
Cada 27 de septiembre se conmemora el Día Nacional de la Conciencia Ambiental con el fin de promover hábitos y conductas conscientes y respetuosas con el medio ambiente. Esta fecha fue establecida en 1995 por la Ley 24.605, en memoria de las siete personas fallecidas en 1993 debido a un escape de gas cianhídrico en Avellaneda, Buenos Aires. “Cuando hablamos de conciencia ambiental, la palabra conciencia, de origen latino, tiene que ver con darnos cuenta, tener conocimiento pleno de la realidad, saber percibir los hechos y asumir las consecuencias”, dice a ANUNM, Claudio Bertonatti, museólogo, naturalista y miembro honorífico de la Fundación Azara.
Para él, la conciencia ambiental es la capacidad de reconocer y valorar nuestra integración absoluta con la biósfera, comprendiendo que no somos ajenos a ella. Tanto el consumo diario e individual como las políticas públicas colectivas generan un impacto directo en el ecosistema. En la misma dirección reflexiva, el portal Educar.ar escribió en línea sobre la importancia de esta ley: “En un contexto de avance de discursos negacionistas, apostamos a la construcción de ciudadanías democráticas en las escuelas que reconozcan al ambiente sano y diverso como derecho humano fundamental, íntimamente relacionado con otros derechos como el derecho a la salud, a la alimentación sana, a la vida”.
“Al cuidar el entorno transformamos nuestra acción en un compromiso ético y vital para preservar la diversidad biológica, pero primero necesitamos hacer un buen diagnóstico como en la medicina. Si no hacemos un buen diagnóstico, vamos a aplicar un mal tratamiento. Entonces, al hacer un buen diagnóstico, se puede llegar a un buen tratamiento y luego finalmente cumplirlo”, explicó Bertonatti. El investigador lleva publicados unos 60 libros sobre Biodiversidad, Museología y Patrimonio Cultural como autor, colaborador o prologuista.
Respecto de iniciativas concretas, dijo Bertonatti: “Por su parte, el Ecoparque de Buenos Aires lidera con éxito proyectos positivos como el Programa de Conservación del Cóndor Andino o el de Aves Rapaces. A estas instituciones todavía les queda un largo camino por recorrer en la protección de la fauna. Esto se debe a que sus directivos no cuentan la capacitación, la formación, la trayectoria ni la vocación para llevar estas instituciones a donde deberían” .
Aunque él cree que Martín Davids es la excepción, por ser una persona comprometida y con gran trayectoria en zoológicos como tratador, rol que desempeño en el Ecoparque o Bioparque de La Plata. Entre sus actuaciones destacadas el cuidado del chimpancé Tomy por más de 40 años fue evidencia factual de su compromiso. Actualmente, Davids es el presidente de la Fundación Zoo Arca de La Plata, una organización sin fines de lucro.
“Hemos avanzado muchísimo en materia ambiental desde la segunda mitad del siglo XX en adelante. Un dato bien concreto es que hasta 1872 no existía ningún parque nacional a nivel mundial. Hoy en día en todo el mundo hay más de 300.000 áreas naturales protegidas como parques nacionales, reservas provinciales o estaduales, reservas municipales, reservas privadas, beneficiando la preservación del ecosistema”, destacó Bertonatti, especialista en conservación y divulgación del patrimonio natural desde 1983.
Continuó diciendo: “Con respecto a políticas públicas, cada una de las Naciones Estado debería resolver los desafíos o problemas ambientales de manera articulada y colectiva. Frente a una realidad ecológica y social que impacta en una única superficie terrestre, la idea de que un Estado pueda resolver sólo estas crisis no es realista. La complejidad del escenario contemporáneo demuestra que la soberanía aislada es insuficiente para dar soluciones sostenibles a largo plazo. Más aún, hubo incumplimientos con acuerdos multinacionales ya aceptados.
Por su parte, Laura Ruiz, editora de la Revista RESA perteneciente a la Fundación Espacios Verdes, una organización ambiental sin fines de lucro creada en 1991, comprometida en temas ambientales y en su divulgación, señaló que ser educadora ambiental “es asumir un rol con responsabilidad no solo de transmitir conocimientos, sino también de conectar con las infancias o las personas, sensibilizarlas y buscar que logren tomar conciencia del ambiente, del cuidado e importancia que merecen. Un ejemplo clave es el uso responsable del agua, un bien finito cuyo proceso de potabilización es complejo. Mientras en el hogar se deben evitar pérdidas y cerrar adecuadamente las canillas, en regiones como Cuyo ya sufren una grave crisis hídrica donde el agua es escasa y se usa estrictamente para el consumo vital”.
Otra manera de colaborar con el medio ambiente podría ser el compostaje hogareño que es reintegrar a la tierra residuos orgánicos, todo lo que viene de frutas y verduras, que no esté cocinado ni contenga aceites o condimentos. Todo esto en lugar de ir a la basura convencional, lo tendríamos que poner en un recipiente grande o si tenemos en una casa con parque, podríamos hacer un pozo en la tierra y colocarlo ahí que van a venir las lombrices y van a degradar todo. Estos desechos orgánicos cuando van al basural o al tiradero en grandes cantidades producen gases metano producto de la descomposición. Estos gases metano, por ejemplo, después salen a la atmósfera contaminándola. Entonces, por eso es que es tan importante el compostaje.
Huella ecológica: La importancia de medir nuestros consumos
En 1995, Whatis Wackernagel y Bill Reedes publicaban en Canadá su primer libro La huella ecológica, , resultado de la tesis de Wackernagel. Luego este autor comprendió que debía dedicarse a la difusión, según lo expresa él mismo, en su página oficial de la organización sin fines de lucro de la que es fundador, la Red Global de Huella Ecológica (Global Footprint Network -GFN).
Lo hizo a través de organizaciones, agencias internacionales, gobiernos nacionales para darle mayor visibilidad, acelerando su adopción generalizada. La huella ecológica es la única métrica que mide cuánta naturaleza tenemos y cuánta utilizamos; es decir, los recursos naturales que consumimos, los residuos que generamos en esa acción productiva y lo que tarda la tierra en reabsorberlos, especialmente las emisiones de carbono.
“Nosotros tenemos distintas normativas que obligan a las empresas a llevar adelante actividades sustentables y también demostrar esto a la comunidad. Las personas buscan cada vez más consumir productos que sean o que provengan de empresas sustentables. Que estas hayan pensado en el diseño de su producto, ya sea alimento o cualquier otro tipo de producto e incluso servicios, logrando que sean amigables con el ambiente”, describió Ruiz, que es intérprete de Patrimonio Natural.
Siguiendo la información de la GFN, cuando la huella ecológica de la población supera la biocapacidad del territorio, la región entra en un déficit ecológico (deuda con el planeta). Cuando la naturaleza produce más de lo que el humano consume, se considera una reserva ecológica.
Como reflexión final Bertonatti observó que casi todas las personas que conoce tienen redes sociales y, a su parecer, “están desaprovechando una oportunidad única para que sus vidas puedan tener un sentido de trascendencia. Al interesarse en instituciones que las representen, que defiendan una causa noble como quizás la educación pública, la salud pública, las infancias o los pueblos originarios se forjará un mundo mejor”.
A lo que Ruiz agregó: “Me gustaría que volvamos a pensar en los valores. Que el cuidado del ambiente no sea solamente una moda o tirar la basura donde corresponde, sino que repensemos nuestras acciones, consumos y que las compartamos con las personas que tengamos a nuestro alrededor para generar un cambio de actitud en ellas también”.


