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Estudiante de Comunicación Social (UNM)

“Cuando los chicos me dicen que quieren ser astronautas siento que ya logré todo”

Lorna Evans es de Lanús, estudió y se graduó de médica en la UBA , trabaja para la NASA y busca quedar seleccionada como astronauta para la Misión Artemis IV que irá al satélite terrestre en 2028. Desde Estados Unidos dialogó con ANUNM.
“La educación necesita inversión, es algo que tenemos que cuidar mucho”, dice Evans. Foto: ella en una oficina de la NASA.

Con una gran sonrisa y la pasión a flor de piel, Lorna Evans, médica aeroespacial, investigadora y fundadora de la Asociación Latinoamericana de Medicina Aeroespacial, Ingeniería y Biotecnología (ALMA-IB), cuenta acerca de sus proyectos, de su trabajo en la NASA y del proceso para convertirse en astronauta análoga del programa Crew Health and Performance Exploration Analog (CHAPEA). Nacida en una familia de clase trabajadora, hoy se encuentra un paso más cerca de llegar al espacio exterior.

Desde pequeña quisiste ser astronauta. ¿Creés que le estás haciendo justicia a los sueños de esa niña?

Sí, siento que le estoy haciendo justicia a mis sueños porque estoy siendo auténtica con mi deseo y la pasión que siento por la medicina aeroespacial. Trabajar con astronautas, con lo que pasa en sus cuerpos ya es increíble. Siempre digo lo mismo, no sé de dónde viene esta pasión por el universo, es como el helado, no sabés por qué te gusta el de chocolate o el de vainilla, solo te gusta (ríe). Quizás mi papá fue una influencia porque nos hablaba de las estrellas, nos guiaba con el cielo nocturno, pero son recuerdos muy difusos, imágenes; era muy chiquita. Cuando le conté lo de la NASA a mi familia estaban ultra orgullosos. Fue un camino progresivo, haciendo mi carrera, cursos, investigaciones, estudiando mucho.

¿De qué se tratan los proyectos que estás liderando en la NASA?

Por causa de la gravedad en el espacio hay una falta de convección y cuando exhalamos dióxido de carbono (CO2) se genera una burbuja alrededor del astronauta que éste termina inhalando. Esto hace que pueda tener síntomas graves: dolor de cabeza, congestión nasal, fatiga. En las cabinas se monitorean los niveles de CO2 para evitar esto. Lo que hice fue investigar, en un trabajo retrospectivo, las concentraciones de este gas en la estación espacial internacional. Encontramos que el límite operacional que determina la NASA es de una presión de CO2 de 3. En el estudio descubrimos que, a niveles de 2,7 de concentración, los astronautas ya comienzan a tener síntomas. Esto es importante porque a partir de ello se piensan protocolos de seguridad para ver qué hacer para que la tripulación no la pase mal y realicen la misión lo mejor posible.

El otro proyecto tiene que ver con la nutrición en misiones de larga duración al espacio profundo: la luna o marte. Estamos investigando en este sentido la nutrición basada en plantas, para ver si por ejemplo lo que se siembra sobrevive; si las plantas absorben metales pesados y esto impacta en la salud de los astronautas; si son lo suficientemente nutricias, etc. Este tipo de investigaciones van a tener un alto impacto cuando por ejemplo se haga la base lunar.

¿De qué se trata el proyecto CHAPEA y cómo te posiciona para llegar a ARTEMIS?

Yo me postulé y fui seleccionada para iniciar como astronauta análoga. Es decir, uno no va al espacio, pero se comporta y hace la misma misión que haría un astronauta en la microgravedad, solo que en la tierra. CHAPEA es una misión análoga a marte. La información que la NASA recaba de estos programas es muy valorable, porque sirve para saber qué problemas pueden surgir e implementar medidas de contingencia cuando se viaje a marte o la base lunar. Participar de esto te posiciona en un lugar mucho más fuerte que la persona que no tiene entrenamientos de NASA.

¿Cuál fue el beneficio de estudiar en la universidad pública? ¿Qué se necesitaría para que los chicos puedan aspirar a lo que vos lograste en nuestro país?

A mí la UBA me dio la posibilidad de acceder a la educación. Me abrió las puertas. Sin ella no hubiera podido recibirme en Medicina, hubiera sido muy difícil tener que pagar una cuota en una institución privada y la verdad es que estoy muy agradecida. Para una persona de clase media-baja ya es duro estudiar en una universidad pública, imagínate acceder a la educación privada.

La educación necesita inversión, es algo que tenemos que cuidar mucho. Desde la Asociación ALMA-IB siempre estamos buscando sponsors, estrategias con empresas privadas o entes públicos para que nos ayuden a impulsar todo esto. Nosotros hacemos todo a pulmón, ad-honorem.

¿De qué se trata la asociación que fundaste? ¿Qué sentís cuando ves el entusiasmo de los chicos?

ALMA-IB es una asociación profesional sin fines de lucro para fomentar la educación de la medicina aeroespacial, la ingeniería y la biotecnología en Argentina y Latinoamérica otorgando becas, investigando, etc. En el caso de los niños, queremos sembrar la semillita de la curiosidad y poder ayudarlos. Para noviembre de este año queremos hacer el primer  Congreso Latinoamericano de Medicina Aeroespacial, ingeniería y biotecnología y tenemos ganas de que sea en Buenos Aires. De todas esas semillitas que plantamos no sé cuáles van a florecer, lo que importa es hacerlo. Cuando los chicos me dicen que quieren ser astronautas siento que ya logré todo, es una de las misiones más importantes de mi vida.

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