
¿Cómo tenés 26 años y decidiste tener un hijo? Yo no concibo la idea de perder mi independencia”, expresa Julieta Gerber frente a los embarazos de sus amigas. Para ella, la maternidad está ligada a una idea de sacrificio. Cuenta que todas las mujeres de su linaje materno fueron madres y que, según lo que observó en su familia, muchas “sacrificaron su vida, dejaron pedazos de su vida, de su persona como mujer” por sus hijos. Por eso, hoy prioriza otros proyectos: “Yo quiero hacerme responsable de mí misma, disfrutar la vida y viajar”, expresa esta joven de General Rodríguez.
Su decisión forma parte de un cambio demográfico profundo. Según datos de UNICEF Argentina, los nacimientos cayeron un 47% entre 2014 y 2024: pasaron de 777.012 a 413.135, a partir de estadísticas oficiales de la Dirección de Estadísticas e Información en Salud (DEIS), del Ministerio de Salud de la Nación. En ese período, la fecundidad descendió de alrededor de 2,4 a 1,3 hijos por mujer. En 2024 hubo tantos nacimientos como en 1948, aunque hoy hay aproximadamente tres veces más mujeres en edad fértil.
En la Maternidad Estela de Carlotto, ubicada en la localidad de Moreno, el comportamiento de los nacimientos también muestra cambios sin precedentes. Según datos aportados por el equipo de Gestión de Enlace de la institución, encargado de la sistematización y el seguimiento de los indicadores institucionales, se registraron 1.111 nacimientos en 2019 y 1.876 en 2020, un aumento del 69% que la propia planilla vincula con el contexto de pandemia. A partir de entonces, la cifra volvió a descender: fueron 1.474 nacimientos en 2021, 1.339 en 2022, 1.353 en 2023, 1.297 en 2024 y 1.262 en 2025. Más allá de ese salto extraordinario de 2020, el registro permite observar una tendencia descendente en los años posteriores. También cambió la composición de las madres: las mujeres que no tenían hijos previos pasaron del 37% en 2019 al 46,5% en 2025, mientras que aquellas con dos hijos previos bajaron del 17% al 12,8%. El dato territorial dialoga con la tendencia nacional, no solo hay menos nacimientos, también cambia el momento y la cantidad de hijos que tienen las mujeres.
Testimonios de mujeres: cuatro experiencias
¿Qué ocurre a nivel sociocultural? Zoe Miselli, de 27 años y de General Rodríguez, como Gerber, dice que por ahora no desea ser madre: “Muchas mujeres pierden su identidad, sus sueños e independencia y deben sacrificar parte de su vida por el cuidado. Yo planifico vivir mi vida plena y no dedicarla completamente a otra persona ”, explica. También cuestiona cómo se distribuyen las responsabilidades: “Yo veo mucho que va todo a cuestas de la madre, mientras muchos padres solo trabajan”.
Bárbara León, de 30 años y de Ituzaingó, llegó a una conclusión parecida en los últimos años. Dice que no se siente preparada y que tener un hijo exige tiempo, estabilidad y una pareja capaz de asumir la crianza. Su preocupación no es solo económica, señala que: “En ese sentido, la ley actúa bastante incorrectamente, porque a la mujer se le dan muchos más días para poder ser madre. Creo que hasta que no se cambien las leyes es un poco imposible, porque todo el tiempo se le da ese poder a la mujer solamente: tiene que amamantar, tiene que salir a trabajar después y quizás amamantar en el trabajo, si es que le dan las horas para poder hacerlo, porque en algunos lugares no te lo dan. Y a su vez tiene que tener el acompañamiento real del padre. Son solamente dos días los que se le dan por ley en el trabajo a ese padre, necesitás contención y acompañamiento de esa persona con la cual vos estás”, expresa.
Candela Ávalos, de 21 años y de Luján, representa otra experiencia. Desde chica quiso ser madre y tenía como proyecto hacerlo antes de los 23. Ella y su pareja contaban con trabajos en blanco que les permitían cubrir sus necesidades y, según explica, si hubiera tenido un problema económico “claramente no lo hubiese traído al mundo”. La maternidad, sin embargo, modificó la imagen que tenía antes de vivirla: Explica que después llegaron el no dormir, los cambios corporales y el posparto. “Yo dejé de romantizar la maternidad porque la viví”, cuenta. Aun así, quiere volver a ser madre pero hoy esa posibilidad no entra.
Erica Martín, de 40 años y también lujanense, atravesó la maternidad en distintos momentos de su vida: fue madre dos veces en su adolescencia y años después, decidió volver a serlo ya de grande, a los 36 y 37. Esa experiencia le permitió conocer distintas formas de transitar la crianza y también dimensionar lo que implica sostener a un hijo en el contexto actual. Para ella, la maternidad requiere responsabilidad, paciencia, amor y cierta estabilidad. Aunque volvería a elegir ser madre y no se arrepiente de sus decisiones, nos cuenta: “Siento que las condiciones actuales del país no están para tener un hijo, se hace difícil darle todo lo que necesitan hoy”, expresa.
Marisol Castro, psicóloga graduada de la UBA, interpreta estas historias como parte de una transformación que excede la decisión individual. En los últimos 70 años, cuenta, cambiaron la esperanza de vida, las oportunidades de las mujeres y las formas de construir vínculos. La posibilidad de divorciarse y de decidir sobre el propio cuerpo también modificó el proyecto familiar. “Antes no podía decidir, primero sobre la vida pública, después sobre los vínculos y, más recientemente, sobre el propio cuerpo. En ese proceso las mujeres empiezan a pensar un proyecto de vida más allá de un varón”, plantea.
Para Castro, el cambio cultural se combina con otro económico. “Hace 20 o 30 años atrás con un solo salario era suficiente y, durante los últimos 20 años, se necesitan dos salarios”, explica. Eso reduce el tiempo disponible para criar y vuelve más difícil planificar un hijo. A la vez, persiste un reparto desigual de las tareas: culturalmente, explica, de la mujer se espera el cuidado y del varón el rol de proveedor. “Entonces la mujer ahí se vuelve a postergar”.
¿No querer o no poder
Los datos de UNICEF coinciden en que la caída de la natalidad no equivale simplemente a no querer tener hijos. El organismo cita al Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA): el 57% de las personas quisiera tener más hijos, pero encuentra obstáculos económicos, laborales, habitacionales o vinculados al cuidado. Además, la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT) 2021, del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), muestra que las mujeres realizan, entre trabajo remunerado y no remunerado, unas siete horas semanales más que los varones.
Para la demógrafa Carola Della Paolera, coautora de “La Revolución Demográfica” junto con Rafael Rofman, el descenso tampoco debería pensarse solamente como una amenaza. “No es que las mujeres no estén teniendo hijos, sino que están teniendo menos”. Y detrás hay también un cambio en las expectativas: “cambiamos cantidad de hijos por calidad de hijos. Los hijos son más costosos en tiempo y en dinero porque las familias buscan brindarles una mejor calidad de vida”, expresa.
El desafío, entonces, no parece reducirse a lograr que haya más nacimientos, sino a comprender qué hay detrás de las decisiones reproductivas y cómo acompañar una sociedad que cambia. Della Paolera señala que Argentina atraviesa un “bono demográfico” que terminará alrededor de 2040-2041, cuando aumentará la proporción de personas mayores. UNICEF proyecta que para 2036 habrá casi un millón menos de niñas y niños que en la actualidad.
Para algunas mujeres, la maternidad sigue siendo un proyecto central; para otras, puede esperar o directamente no formar parte de sus planes. Entre unas y otras aparecen el trabajo, la vivienda, los vínculos, el tiempo disponible, el reparto de los cuidados y, también, el deseo. La caída de la natalidad expresa un cambio social, muestra cómo se modificó la manera en que las mujeres imaginan su futuro. El desafío demográfico que queda por delante será, entonces, entender esas nuevas decisiones y construir las condiciones para que tener (o no tener) hijos pueda ser realmente una elección.


