
En CABA, el hincha de Boca Agustín Fiori, es el típico futbolero con un amor profundo por su club. Reconoce que este amor y fanatismo por su equipo es “irracional”. En cuanto al Mundial, lo describió como un factor común capaz de unir gente. “Cuando uno tiene ese lugar de pertenencia, conoce a otras personas con gustos parecidos o a veces diferentes, pero sabiendo que tenés un punto en común y una base desde donde construir una posible relación o cercanía”, comparte.
Asimismo, Andrés Straijers, hincha de River, expresa que el Mundial junto a otros eventos deportivos suele unir temporalmente a las personas. Y agrega: “Creo que esa unión es un tanto vacía de contenido, ya que se limita a lo que dure el evento deportivo sin que su potencial sirva para pensar en cambios que realmente trasciendan a las personas”.
A todo esto, surge la cuestión de qué hay verdaderamente detrás del fervor mundialista. El licenciado en Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y doctor en Antropología de la Universidad de San Martín (UNSAM), Federico Czesli, dice: “Un Mundial permite poner en escena nuevamente construcciones identitarias en torno a los Estados nación. Pone en escena el heroísmo, la gloria, el fracaso y también la inteligencia. Al mismo tiempo, aquello que tiene que ver, por ejemplo, con el trabajo colectivo o el talento individual”.
Para Czesli, las identificaciones que se desarrollan durante el Mundial son relatos construidos por distintos actores. “A través de lo que podemos ver de los jugadores o de lo que ellos muestran individualmente en redes sociales, pero también a través de dispositivos como la publicidad o el periodismo y de los relatos que éste hace de eso que sucede en el campo de juego”, explicó. Estos actores pueden transformarse con el tiempo, a lo que el especialista sumó: “La identidad nunca se da exclusivamente por conjunción de elementos, sino que siempre se construye por oposición a otro. Justamente, las rivalidades deportivas permiten poner en escena esas otredades, esas alteridades”.
A su vez, Czesli, autor de numerosos artículos sobre antropología y fútbol, y que además es magíster en Ciencias Antropológicas por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) de México, nombra a otros ejes que suelen emerger en este evento. “El primero es la masculinidad y tiene que ver con el despliegue corporal de once varones que ponen en escena su talento deportivo y también su capacidad para ir al choque”, identifica. Por otro lado, está lo que indica como la “tradición del héroe deportivo argentino” y señaló: “Tiene que ver con el jugador que sale del barrio popular o de la villa miseria y que alcanza la gloria mediante el éxito deportivo, principalmente en nuestro país, el fútbol. Centralmente la figura de Maradona encarna esa imagen”.
Esta imagen glorificada va cambiando y es ahí donde tenemos a Lionel Messi. “Mi lectura es que no solamente es la expresión del talento más pura sino que, al mismo tiempo, ha logrado sobreponerse a numerosos fracasos con la Selección y alcanzar su sueño de salir campeón con ella”, comentó Czesli.
Por su parte, la doctora en Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y magister en Antropología Social del Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES) y el Instituto de Altos Estudios Sociales (IDAES) de la UNSAM, Nemesia Hijós, menciona: “La Copa del Mundo masculina tiene la particularidad de poder revertir el statu quo, al tiempo que exalta las cualidades de communitas en la población, resaltando los vínculos humanos de forma generalizada y provocando un sentido de comunión: afinidades, conexiones, reconciliaciones, lealtades y sentimientos que promueven la integración social entre las personas”.
“Tanto los Mundiales como los Juegos Olímpicos son eventos que generan atención pública”, dice. Y agrega que “permiten instalar en la agenda pública diversas problemáticas (como conflictos nacionalistas, actos homofóbicos, racistas y xenófobos, manifestaciones en contra de los derechos humanos, crímenes y manipulaciones políticas), visibilizarlas, alentar el debate crítico para ejercer presión sobre los gobiernos y lxs líderes responsables, deslegitimar ciertas acciones y contribuir a lograr un consenso global en relación a cuestiones clave”, subrayó la también investigadora designada del CONICET (CIC).
Es importante recordar que Argentina atraviesa una situación delicada en ámbitos como el funcionamiento de espacios públicos de formación y de producción científica, la intervención en los medios públicos y el desfinanciamiento de políticas públicas que conciben la educación, la ciencia, la comunicación y el deporte como derechos. En este sentido, Hijós, quien es a su vez profesora y licenciada en Ciencias Antropológicas (FFyL-UBA), afirmó: “Desde nuestro lugar como académicxs, tenemos una nueva oportunidad de mirar al megaevento más importante en clave social, como una dimensión de análisis en la intersección del deporte, la cultura y las ciencias sociales, para hablar y reflexionar”.
Ahora, ¿conserva hoy el fútbol, en particular el Mundial, el mismo valor simbólico que tenía hasta hace algunos años? Para el magister en el área de Historia Del Deporte, por la Escuela Interdisciplinaria de Altos Estudios Sociales de la UNSAM y docente de la UNM, Aurelio Arnoux Narvaja, el certamen internacional de fútbol actual está más asociado a una cuestión de los récords. “En el caso de Messi y Ronaldo, que va a ser el sexto Mundial en el que participan, siempre sistemáticamente los medios de comunicación insisten con una cuestión del récord, haber roto este y la cantidad de presencias”, recalcó y añadió: “El fútbol como fenómeno social está cada vez más reglado y establecido en cuanto a cierto tipo de pautas y cada vez más controlada la propia práctica”.
Con respecto a la ausencia de cercanía y afinidad con lo nacional, Arnoux Narvaja detalla: “No hay jugadores que nos activen alguna memoria emotiva porque los mismos jugadores de la Selección Argentina están afuera, se van desde muy chicos y juegan el fútbol europeo formándose con una dinámica de juego”. El investigador rememora: “Cuando yo era chico, me acuerdo de que se convocaban a varios de los jugadores que eran del medio local. Entonces uno iba a verlos los fines de semana y te puedo decir que uno se los encontraba caminando en la calle. Había una cuestión más fuerte de cercanía. Esa cercanía también hacía que uno hinchara por alguien a quien conocía, a alguien terrenal y para mi entender esto se fue perdiendo”.
A partir de los controles migratorios estrictos por parte del país estadounidense, la imagen del Mundial como un evento de inclusión y encuentro se vio afectada. La supuesta “unión” quedó en duda y abrió la puerta a replantearnos la realidad que estamos presenciando. Ante esto, Hijós advierte “En lugar de una celebración de convivencia y humanidad, el Mundial es, otra vez, una demostración de poder de un Estado sobre otros”.


