
El nombre del jardín, Omaña Pe Mitá, es una muestra de ese recorrido. La expresión, proveniente de la lengua guaraní, puede traducirse como “mirada de niño” o “como miran los niños” y fue elegida colectivamente por las docentes de la institución. La decisión del nombre forma parte de un proceso pedagógico que transformó la manera de entender la educación, la identidad y el vínculo con la comunidad.
Según recuerda Cristina Marchese, ex directora del jardín (2008- 2022), la iniciativa surgió a partir de una actividad desarrollada en la sala y luego, se convirtió en un proyecto institucional. “Fue una construcción de un trabajo que toma una sala y después se va contagiando, se va armando y se genera el proyecto”, explica. La construcción de esa identidad institucional fue el resultado de un trabajo colectivo desarrollado a lo largo de los años, en diálogo permanente con las familias y con las particularidades de la comunidad que rodea al jardín.
Para Andrea Campos, profesora de música del jardín desde 2007 y licenciada en Artes por la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), los proyectos educativos deben nacer del vínculo con el territorio y con las familias. “Ese proyecto siempre se va armando con la gente que está trabajando ahí y lo ideal es mirar a la comunidad donde está el jardín, porque las maestras pasan y siguen, y el jardín es de la comunidad”, sostiene Campos.
Esa búsqueda estuvo acompañada por debates pedagógicos más amplios sobre la construcción de la identidad. Marchese recuerda que las propuestas impulsadas por la Dirección General de Cultura y Educación (DGCyE) de la provincia de Buenos Aires retomaban los lineamientos de la Ley Nacional de Educación Nº 26.206 que promovía la construcción de un “nosotros” inclusivo dentro de las instituciones educativas. Sin embargo, en el jardín esa consigna se transformó en una pregunta concreta: ¿quiénes formaban parte de ese nosotros?
La respuesta apareció al mirar con mayor atención a las familias. “En ese nosotros estaban las familias que hablaban guaraní, pero que dentro de la escuela no lo querían hablar. Sentían timidez o miedo a la discriminación”, recuerda Marchese. Reconocer esa realidad implicó iniciar un proceso de aprendizaje junto a la comunidad y poner en valor saberes que hasta entonces permanecían invisibilizados.
Esa perspectiva continúa vigente en la actualidad. Para Fernanda Nieto, directora del Jardín de Infantes N.º 951 Omaña Pe Mitá desde 2022, la diversidad cultural no se trabaja únicamente a través de proyectos específicos, sino también en los intercambios cotidianos. “En el día a día, escuchar y dar lugar a otras voces nos corre un poco del lugar de enseñantes. Estamos todo el tiempo aprendiendo también”, sostiene.
Ese aprendizaje compartido se hace visible en situaciones simples de la vida escolar. Una ronda de intercambio, una conversación o una actividad sobre las comidas pueden convertirse en oportunidades para conocer otras costumbres y experiencias. “Si estamos trabajando sobre las comidas, va a salir qué comen en casa y seguramente aparezcan otras comidas que quizás no son las que comemos nosotros. Ahí empieza ese ida y vuelta cultural”, explica.
El diálogo permanente con la comunidad permitió que nuevas experiencias y proyectos se transformen en una propuesta institucional. Andrea Fabiana Grimaux, profesora de nivel inicial que trabajó en el Jardín Omaña Pe Mitá entre 2004 y 2023, recuerda que uno de esos proyectos tuvo lugar durante las rondas que tienen lugar al inicio de la jornada. Mientras conversaban sobre el Día de la Madre, una de las familias comentó que en Paraguay la celebración no se realiza en octubre, como ocurre en Argentina, sino el 15 de mayo.
A partir de ese intercambio, las profesoras decidieron investigar junto a las familias el origen de la fecha y las distintas formas en que se celebra en otros países de la región. “Le dijimos: contanos, porque nosotras no sabemos a qué se debe”, recuerda Grimaux. La experiencia derivó en un proyecto dedicado a las maternidades en América Latina y llevó el nombre de “El día de las madres latinoamericanas” y permitió incorporar nuevas perspectivas al trabajo en las salas.
Para las familias, esa apertura hacia las distintas culturas formó parte de la identidad cotidiana del jardín. Daniela Ramírez, vecina del barrio Aguaribay y madre de tres exalumnos de la institución, recuerda que conoció el jardín cuando llegó al barrio y que durante años participó de reuniones, celebraciones y actividades comunitarias. “Lo que más valoro es la inclusión. Acá hay familias de distintas comunidades y siempre se promovió el respeto por las diferentes culturas”, señala.
Ramírez destaca que los encuentros organizados por el jardín permitían a las familias compartir comidas típicas, tradiciones y experiencias vinculadas a sus lugares de origen. “En cada fiesta cada una aportaba lo suyo, hacía lo que sabía hacer. Se compartían comidas típicas y costumbres de cada nacionalidad”, recuerda. Para ella, esas experiencias no sólo fortalecieron los vínculos entre las familias, sino que también marcaron las trayectorias de quienes pasaron por la institución
La experiencia de Omaña Pe Mitá puede comprenderse desde una perspectiva intercultural, un enfoque que reconoce la diversidad cultural como parte de los procesos educativos. Para Marcelo Antonio Pagliaro, licenciado en Ciencias Antropológicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA), el contacto con distintas culturas desde los primeros años de escolarización permite que niños y niñas incorporen la diversidad de manera natural. “Ese encuentro temprano con lo diverso les permite descubrir que el otro tiene algo para enseñarles”, explica.
Desde esta perspectiva, la participación de las familias adquiere un papel central. Para Pagliaro, las instituciones educativas necesitan conocer quiénes son los niños y niñas que forman parte de la comunidad, cuáles son las historias de sus familias, qué lenguas hablan y qué saberes circulan en sus hogares. “La escuela no puede ser una institución cerrada sobre sí misma. Tiene que responder a las características de la comunidad en la que está inserta y construir proyectos que dialoguen con esa realidad”, afirma.
El antropólogo también advierte que la interculturalidad va más allá del simple reconocimiento de la existencia de diferentes culturas. “Implica generar espacios de encuentro y diálogo entre ellas, reconociendo también los conflictos y desigualdades históricas que han atravesado esas relaciones”, señala. En ese sentido, considera que experiencias como las del Jardín Omaña Pe Mitá permiten visibilizar lenguas e identidades que durante mucho tiempo permanecieron relegadas dentro de los espacios educativos.
Lo que comenzó como una serie de proyectos impulsados por docentes y familias terminó convirtiéndose en una forma de entender la educación. Parte de ese recorrido quedó plasmado en Omaña Pe Mitá: Camino de identidad, un libro que recupera la historia del jardín y las experiencias que dieron forma a su identidad. A través de sus páginas se refleja una mirada construida desde la escucha, el encuentro y el reconocimiento de las distintas culturas que habitan la comunidad, una perspectiva que continúa presente en el jardín. La obra se presentará mañana jueves en la UNM desde las 18 en el aul101 del Edificio Histórico, en el conversatorio “Construcción del saber pedagógico desde voces docentes de Educación Inicial”, coordinado por el vicedecano del área de Educación, Fabián Otero, y con la presencia de las autoras, Cristina Marchese, Fabiana Grimaux, Laura Castoldi, Andrea Campos y Fernanda Nieto, y de los docentes de la UNM Paola Pereira y Marcelo Pagliario.

