Search

Nuestro derecho, nuestro lugar, nuestro futuro…

Texto:

Comunicación Social (UNM)

Banderas de tu corazón: ¿cómo interpretar la despedida del Indio?

Hace un mes fallecía el Indio Solari. ¿Cómo se interpreta el fenómeno que generó su despedida? Hablan dos fans de Los Redondos , el periodista y escritor Marcelo Fernández Bitar y la socióloga Vanina Paiva.
Abrazos, llantos, recuerdos, banderas y canciones se compartieron en un evento que, con el propósito de despedir al ídolo de las multitudes, se vivió como un concierto más, en Avellaneda. Fotos: gentileza Gabriela Manzo.

El pasado 5 de junio el país entero se conmovió al recibir la noticia del fallecimiento de Carlos “Indio” Solari, una de las figuras más influyentes de la cultura popular argentina. Archivos históricos, fotos inéditas y testimonios de sus seguidores circularon masivamente en las redes sociales, lo que demostró el valor de su obra a nivel musical y social. De forma inmediata surgió la necesidad de colmar las calles en una despedida considerada como la última “misa ricotera”. Entre banderas y cánticos, la reunión de personas de todas las edades movilizadas por un mismo sentir evidenció que la música tiene el poder de construir identidad, comunidad y un sentido de pertenencia.

“Hasta llegar al lugar en donde se lo veló había una sensación de alegría, de festejo. Incluso había gente bastante exaltada. Una vez que se entraba la gente empezaba a llorar y, cuando salías, era una tristeza colectiva por la partida de alguien”, relató Gabriela Manzo, de Bernal, seguidora del Indio y fotorreportera gráfica. Manzo descubrió al artista a principios de la década de 1990 cuando una persona le acercó a ella y a su familia una canción. Desde ese momento su música estuvo presente a lo largo de su vida y su pasión se vio potenciada a través de sus hijos, quienes desarrollaron un fanatismo a muy corta edad.

La igualdad entre generaciones y clases sociales, la sensación de comunidad y las experiencias compartidas estuvieron presentes en el relato de la seguidora. “Me sentí mancomunada cuando escuché muchos testimonios que decían ‘a mí me salvó’ porque a mí también me ha salvado y levantado en situaciones. Eso hace mucho más grande al Indio Solari como ser humano”, señaló.

En consonancia con el relato de Manzo, Lorena Marisol Dino, de Pilar.  narró como la música del Indio representó su adolescencia. Tras una juventud atravesada por situaciones críticas, el descubrimiento de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota a los 13 años marcó un antes y un después en su vida. La seguidora asoció la experiencia de haber presenciado uno de los míticos conciertos en River con las ideas de libertad y escape a sus vivencias cotidianas. “Me ha enseñado a salir adelante para poder tener lo que hoy tengo; para ser fuerte en las pérdidas, en la vulnerabilidad, en la pobreza”, continuó.

El día domingo, día del velorio, Dino se movilizó junto a su hija y una amiga. Al ingresar por las puertas del Polideportivo José María Gatica, lugar donde se llevó a cabo la ceremonia, se derrumbó. En ese momento apareció Virginia “Viru” Mones Ruiz, compañera de vida del Indio, para consolarla. Luego de envolverla en un fuerte abrazo, le dijo: “Yo le doy un beso al Indio de tu parte”. Esta frase no tardó en hacerse lugar en las redes sociales como testimonio de la cercanía del artista con su audiencia. La seguidora definió ese encuentro como un momento significativo que, entre tanto dolor, logró reconfortarla.

Abrazos, llantos, recuerdos, banderas y canciones se compartieron en un evento que, con el propósito de despedir al ídolo de las multitudes, se vivió como un concierto más. Personas de distintos puntos del país se congregaron para homenajear a quien dejó una marca imborrable en sus vidas. Estar presente pasó a ser imprescindible. “Todos fuimos por lo mismo, por una persona que en un momento de la vida nos dio la mano y pudimos salir de la oscuridad”, describió Dino.

Cuando la noche es más oscura se viene el día en tu corazón

Nacido el 16 de enero de 1949 en Entre Ríos, la inclinación del Indio Solari por la literatura, las artes visuales y la poesía estuvo presente desde su juventud. Su infancia y adolescencia transcurrieron en La Plata, ciudad que hacia fines de la década de 1970 fue testigo de una propuesta artística sin precedentes: Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Las presentaciones esporádicas, la combinación de elementos artísticos y teatrales en sus conciertos, una actitud distante respecto de los medios de comunicación y un  fuerte rechazo a las productoras discográficas que los llevó a producir sus discos de manera independiente concentraron una audiencia que años después alcanzaría dimensiones inimaginables.

“Las primeras letras del Indio tenían influencias de la cultura rock, la literatura beat y el duro contexto de represión en dictadura en La Plata”, señaló el periodista de rock Marcelo Fernández Bitar en conversación con ANUNM. Los versos de las canciones eran ambiguos, poéticos, abiertos y los mensajes ideológicos aparecían de manera implícita. Esta ambigüedad permitió asentar una base de seguidores amplia y diversa. Por ello, las presentaciones —denominadas “misas”— se convirtieron en puntos de encuentro para personas de diferentes clases sociales, ideologías políticas y regiones del país.

Sin embargo, la particularidad de la banda no se explicaba únicamente a través de lo musical. “Su mayor logro fue la creación no planificada de una comunidad que trascendió la relación tradicional entre artista y público”, explicó el periodista, autor de libros imprescindibles como 50 años de rock en Argentina y La vida secreta del rock argentino. El comportamiento colectivo inspirado por Los Redondos introdujo un modelo nuevo en el que la lealtad, el sentido de pertenencia y el ritual cobraron gran importancia.

Desde su obra prima en 1985, el repertorio de Los Redondos se constituyó como uno de los más contundentes de la música popular de las últimas cuatro décadas. En esos años la figura del Indio se consolidó como un fenómeno representativo de la cultura argentina, reforzado por su carrera como solista y la conformación de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado tras la disolución del conjunto en 2001. La línea entre el artista y la audiencia se desdibujó y, de acuerdo a Fernández Bitar, “la multitud no se limitaba a consumir entretenimiento, sino que participaba activamente en un evento cultural compartido”.

El nacimiento del “movimiento ricotero” caracterizado por los trapos, una estética marcada y un folclore asimilado al del fútbol propició un espacio para establecer vínculos y compartir experiencias personales en un contexto que sembró incertidumbre en las generaciones más jóvenes. En esos momentos de crisis económicas, políticas y sociales, pertenecer se volvió una necesidad. Vanina Paiva, socióloga de la Cultura, docente e investigadora de la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA), destacó que internalizar esa identidad permitió construir autenticidad, romper con el poder de turno y presentar una oposición al canon estético.

Arraigadas a la cotidianidad y a la realidad social del país, las temáticas de sus canciones operaron como un espacio de contención y representación para los sectores populares. Entre los profundos cambios económicos y sociales, la influencia del Indio trascendió lo musical para convertirse en un símbolo identitario colectivo. “Su persona y su poesía apelan a algo profundamente vinculado con la identidad nacional y la argentinidad, manteniéndose más alejados del consumo masivo e internacional”, señaló Paiva.

Esta identificación individual y colectiva se estableció como una característica propia de quienes escuchaban su música y asistían religiosamente a las misas. El tiempo transcurrió y las crisis mutaron, pero esa representación se mantuvo tan vigente que atravesó a las generaciones sucesivas. Como consecuencia de este legado, el último adiós al músico congregó a personas de todas las edades. “Durante su despedida la figura del Indio y su liturgia transmitieron códigos, agite. Un sentimiento nacional que se hereda y se reelabora en las nuevas generaciones con audiencias que resignifican sus letras”, señaló la socióloga.

Paiva concluyó que los rituales y las conmemoraciones permiten condensar el sentimiento de lo colectivo y contrarrestar la soledad. Los homenajes espontáneos en las calles, en los medios de comunicación y mediante las redes sociales permitieron que las personas tomaran conciencia de que el Indio formaba parte de la banda sonora de sus vidas. La veneración a su figura demostró que, incluso con el pasar de los años, su obra sigue teniendo una importancia sustancial para la cultura argentina que la consagra como un mito vivo. 

Una vez el Indio Solari escribió que las despedidas son esos dolores dulces. La partida de un artista tan emblemático, representativo y atemporal significó una derrota en los corazones de la comunidad construida a su alrededor. Sin embargo, como se demostró durante los tres días de su homenaje multitudinario, su bandera transmitida generacionalmente mantendrá vivo un legado sin igual. Cada canción, cada mural y cada recuerdo preservarán la obra de un ícono que trascendió lo musical para convertirse en una porción de la identidad individual y colectiva de miles de personas.

Comparte esta nota 

otros artículos
relacionados

Ingresar usuario y contraseña
Logout