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Comunicación Social (UNM)

Pistas, cuerpos e identidad: la historia del Equipo Argentino de Antropología Forense

La semana pasada se llevó a cabo el conversatorio “Interrogar los cuerpos para develar las identidades” en la Universidad Nacional de Moreno (UNM). Organizado por la Secretaría de Ciencia y Tecnología en el marco de las actividades por la Memoria, la Verdad y la Justicia, el encuentro reflexionó sobre el trabajo científico vinculado a la identificación de las víctimas de la última dictadura cívico-militar y resaltó el papel del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) en la reconstrucción de identidades, memorias y trayectorias. Hoy a las 18, como parte del mismo ciclo, estará en el SUM estará la charla “Archivos: entre la historia, la memoria y los derechos”, con la participación de la historiadora y archivista Mariana Nazar.
“El duelo se puede hacer sin cuerpo y sin conocimiento, pero es mucho más difícil”, dijo Somigliana.

La exposición estuvo liderada por Carlos “Maco” Somigliana, antropólogo e investigador que conformó el equipo del fiscal Julio César Strassera durante el Juicio a las Juntas Militares, y que participó en la identificación de los conscriptos argentinos caídos en la guerra de Malvinas e integra el EAAF desde sus comienzos. Durante su presentación detalló el impulso que permitió el desarrollo de la antropología forense en Argentina y los avances en la disciplina que permitieron la recuperación de los restos óseos de 1681 personas y la identificación de 877 de ellas.

Finalizada la dictadura se abrieron causas judiciales a partir de la información recopilada sobre las desapariciones y se realizaron exhumaciones, es decir, extracciones de cadáveres en puntos estratégicos. Sin embargo, en la mayoría de los casos, estos procesos no conducían a la identificación de personas. Es por ello que, por iniciativa de las Abuelas de Plaza de Mayo, llegó a la Argentina un antropólogo forense estadounidense que participaría de los procedimientos junto a un grupo de estudiantes de Antropología. De esta manera, hacia 1984 formaron el EAAF que desde entonces trabaja en la localización, recuperación e identificación de los restos óseos.

En cuanto a los inicios del EAAF, Somigliana señaló que “surgió como una necesidad que estaba tratando de responder preguntas que la sociedad se estaba haciendo en ese momento”. Por tanto, estos comienzos rompen con la concepción de que para hacer ciencia se requiere de una alta complejidad o una amplia cantidad de condiciones previas. En ese sentido, expresó que el impulso por generar nuevo conocimiento a partir de elementos escasos fue mayor a las limitaciones científicas y tecnológicas que presentaba la antropología forense durante ese período.

Al mismo tiempo, el antropólogo recalcó que el trabajo del equipo empezó como la posibilidad de conocer qué pasó con cada una de las víctimas de la dictadura. Las diferencias y las similitudes de los casos llevó a organizar los datos para la búsqueda de personas. Durante este proceso surgió la herramienta de la genética que, de acuerdo a Somigliana, “simplificó enormemente la posibilidad de identificación” al emplear material genético provisto por familiares que permitió el establecimiento de perfiles genéticos para restituir las identidades.

Frente a la pregunta de una mujer de la audiencia en torno a cuál fue el primer paso del equipo, el antropólogo respondió que “se empezó trabajando en casos donde había una hipótesis muy fuerte de identificación. Eso demostró que la acumulación de documentación, el conocimiento derivado de esa documentación y la posibilidad de identificación existían”. Esto logró contrarrestar la acción desaparecedora ejecutada por un Estado que suponía que no se avanzaría sobre esas ausencias.

En consonancia con lo anterior, Somigliana detalló que los restos encontrados en ubicaciones determinadas tienen una historia relativa que, entrelazada con documentaciones y muestras genéticas, permite conocer de qué manera y en qué momento falleció una persona. De manera simultánea, el estudio de estos restos es propicio para identificar aspectos como el sexo, la edad y la estatura. De la misma manera, los datos que conforman la historia de las personas desaparecidas posibilitan su vinculación con los rasgos genéricos, los rasgos específicos y la recuperación del ADN de los cadáveres exhumados.

Por otro lado. Somigliana sostuvo que la comunicación de la identificación es muy significativa debido a que, luego de 40 o 45 años, los y las familiares pueden finalmente procesar lo sucedido. “El duelo se puede hacer sin cuerpo y sin conocimiento, pero es mucho más difícil”, agregó. En este aspecto, la confianza y el respeto mutuo que se establece entre el EAAF y las familias quedó plasmado en los relatos de algunas de las personas que asistieron a la actividad. Cada una de ellas resaltó la trascendencia del acompañamiento y la claridad brindada por el equipo durante el proceso de identificación. Por tanto, el trabajo histórico de la agrupación es determinante para arrojar luz sobre el desconocimiento de los hechos y lograr una cercanía con ese hermano, esa tía, esa amiga o ese padre desaparecidos.

Somigliana destacó que lo interesante de conversatorios como los que fueron sucediendo en la Universidad Nacional de Moreno es la posibilidad de acceder a personas que tengan dudas sobre la identidad. A tal efecto, invitó a los y las presentes a contactarse con el Equipo Argentino de Antropología Forense y señaló: “El salto que para nosotros es crucial es que puedan dar la muestra. Esa es la diferencia entre saber y no saber”.

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