
Los polideportivos y las escuelas municipales de iniciación deportiva son el principal encuentro con el deporte de muchos jóvenes en la periferia bonaerense. Estas estructuras funcionan como “semilleros” de talentos, punto inicial del camino deportivo de atletas que hoy nos representan en el mundo. Al momento de la transición desde la formación inicial hasta las exigencias de las competencias federadas, es vital la importancia del acceso público y gratuito a las disciplinas, con todo lo que conlleva.
Un municipio, un club
El director de Deportes del Municipio de General Rodríguez, Pablo Bustamante, cuenta con orgullo que en 2020 el partido consolidó un Centro de Desarrollo Deportivo. Allí el equipo interdisciplinario integrado por:médicos, nutricionista, biomecanicista, coach y psicólogo, brinda un seguimiento integral poco frecuente en el ámbito público. Al señalar las instalaciones, Bustamante destaca: “Había dos laboratorios de biomecánica en la Argentina y con nosotros, el tercero”. Este desarrollo impulsa a quienes han alcanzado el sueño nacional: representar a Argentina en el mundo.
Malena Bustamante, competidora en heptatlón y miembro de la Selección Argentina de atletismo U20, es un ejemplo de los deportistas que mantienen su nivel entrenando en espacios públicos. Se la encuentra todos los días en la pista de atletismo de su General Rodríguez natal, en entrenamientos que duran hasta una hora y media. Solo descansa los domingos. “Prácticamente desde que nací hago deporte. Empecé con recreativo acá en el Polideportivo a los 8 años, más o menos”, recuerda Malena. Su última competencia tuvo lugar en Lima, Perú, en el Campeonato Iberoamericano, ejemplo de su trayectoria deportiva que nace desde espacios municipales.
Hay casos en donde la infraestructura también tiene un límite, especialmente en los deportes acuáticos respecto a los recursos naturales. Sobre el muelle del Club Náutico El Timón, en Luján, chalecos salvavidas, botes y remos esperan el entrenamiento. Allí, los profesores saludan a Candelaria Sequeira, palista de la Selección Argentina de canotaje y subcampeona mundial sub-23, antes de comenzar su práctica. Destaca la importancia de su club en su carrera deportiva, donde conoció la disciplina a los ocho años. Cuando no está en concentración, este es su lugar oficial de entrenamiento. “Vengo tal día, ¿cómo podemos hacer? ¿Puedo remar con los chicos y no remar sola?”, menciona la atleta al ejemplificar el constante apoyo y la flexibilidad que recibe de su entorno en El Timón.
Esto se observa en otras palistas del club como Trinidad Bouzas (15), Juana Guerrero (16) y Catalina Medone (16). Tras alcanzar las marcas clasificatorias para competir en Eslovaquia, se enfrentan al embudo logístico y económico del circuito federado, donde su entorno es clave. En sus inicios también fue fundamental el respaldo de El Timón. Juana menciona: “Tenemos la botera donde podemos dejar nuestros botes para que queden todos seguros, además un espacio donde poder cambiarnos”. Aclaran que al comienzo no hace falta tener elementos propios porque el club “te ofrece todo”.
Las historias de los palistas y la heptatleta reflejan el papel que cumplen los municipios, clubes y familias en la formación de deportistas capaces de llegar a la élite internacional. Detrás de cada convocatoria a las selecciones nacionales hay una red de apoyo que sostiene el camino mucho antes de los grandes podios. Como señalan los investigadores Jara, Rivera y Zambaglione en su análisis sobre el sistema deportivo nacional, “Argentina es, básicamente, una estructura deportiva sustentada en sus clubes sociales, clubes de barrio, asociaciones intermedias y organizaciones comunitarias”.

Rutas, distancias y el sacrificio del esfuerzo diario
A nivel nacional, el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (CeNARD) es el principal espacio de entrenamiento de atletas de alto rendimiento del país, en donde hacen concentraciones y se preparan para las diferentes instancias competitivas. Entrenar en este centro tiene beneficios innegables, como lo son la infraestructura deportiva y profesionales especializados en cada disciplina. Aunque, al estar ubicado en Capital Federal, obliga a los deportistas a trasladarse y limita a aquellos que representan al país al más alto nivel pero que viven lejos.
Malena Bustamante realiza los entrenamientos en su localidad, pero las competencias oficiales se concentran en el CeNARD. Llueve, sale el sol y se vuelve a nublar, pero en la pista de polvo de ladrillo de General Rodríguez la rutina no se detiene. La atleta ocupa este espacio de 400 metros trazados, seis días a la semana. Su preparación para el Campeonato Iberoamericano Sub-20 en Lima no se realizó en las instalaciones de Núñez, sino en su General Rodríguez natal, bajo la planificación de su padre y entrenador general, Pablo Bustamante, y las correcciones semanales del entrenador olímpico Gustavo Osorio, especialista en lanzamiento de jabalina.
“Para un deportista todos los días son lunes”, explica Osorio, para ilustrar la conducta que exigen las competencias. Para Malena, en tanto, el alto rendimiento es una construcción invisible, que requiere disciplina incluso por fuera de las pistas. Menciona la dedicación que debe poner día a día: “Tenés que seguir el plan de los siete días a rajatabla. Si ayer a la noche no cenaba bien, hoy ya no puedo entrenar bien”. Además, advierte sobre el riesgo a las lesiones si no se respeta el plan.
Mantener las plazas en los equipos nacionales conlleva esfuerzo diario. Luego de preparar sus botes, Trinidad, Juana y Catalina se acercan a las orillas del Río Luján, mojan sus pies y descalzas se meten a las embarcaciones. Es una tarde fría, pero no importa. La rutina diaria ocupa hasta tres horas, combinando sus responsabilidades escolares con el entrenamiento de martes a domingos, sin falta. “Gracias a Dios las escuelas son bastantes flexibles, vamos a las competencias presentando certificado”, agrega Juana al respecto.
Entrenar cerca de casa es un privilegio para muchos de los deportistas. Pero este no es el caso de Candelaria Sequeira: “Tengo una casa en donde vivir, que nos alquilan en el lugar de concentración, en Concepción del Uruguay”. La atleta lujanense vive en Entre Ríos tres semanas cada mes (a más de 260 kilómetros de su casa), debe adaptar su vida para continuar perteneciendo a la Selección. Desde sus 14 años la dinámica de los viajes y concentraciones ponen en juego su desarraigo. La distancia para ella, se torna un tema importante en cuanto a sus afectos, las reuniones familiares, el contacto con amistades y costumbres que se paralizan durante ese tiempo. “Siempre fuera de casa”, concluye.
No siempre tiene la oportunidad de volver a su casa y al club: “Recientemente participó del Mundial Junior, en Polonia, y en septiembre irá a Rosario, a los Juegos Odesur. “Y al volver, entreno para el Mundial de Maratón”, detalla la argentina ilustrando el esfuerzo. Además, vuelve a destacar el acompañamiento familiar en el alto rendimiento: “De chiquita no tenés la noción de tener que entrenar toda la semana y perderse cosas como un cumpleaños”, explica.
La frontera de validación competitiva se muda lejos del centro porteño. A diferencia del atletismo, en canotaje el acceso a CABA se limita a la gestión de becas y a controles de salud específicos, a través del Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (ENARD). La obligatoriedad deportiva real se concentra en el interior profundo. Para las tres palistas que clasificaron para Olympic Hopes 2026, en Eslovaquia, el CeNARD es un espacio ajeno a su cotidianeidad. Su rendimiento se consolida en el club de barrio, lejos del centro porteño y sin respaldo estatal.
La Federación Argentina de Canoas (FAC) centraliza la reserva y gestión de los pasajes aéreos hacia Europa, luego notifica a las familias el monto administrativo que quedan obligadas a financiar de su propio bolsillo. El viaje de las atletas depende principalmente de la economía familiar. Guerrero comenta a este medio el desafío para cumplir su sueño: “El viaje es autofinanciado por nosotros. Hablamos con el intendente y nos va a ayudar un poco. Ahora vamos a hacer una cena y rifas”. A través de su Instagram @queremosviajar2026, publicaron su historia y consiguen sponsors.
Solo la pasión y el tiempo no basta, también hay que invertir dinero. Las zapatillas que usa Malena Bustamante en las competencias no son las mismas que lleva puestas en esta práctica, las otras tienen clavos en su base. Osorio señala para este medio que al principio es un deporte económico el atletismo, cuando se profesionaliza se encarece. A su vez, Pablo Bustamante aporta datos crudos “¿Una zapatilla cuánto vale? 300 dólares más o menos, 250. Una jabalina, ¿cuánto vale una profesional para alto rendimiento? de 1.000 dólares para arriba “. La atleta recibe una beca provincial de 70.000 pesos, lo que no alcanza para cubrir los costos del gimnasio, las proteínas y demás suplementos para su dieta.
Esta crisis local coincide con el panorama nacional. En una nota para el diario Página/12, David Peralta, presidente de la Federación de Deportes para Ciegos y exjugador de Los Murciélagos, había denunciado: “tanto el ENARD como la Secretaría de Deportes están sufriendo un desfinanciamiento sistemático”. El autofinanciamiento de las familias de los deportistas para poder participar en competiciones, cubre ausencias presupuestarias.

Gestión de recursos y el embudo presupuestario nacional
Mientras el ENARD y la Secretaría de Deportes de la Nación cubren las disciplinas olímpicas, otras como el canotaje de maratón deben ser financiadas por los propios atletas. “Tengo que abordar los costos yo, en dólares”, resume Candelaria Sequeira. El autofinanciamiento refleja la selectividad del apoyo nacional ante un presupuesto nacional que debe elegir estratégicamente las zonas a cubrir.
Esta cruda realidad contrasta con los propósitos iniciales del sistema deportivo actual, donde académicas como Julia Hang, Nemesia Hijós y Verónica Moreira recuerdan que el ENARD fue creado para “asignar becas a deportistas amateurs, complementar los subsidios de la Secretaría de Deporte de la Nación para solventar los gastos que demande la participación en competencias deportivas internacionales”.
Diógenes de Urquiza, subsecretario de Deportes de la Nación, fijó una postura clara en sus redes sociales al argumentar que el financiamiento del deporte argentino no puede depender solo del Estado nacional. En su posteo celebra iniciativas externas como la beca internacional Fit for the Future Olympian Grant, anunciada por el Comité Olímpico Internacional, para que “cada vez más instituciones y también el sector privado se sumen a acompañar el camino de nuestros deportistas”, celebró.
La poca inversión estatal para el deporte existió desde siempre, pero en 2017, mediante la Ley de Reforma Tributaria (Ley 27.430), cambió el método presupuestario. Al derogar el inciso “a” del artículo 39 de la Ley 26.573, se eliminó el financiamiento directo del ENARD. Ese inciso adjudicaba el 1% de la facturación de abonos de telefonía celular al Ente, de forma automática y autárquica. A partir de entonces dependen exclusivamente de la Ley de Presupuesto Nacional.
Pablo Fuentes, gerente de gestión deportiva del ENARD, explica: “Hace dos años, hubo un ordenamiento presupuestario”. Detalla en diálogo con ANUNM que el Ente cubre a atletas clasificados en Juegos Panamericanos/Parasuramericanos, Olímpicos y mundiales (contempla a los deportes que están fuera de los JJOO); mientras que la Secretaría de Deportes absorbe el financiamiento de los torneos Sudamericanos y Nacionales. De acuerdo con el gerente, al tener que administrar los recursos para cerca de 150 disciplinas, las evaluaciones y distribución de los fondos se hace de manera estratégica.
Mediante convenios con cada federación deportiva se definen becas, viajes y otros gastos. Sin embargo, los criterios de asignación del Manual de Criterios de Becas del ENARD, dejan a numerosos atletas fuera del sistema de apoyo, a raíz de la multiplicidad de factores en el área. Al respecto, Fuentes advierte: “Hasta 2019 fue bien, luego las actualizaciones presupuestarias quedaron por debajo de la inflación, lo que quitó capacidad operativa”. Desde su rol, propone el concepto de “éxito deportivo” como motor de inversión, donde la obtención de medallas produce reconocimiento y más motivos de inversión para aumentar el presupuesto destinado al deporte.
Esta realidad obliga a los deportistas a recurrir a fuentes de financiamiento alternativas, como becas provinciales, municipales o a sus propios ingresos familiares para continuar respresentando al país. En el de la Provincia de Buenos Aires, el Ministerio de Desarrollo a la Comunidad, a través de la Resolución 22164 del Boletín Oficial Provincial, fijó en 2025 becas de 25.000, 75.000 y 150.000 pesos, implementadas por los distritos a través del fondo provincial (PAD).
En el país algunos ven solo gasto en los deportistas, pero la inversión en estas becas podría incluso atraer más dinero en beneficio de la economía del país. Así lo menciona Claudio Morresi, exsecretario de Deportes de la Nación (2004-2014), quien argumenta que “la inversión trae sus ventajas, no es una pérdida sino que ingresa plata al país con la llegada de gente atraída por eventos deportivos”. Agrega que también “se regenera la economía con las entradas de divisas”. Invertir en un deportista y realizar eventos internacionales en Argentina, como los próximos XIII Juegos Suramericanos en Santa Fe, abre oportunidades de crecimiento tanto para los atletas como para la economía local.

En vistas al futuro del deporte argentino
Quienes observan desde lejos a los atletas de alto rendimiento podrían preguntarse cuál es la verdadera importancia de tener este nivel de deportistas. La respuesta es que no significan solo medallas. Joaquín Molina (23), miembro de la selección argentina de karate y reciente tricampeón sudamericano en Colombia, comenta que representar al país “es un orgullo, un sacrificio, una responsabilidad y un privilegio que muy pocas personas tienen”. A su vez resalta que la intención de los deportistas es “dejar al país en lo más alto”.
Respecto a la importancia para el país, afirma que los deportistas brindan “mucho para la sociedad, por todos los valores que un deportista tiene, el esfuerzo que conlleva, marca en la vida de las personas”. Además agrega que el deporte debe estar financiado “100% por parte del Estado e incluso por empresas privadas que quieran promover el deporte” al mismo tiempo que destaca la importancia de invertir en los no tan conocidos como el fútbol, que condensa mucho apoyo económico y social.
Para Molina, el respaldo al deporte no solo beneficia a quienes compiten, sino que también transmite valores y amplía las oportunidades para disciplinas que suelen quedar relegadas frente al fútbol. La mirada del atleta resuena en el ámbito deportivo, desde otros cargos. Morresi, sostiene que “los atletas son los embajadores del país, son quienes dan a conocer al mundo nuestras costumbres y valores”, además de convertirse en referentes para los más chicos.
Esta idea coincide con la del director rodriguense de Deportes, Pablo Bustamante, quien destaca que gracias a la infraestructura municipal o al empuje de los clubes de barrio “los chicos de las localidades tienen modelos a seguir cercanos”, transformando la llegada a las medallas en oportunidades reales. Desde el ENARD, Pablo Fuentes se suma al afirmar que “apoyar al deporte sirve para que a través del fomento de la actividad deportiva la sociedad tenga mejor vida, salud y alegría”.
En ese sentido, Fuentes agrega que apoyar al deporte “sirve para que se generen atletas referentes, ídolos, ejemplos de personas a seguir e imitar que tienen buenos valores que transmitir”. Fortalece la idea de que estas figuras aportan a la construcción de esa identidad nacional, a pesar de que ser deportista de élite en Argentina continúa siendo un laberinto complejo. El talento individual y colectivo debe batallar a diario contra la centralización y las cuestiones presupuestarias.
Como sostienen Juan Branz, José Garriga Zucal y Alejo Levoratti en su investigación políticas públicas y deporte social, el deporte constituye una “cuestión de Estado”. Tanto en su dimensión social y cultural como en el apoyo a deportistas de alto rendimiento, el deporte debe ocupar un espacio en la agenda nacional. Considerando el papel de los atletas como “embajadores” (como apoda Morresi) de la Argentina en el mundo, el Estado debe garantizar políticas de apoyo y acompañamiento en pos de su desarrollo y representatividad.
Detrás de los podios internacionales y las camisetas albicelestes, existe una trama silenciosa sostenida por las familias, clubes, municipios y los propios deportistas que enfrentan obstáculos para vestir la camiseta. Financiar sus recorridos, no es solo invertir en medallas, sino también en figuras que construyen la identidad nacional. En un contexto de época mundialista, donde el país suele concentrarse solo en la selección masculina de fútbol, hay que recordar que no es la única delegación que representa y defiende con orgullo la bandera argentina ante el mundo. La visibilidad y difusión de las distintas historias de los atletas es vital para el desarrollo y calidad deportiva.


