Search

Nuestro derecho, nuestro lugar, nuestro futuro…

Texto:

Estudiante de Comunicación Social (UNM)

Abejas y agroquímicos: un estudio advierte sobre riesgos para esos insectos

Un trabajo de campo de la UBA y del CONICET revela el impacto del uso intensivo de agroquímicos en la salud de las abejas, con consecuencias que van desde alteraciones cognitivas hasta el colapso de las colonias. Habla además un productor apícola.
“Después de la administración de agroquímicos no solamente se empeora la sensibilidad gustativa y la capacidad por aprender, sino que se reducen los niveles de expresión de genes vinculados a sociabilidad”, dijo el doctor en Ciencias Biológicas Walter Farina.

Investigadores de la Facultad de Agronomía (FA) y de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (FCEyN) de la UBA, junto a otras instituciones como CONICET, demostraron los efectos del uso de agroquímicos en las abejas melíferas, una de las principales especies polinizadoras de la que dependen gran parte de los cultivos agrícolas. “A nivel ecosistémico, de 100 plantas nativas con flor, casi la totalidad de ellas requiere polinización de un intermediario. El 95% de cualquier intermediario de polen que vos veas en el ambiente es una única especie, es la abeja Apismellifera”, dijo Walter Farina, doctor en Ciencias Biológicas y coautor del trabajo publicado en la revista científica OneEarth.

“La Argentina tiene una gran intensificación agrícola en toda su zona pampeana porque usa en un 80% organismos genéticamente modificados, cosa que en otros continentes está prohibido. Eso implica tener que hacer un tratamiento de agroquímicos como insecticidas, fungicidas, fertilizantes y herbicidas como el glifosato”, advirtió Farina y añadió: “Eso es típico de la Argentina y de un montón de regiones del mundo. Sin embargo, hay pocos ejemplos de qué efecto tiene sobre los organismos no blanco (no objetivo)”.

Si bien el equipo viene trabajando en esta temática ecotoxicológica hace más de 15 años, siempre realizaron los estudios en condiciones de laboratorio. Es por eso que se propusieron hacerlo en condiciones realistas de campo, para analizar cómo las abejas responden a la administración de agroquímicos. Trabajaron en una estancia ubicada al oeste de la provincia de Buenos Aires, utilizada por agricultores privados que la arriendan para cultivos privados de soja, maíz y girasol, dentro de la cual se encuentran tres apiarios muy grandes, que contienen de 30 a 50 colmenas cada uno. Cabe destacar que quien arrienda el campo es la UBA, por lo que“la Facultad de Agronomía tiene la potestad de alquilarle a un privado para que siembre lo que sea, pero éste le tiene que contar qué agroquímicos va a administrar y cuándo. “Eso, para nosotros, como abejólogos, era muy importante, porque eso no te lo dice nadie en los campos”, explicó Farina. Y agregó: “La idea era poder tomar muestras de colmenas, antes y después de la administración de agroquímicos. Entonces, sabíamos la fecha, dónde y qué iban a administrar”.

Lo que hicieron fue capturar las abejas que venían del exterior y tomar muestras del alimento que recolectaban y de la superficie y el cuerpo de la abeja. Asimismo, midieron también la actividad de las colmenas para ver cómo cambiaba antes y después de la aplicación de agroquímicos, mediante ensayos de comportamiento a las abejas. “Vimos cambios muy notorios: las abejas, después de la administración del agroquímico, tienen un déficit para detectar el dulzor del néctar que recolectan y para aprender a establecer un vínculo entre un olor floral y la recompensa”, comentó el científico.

Farina explicó que lo que hicieron al capturar las abejas fue extraer el cerebro para hacer un análisis molecular de algunos genes en particular asociados a la sociabilidad. “Lo que vimos es que después de la administración de agroquímicos no solamente se empeora la sensibilidad gustativa y la capacidad por aprender, sino que se reducen los niveles de expresión de genes vinculados a sociabilidad”, agregó Farina, quien también es investigador superior del CONICET. “Si vos tenés déficit sensorial, de aprendizaje y de desarrollo del sistema nervioso que se vincula con la comunicación, esos individuos van a estar peor comunicados entre sí y van a tener una menor cohesión social”, señaló Farina.

Cuando se le consultó por las implicancias para la seguridad alimentaria, el científico dijo: “En todo lo que es cultivo, casi el 70% ve incrementado su rinde si hay actividad polinizadora de agentes como la abeja. Y un tercio real de todos los cultivos que comemos son dependientes de polinizadores, o sea, sin polinizadores no podés tener ese cultivo”. Por otro lado, en lo referente a la salud humana, señaló: “Cuando nosotros medimos trazas de insecticidas y de herbicidas en el polen que recolectaban las abejas, y en la superficie de su cuerpo, muchas de esas muestras que obtuvimos están por encima del valor crítico que pone en riesgo la seguridad sanitaria”.

Desde una perspectiva apícola

Gustavo Morteo, presidente de la cooperativa apícola La Serrana de Tandil, con 41 años de experiencia en el rubro, aseguró que la diferencia en la producción a través del paso de estos años fue abismal.“En Tandil, obviamente que el trabajo en el agro era distinto, era mucho más mixto que agrícola y en ese momento la producción promedio estaba cerca de los 90 a 100 kilos por colmena. Hoy, 40 años después, el rinde está entre 25 y 30 kilos promedio”, afirmó Morteo. Él agregó: “Pero no solamente el rinde se cuantifica en kilos, sino que por cada kilo de miel que la colmena recolecta, tiene un porcentaje de polen, que es proteína y que la abeja la usa para su reproducción. Es decir, la colmena no produce la misma cantidad de individuos ni se multiplica tanto como hace 40 años atrás porque tiene menos recursos, menos alimento”.

Cuando se le preguntó por variaciones en la salud de las colmenas, Morteo dijo que el cambio más grande se da cuando hay aplicaciones de insecticidas. Y explicó que la colmena tiene una determinada cantidad de población que a la hora de calefaccionar cumple una función de termostato adentro, que mantiene la temperatura. Entonces, cuando la abeja obrera va al campo y es alcanzada por una pulverización, esa abeja no vuelve, instantáneamente cae muerta en el campo. “Al reducirse la cantidad de individuos, se reduce la capacidad de mantener temperatura”, advirtió el apicultor, y aseguró: “Allí la cría se muere y eso empieza a provocar una despoblación en la colonia, que cada vez se va a incrementar más. Esa colmena termina siendo un puñadito de una colonia que estaba en su apogeo con 70.000 individuos produciendo y probablemente termine con 5.000. Ese es el efecto de la pulverización sobre la colmena, que no es una muerte inmediata, sino que es una muerte indirecta”.

Morteo dijo que “el temor más grande es el insecticida sistémico, el que le ponen a la semilla para que dure mientras va germinando y va creciendo, y que debería eliminarse en un tiempo determinado previo a que florezca. Ese insecticida termina teniendo residuo en la floración, que no es nocivo y letal para la abeja que tiene contacto con el polen”, señaló Morteo. Y concluyó: “Entonces, la abeja se lleva el néctar, poliniza la plantita del individuo que le puso insecticida y en la mochila se lleva el veneno para la colonia, que cuando se acumula con el volumen que juntó el resto, explota dentro. Porque ese poquitito multiplicado por mucho hace un efecto letal. Y en ese caso la colmena muere en forma inmediata”.

El productor, quien también preside la Federación de Cooperativas Apícolas (FECOAPI), aseguró que, si bien están tomando medidas para mitigar los efectos negativos de la agricultura intensiva, como la sustentabilidad y el fomento de la actividad agroecológica, es necesaria una articulación mayor entre las producciones para buscar alternativas a la agricultura intensiva. En cuanto al fomento de prácticas más amigables con las abejas, expresó: “Si la abeja no tiene nutrición, no funciona. Entonces, la única forma de darle sanidad es generándole flores. En el campo, uno no puede pretender que siembren flores entre medio de las hojas, pero sí que podamos aprovechar espacios dentro de los campos, que haya fomento desde el Estado a que eso se haga y que se articule y se continúe”. En este sentido, sostuvo que “hay un montón de actividades que se van encadenando y que deberían estar coordinadas por el Estado, estimulando al privado a que lo haga”.

Comparte esta nota 

otros artículos
relacionados

Ingresar usuario y contraseña
Logout