las redes sociales influyeron en cómo nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás, lo que repercutió tanto en la soledad interna como en la externa. La soledad externa cambió por la sensación de cercanía y pertenencia que generaron las redes.
“Carlos Alberto Scolari dice que cuándo una interfaz no puede hacer algo lo va a simular. Y las plataformas digitales, las redes sociales actúan en ese punto generando la sensación de cercanía de estar “en contacto, conectados”, como están los aparatos digitales, pero la relación, el vínculo humano cambia en múltiples sentidos”, expresa el doctor en Antropología. A lo que añade: “La soledad externa bien puede no sentirse en redes sociales o se puede sentir cuándo aparece la necesidad de un abrazo sin mediación tecnológica. Pero la soledad interna es distinta, y puede experimentarse incluso cuando la persona se siente acompañada por miles de seguidores y amigos anónimos”.
De este modo, las redes sociales transmiten una sensación de compañía y conexión con otros. Aun así, no reemplazan las relaciones reales ni alivian el malestar ligado a una soledad no deseada.
La escuela y los vínculos en la era digital
Juan Giménez, director de la Escuela Creciendo Juntos, ubicada en Paso del Rey, reconoce que el avance tecnológico es inevitable. En el establecimiento no buscan demonizar la digitalización. Por el contrario, actúan como mediadores entre la tecnología y los estudiantes. “Es necesario, desde la escuela, construir pausas. Construir momentos de encuentro. Salir de la idea de que la vida corre a través de lo que se pone en una red social o de lo que tengo que responder, a la brevedad, en un mensaje de WhatsApp. Poder construir otros tiempos más lentos”, subraya.
El colegio apuesta por una propuesta más analógica que permita cultivar una convivencia sana, expresar emociones, fortalecer los vínculos y la grupalidad en el aula. Ante el surgimiento de un problema, buscan que prime el diálogo cara a cara y no a través de un dispositivo o una red social, una situación que se observa cada vez con mayor frecuencia. “Hacemos rondas donde trabajamos en forma conjunta aquellos problemas que surgen en el aula. Es importante que cada uno pueda poner en palabras su aporte dentro de ese colectivo que es un curso, para poder diseñar alguna propuesta, pensar alternativas o encontrar una solución al problema por el cual nos estamos convocando”, detalla Giménez.
Por otro lado, en la institución se desarrollan jornadas establecidas por el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires para abordar el uso de las tecnologías y las redes sociales. De vez en cuando, estos encuentros se reestructuran a partir de las situaciones que aparecen en la escuela. “Últimamente venimos trabajando también en talleres con las familias. Nos parece que, a veces, hay una gran necesidad de los chicos hacia las pantallas. Eso provoca que la atención sea muy breve en las clases. Entonces, es importante también qué tareas pueden hacer en casa o cómo pueden generar nuevos espacios. La idea es que puedan correr, por un tiempo, lo tecnológico y poder impulsar otro tipo de relación con sus hijos y sus hijas”, comenta el director.
La Escuela Creciendo Juntos es un establecimiento educativo con orientación en artes visuales. En ella, los estudiantes cada tanto recurren a las tecnologías para editar videos, participar en la radio escolar mediante un streaming en el que salen en vivo con sus programas o para realizar otras actividades pedagógicas. En este sentido, el colegio acerca a los alumnos al mundo digital. En relación con esto, Giménez señala: “En ese acercamiento también pasan un montón de cosas y existen discursos que a veces se soslayan o se cree que no tienen importancia. Hay que ver quién es el emisor, quién está manifestando lo que sucede y me parece que en eso la escuela tiene una tarea fundamental”.
Pantallas, soledad y conexiones genuinas
¿Cómo se acompaña a quienes se sienten solos y están incómodos con ello desde la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) y la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT)? Desde la TCC, la licenciada Salvatierra (analiza cómo cada paciente vive la soledad. El enfoque parte de la experiencia personal de cada uno, la historia de vida, las conexiones familiares y el desenvolvimiento en distintos ámbitos como las amistades, el trabajo, el estudio y las parejas. En cuanto a la ACT, se asume que no todo puede cambiarse y que hay circunstancias que debemos aprender a aceptar. Esto implica saber estar solos, transitar el aburrimiento y escuchar nuestra mente, incluso en la ansiedad.
Para tener una dinámica más sana con la tecnología y específicamente con las plataformas digitales como Instagram, Facebook, entre otras. Salvatierra declara: “Uno puede acceder a lo que quiera, pero siempre con límites. A través de este, uno puede darse el poder de decir: “Basta, hasta acá llego con el consumo de esto que estoy viendo”. De igual manera, aconseja despegarse un poco de lo digital y llevar a cabo actividades más realistas que ayuden a interactuar. “Ir a una clase de pilates, cerámica o de algo que le permita conectar con otro y de forma genuina y que vea que no todo es perfecto como lo quieren a veces pintar en las redes”, revela.
“Hacer más mindfulness, es decir, si estoy escribiendo, concentrarme en que estoy agarrando la lapicera y en el tacto del papel. Si estoy ordenando la ropa, enfocarme en la tela, en la textura. Centrarme en que estoy haciendo eso, en ese momento, porque mi realidad es esa. No lo que estoy pensando de acá a mañana”, recalca la licenciada.
En esa misma línea, Michelle asegura que la clave está en encontrar un equilibrio entre la vida en redes sociales y la rutina fuera de ellas para cuidar la salud mental. “Intento hacer prácticas más allá del ámbito tecnológico. Me gusta leer, hago gimnasia, busco alternativas. Salgo a tomar mate. Esto me permite tocar tierra, sentir cosas físicas, volver a la realidad y no tratar de estar todo el tiempo detrás de la pantalla”, describe.
En conclusión, un contenido o una plataforma no tienen que definirte. Cada ser humano es único y cada quien posee diferentes estilos de vida. Por eso, es normal no compartir las mismas vivencias ni vínculos similares. Está bien estar acompañado, está bien estar solo. En lo que concierne a lo digital, no es algo malo, pero hay que integrarlo con criterio y de manera consciente a nuestra cotidianidad. Con esto en mente, identificar lo que estas plataformas obtienen de uno y reconocer que la digitalización tiene aspectos tanto positivos como negativos en nuestra realidad.


