Search

Nuestro derecho, nuestro lugar, nuestro futuro…

Texto:

Graduada en Comunicación Social (UNM)

Tareas de cuidado: la hora de tejer redes

Hoy viernes desde las 14 horas, se llevará adelante en la UNM un conversatorio en torno a los cuidados, las redes comunitarias territoriales y la construcción colectiva de saberes situados.
“Las mujeres destinan más tiempo al trabajo no remunerado y enfrentan mayores dificultades para acceder a empleos de calidad, educación o participación política”, explica Silvia Polinelli, “Las mujeres destinan más tiempo al trabajo no remunerado y enfrentan mayores dificultades para acceder a empleos de calidad, educación o participación política”, explica Silvia Polinelli, creadora de la Especialización en Terapia Ocupacional Comunitaria en la UNQ.

Con el objetivo de reflexionar sobre las prácticas de acompañamiento y fortalecer los vínculos entre la universidad y el territorio, se desarrollará el encuentro “Tejer cuidados” este viernes 19, desde las 14 horas, en la Carpa de Eventos de la UNM. Se trata de una iniciativa organizada por el Departamento de Humanidades y Ciencias Sociales en conjunto con la Cátedra Libre Conurbano Oeste: Desafíos de la Integración.

El conversatorio se propone abrir un espacio para la construcción colectiva de conocimientos situados y la visibilización de las prácticas comunitarias como pilares de resistencia, organización y justicia social. “’Tejer cuidados’  implica reconocer que la vida se sostiene a través de relaciones de interdependencia. Nadie vive, crece, envejece o atraviesa situaciones de vulnerabilidad solo o sola”, afirma Silvia Polinelli, una de las expositoras del encuentro, maestranda en Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ).

En ese sentido, “tejer cuidados” también significa construir y fortalecer redes entre personas, familias, organizaciones comunitarias, instituciones y el Estado. Históricamente, las tareas de cuidado han sufrido un proceso de invisibilización, feminización y una desvalorización social. “Esto genera desigualdades de género, ya que las mujeres destinan más tiempo al trabajo no remunerado y enfrentan mayores dificultades para acceder a empleos de calidad, educación o participación política”, explica Polinelli, quien creó la Especialización en Terapia Ocupacional Comunitaria en la UNQ.

En ese contexto, las redes comunitarias juegan un papel fundamental. Tanto las organizaciones sociales, como los comedores, centros comunitarios, cooperativas y grupos de mujeres son quienes responden a las necesidades que no logran ser cubiertas por las políticas públicas. Sin embargo, Polinelli menciona que esto no implica un reemplazo del rol del Estado ya que resulta necesario “fortalecer estas redes mediante políticas que reconozcan, acompañen y sostengan su trabajo”.

Por su parte, Camila Quiroga, maestranda en Salud Materno Infantil e integrante de la Comisión Directiva de la Asociación Civil de Terapistas Ocupacionales de Córdoba, menciona: “Cuando los sistemas formales de protección entran en crisis o muestran limitaciones, son estas redes de vecinos/as, referentes y organizaciones sociales las que activan la solidaridad, el saber situado y la respuesta inmediata. Son verdaderos escenarios de resistencia y producción de cuidado que garantizan que las necesidades básicas y afectivas de la comunidad no queden desamparadas”.

Desafíos

Frente a la ausencia de políticas públicas de cuidado, se observa un notorio aumento de las necesidades de cuidado. “Las familias enfrentan mayores dificultades para acceder a servicios de salud, educación, transporte o asistencia, por lo que muchas de estas responsabilidades vuelven a recaer sobre los hogares y especialmente sobre las mujeres”, dice Polinelli. Esto, además, se ve acompañado por una sobrecarga de trabajo, el agotamiento físico y emocional, la falta de tiempo y la insuficiencia de recursos para responder a demandas crecientes. Por ejemplo, muchas organizaciones comunitarias se ven en la obligación de sostener más tareas, pero con menos financiamiento.

En la misma línea, para Quiroga el principal desafío es el desgaste material y subjetivo de los propios referentes y cuidadoras en un escenario de escasez. “Es importante lograr la articulación necesaria entre las comunidades para que sus saberes sean reconocidos, evitar el aislamiento de las experiencias y generar espacios de formación y contención mutua que validen y direccionen hacia la justicia social”, sostiene. Para ello es fundamental garantizar la existencia de entornos de cuidado integrales y con ampliación de derechos.

En ese marco, resulta clave la promoción de vínculos genuinos entre la universidad y el territorio. “La universidad no tiene que ubicarse como transmisora de conocimiento, sino como una institución capaz de construir procesos de intercambio horizontal con las organizaciones y actores territoriales”, menciona Polinelli. Por eso, el conversatorio representa una oportunidad para poder tejer esos puentes y promover procesos de co-construcción de conocimientos orientados a la ampliación de derechos y la justicia social.

Comparte esta nota 

otros artículos
relacionados

Ingresar usuario y contraseña
Logout