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Comunicación Social (UNM)

Un infierno de veinte asientos: la odisea de viajar en colectivo

Pasajes cada vez más caros, sueldos que se achican, servicios espaciados, apretujones durante los viajes. Tener que tomarse un colectivo se vuelve un martirio. Hablan pasajeros y un chofer.
“El servicio sinceramente es totalmente deficiente, pasan a cualquier hora y te cobran lo que quieren”, dice el usuario Rodrigo Silva.

El transporte público sigue sin encontrar la estabilidad que necesita para poder satisfacer las demandas de los usuarios y las constantes crisis nacionales e internacionales no hacen más que agravar el problema. El precio del boleto aumenta casi a diario, el estado de las calles en la mayor parte del conurbano es deplorable y los salarios que están por debajo del promedio. Todo influye en el trayecto desde que la gente se sube, hasta que se baja del colectivo.

 “Viajar en colectivo es una odisea”, expresa Sabrina Mamaniz, usuaria de diferentes líneas de colectivo en el barrio Vélez Sársfield. “Salgo a las 7 de la mañana para entrar al trabajo a las 9:30, si tuviese auto haría el mismo recorrido en 1 hora o menos, es una locura. Siempre llenos, siempre con retrasos, siempre lo mismo”, exclama al avanzar en la fila del colectivo, cuya espera aproximada, según su aplicación era de 20 minutos, aunque estaba esperando hace media hora.

Esa es la realidad que millones de pasajeros viven día tras día, independientemente de la zona en la que se encuentren. Siempre hay algún conflicto que incomode a la hora de viajar. Rodrigo Silva, quien viaja todos los días desde Trujui hasta Castelar, cuenta que “el servicio sinceramente es totalmente deficiente, pasan a cualquier hora y te cobran lo que quieren, sobre todo en la línea 269 que es la que utilizo todos los días, no por elección sino por obligación, es la única que pasa cerca de mi trabajo.”

Los usuarios,  si bien encuentran pésimo el manejo de los servicios, entienden que la responsabilidad de mantener la calidad de las unidades recae en las empresas y los gobiernos. “Los choferes por lo general no suelen rechazar gente por no tener saldo, acompañan a la gente, salvo que tengan un mal día”, dice Sabrina. Por su parte Pablo Iunevich, quién suele utilizar el transporte público en zona norte, cuenta: “Más de una vez me habrán salvado el bono de puntualidad porque no tenía cargada la SUBE. Cuando se nota que sos una persona con buenas intenciones te dejan pasar, es una pena que tengamos que manejarnos juzgando al otro, pero hay mucha inseguridad y se agradecen cuando tienen estos gestos”.

Por otro lado, una de las mayores críticas de la gente a la hora de hablar sobre cómo se viaja, es la forma en la que manejan los colectiveros. Se los suele asociar diferentes problemas a la hora de conducir, tal como el uso de dispositivos móviles, la velocidad excesiva y las maniobras bruscas, conductas peligrosas que en un momento de descuido pueden llevar a tener un accidente. “Como conductora de moto, puedo decir que la mayoría de los colectiveros maneja horrible, no ponen ni una luz, no miran al girar, son la gran mayoría”, asegura Sabrina.

El viajar en colectivo no solo involucra a los usuarios, a la hora de llevar a cabo el recorrido también se encuentran los trabajadores del transporte público, que son la cara visible de las empresas, quienes intentan llegar al destino de la manera más cómoda y rápida. El chofer del transporte La Perlita, línea 501,  Gustavo Luna menciona que “hoy, muy pocos pasajeros piensan que somos nosotros los que aumentamos los precios, la mayoría se molesta al subir por el valor, pero no dice nada más. Al estar arriba de la unidad no nos afecta, pero entendemos que nadie llega a fin de mes y lamentablemente cuesta hacer cualquier cosa”

Lo negativo para los choferes no es el contacto fuerte que pueden tener con los pasajeros, sino el hecho de que ninguna empresa les da herramientas para poder valerse por sí mismos en situaciones de agresión física o verbal. Fuentes ligadas al control y la supervisión del transporte sostuvieron que una vez los capacitan para manejar, les dan las llaves y ellos tienen que desenvolverse solos, en las situaciones buenas y en las malas, como en el caso de las quejas por el aumento de boleto o el hecho de que muchos no puedan pagar, pero cuando más los sufren es cuando hay servicios reducidos. En otras palabras, no les enseñan a tratar con la gente y no se sienten cuidados frente a las posibles situaciones que puedan tener.  

Es por eso que independientemente de que lado del volante se encuentren, hoy en día el viajar en el colectivo se convirtió es un momento impredecible. Son muchos los factores que pueden influir, son muchas las tensiones que pueden afectar y no parece que se aproxime una solución a corto plazo que pueda mejorar tanto los tiempos de espera, las condiciones de las unidades, los precios y los salarios de los trabajadores.

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