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Estudiante de Comunicación Social (UNM)

Planta de Pirelli en Merlo: ¿qué pasa con el barrio si cierra?

En junio se anunció que la fábrica de neumáticos suspendía su producción por siete días. ¿Cómo es el entorno que rodea al establecimiento? ¿Qué cuentan los comerciantes de la zona? Crónica de una visita al Parque San Martín

Protestas, humo, ruidos fuertes incesantes, quema de neumáticos, paralizaciones laborales y reducciones de personal. Estos son solo una parte de las situaciones que viven los trabajadores y vecinos de la planta de Pirelli en el barrio Parque San Martin, Merlo.

Se encuentra a tan solo 10 minutos del centro del municipio uno de los puntos que ha tomado más relevancia en los últimos meses. Luego del repentino cierre de la fábrica de neumáticos FATE que dejó sin empleo 920 trabajadores, se encendieron las alarmas en todas las industrias de neumáticos, ya que comparten los mismos problemas, las bajas ventas de neumáticos, conflictos constantes sin resolver con los sindicatos entre los que se encuentran los sueldos deteriorados y las reducciones de personal.

Calles deformadas por el paso de los camiones y veredas marcadas por la quema de neumáticos, esa es la primera impresión que deja la entrada a la fábrica de Pirelli de Merlo. La única música que se escucha es el sonido de los vehículos, una vereda desierta, teniendo como único lugar con gente a la parada de colectivos en la esquina de la fábrica. No más que 2 locales abiertos por cuadra, esa es la realidad que viven hoy en día los vecinos de la zona.

“De la fábrica alguno que otro tiene alguna emergencia y viene al taller, pero nada más, apenas los conozco”, dice Javier Ferreira, mecánico.

Paredes grises, casas y locales abandonados junto a un camino de tierra lleva al primer local abierto en la zona, el taller mecánico de Javier Ferreira, inaugurado hace menos de un año con la esperanza de favorecerse al ser el único centro de servicio en la zona y de estar posicionado casi enfrente de la puerta de la fábrica, sin embargo, comentó que “de la fábrica alguno que otro tiene alguna emergencia y viene al taller, pero nada más, apenas los conozco”.

Es decir que pese a ser una novedad en el barrio, el contacto es mínimo. Su única fuente de clientes son los vecinos y algún que otro auto que entre buscando ayuda de urgencia, lo que deja ver la razón por la que no hay tantos locales abiertos.

Continuando el camino en la esquina más transitada, se encuentra la parrilla “Lo de Tito”.  Quien hace años supo ser la parrilla más popular del barrio, hoy se encuentra en una situación critica por la falta de clientela y una necesidad imposible de concretar con su economía actual, de cambios estructurales y económicos.

El dueño de la misma, Luis Alberto González comentó que hace años se rompieron los lazos con la gente de la fábrica, antes en su tiempo de descanso iban a comer, se sentaban y gozaban de una gran clientela, pero de un día para el otro dejaron de venir al local, solo los veían irse en sus autos o esperando el colectivo en la parada frente a su parrilla.

“La gente de la fábrica no viene a comprar, tiene su propio comedor, han llegado a venir, pero hace años no vemos que ninguno entre a comprar, eso que estamos hace 27 años”, dijo Luis. Entre tanto, coloca una tanda de chorizos en la parrilla para atraer posibles clientes.

El barrio no se encuentra en su mejor momento, el ambiente en la calle es frio y decaído, no hay una sola sonrisa en la gente que espera el colectivo; sin embargo, enfrente de la puerta de la fábrica hay una persona en la entrada de su local, saludando alegremente a conocidos y desconocidos, este es Eduardo Benez, el dueño de la casa de electricidad situada en frente de la puerta principal de la planta. Hace más de 40 años que trabaja en el mismo lugar intercalando dinámicas, ha trabajado en conjunto con Pirelli, arreglando baterías, cableados y también por fuera de ella, trabajando para los vecinos y la gente de alrededores.

Eduardo dice: “Yo creo que si cierra la fábrica me afectaría en que tendría menos trabajo, de los pocos clientes que hay en la zona, algunos vienen de la fábrica. Laboralmente me puede llegar a cambiar un poco. Me enojaría por toda la gente que está trabajando ahí, que se quedaría sin trabajo. Yo no vivo acá, solo trabajo por lo que el ruido, olor y todas esas cosas no me molestan”. El comerciante agrega: “Si el obrero gana más vamos a ganar todos, pero bueno, en sí muchos vivimos básicamente de la fábrica y no podemos hacer nada, porque los necesitamos”.

Zoe Larrosa, vecina de la zona cuenta que “el otro día pasaron los de la Municipalidad y multaron a todos los que estacionan en la cuadra de la fábrica, seguro los llamaron ellos para liberar su zona, porque solo habían autos de gente que no trabajaba ahí”. Añade que casos como este ha habido decenas. Esa es la realidad que tienen todos los locales y vecinos de la zona de la fábrica, basada entre la dependencia y los roces.

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