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Comunicación Social (UNM)

Panadería, centro de día y taller de bolsas de polietileno: una visita a APYADD

La Asociación Padres y Amigos del Discapacitado (APYADD) cumple múltiples funciones sociales en su sede de Merlo, a la que asisten 80 personas. ANUNM habló con trabajadores de su taller protegido y con directivos de la institución, que sufre la dura realidad económica del país y las deudas de las obras sociales.
Las ventas de la panadería han disminuido los últimos tiempos. Pese a todo, el taller protegido sigue en funcionamiento.

La Asociación Padres y Amigos del Discapacitado (APYADD) se encuentra próxima a cumplir 50 años : ¿Qué desafíos enfrentan en la actualidad? Ubicada en la localidad de Merlo, la asociación brinda los servicios de centro de día y un taller protegido de producción para personas con discapacidad intelectual. Hoy, sus autoridades afirman que transitan la peor crisis que les tocó vivir desde su fundación.

.Los talleres protegidos de producción son entidades que posibilitan el derecho al trabajo de las personas con discapacidad y su integración a partir del aprendizaje de conductas de autovalimiento. En APYADD, existen dos unidades productivas: una panadería y un taller de bolsas de polietileno  en las que los trabajadores cumplen con reglamentos, horarios y responsabilidades sujetas a sus capacidades.

El espacio donde funciona la entidad fue donado hace ya tiempo por el Municipio de Merlo y, gracias a las ampliaciones que hicieron, hoy cuenta con dos pisos. El comedor, las oficinas y el taller de polietileno son las primeras habitaciones que reciben al que ingresa. Siempre es un discurrir de personas trabajando, atentas a todo.

Hacia los laterales se encuentran la panadería y el centro de día. A la primera se ingresa a través del taller y, en el horario de funciones, los trabajadores se desenvuelven con total competencia dado el conocimiento que tienen de sus tareas. Por otro lado, al centro de día se debe acceder sin pasar por el taller protegido, a través del comedor.

Los colores y los carteles abundan en la APYADD, donde nos reciben con abrazos cálidos y la mejor predisposición. El deseo de ser alguna vez un hogar se cuela entre las disposiciones espaciales que conservan una forma de albergar particular, sobre todo en el primer piso, al que se puede acceder por escaleras o mediante un ascensor.

Dentro del grupo de trabajadores se conformó un equipo denominado “Autogestores” que se encarga de ser la voz de su comunidad: son quienes se capacitaron para dar charlas a la sociedad acerca de sus derechos. En esta oportunidad, charlaron con ANUNM, Camila Sofía Flores, Ricardo Alberto Santillán y Nara Rocío Pedrón.

Camila tiene 28 años y trabaja en marketing junto con otras tres personas. Ella acude al taller protegido desde hace más de 10 años y para ingresar le realizaron una entrevista con una serie de etapas. En este sentido, “si nosotros necesitamos cubrir un puesto, la persona tiene que rendir ciertas características para ese perfil”, detalló Mailen Seco, la trabajadora social de la institución. Y agregó: “Si bien damos lugar también a familias muy vulnerables, tratamos de instalar que acá hay que cumplir con una actividad laboral”.

Ricardo tiene 37 años y se desempeña en el equipo de ventas encargado de salir a la calle a ofrecer el producto, prepararlo y cobrarlo. Para la mayoría, el taller es el primer trabajo al que acceden dado que muchos lo articulan directamente con las escuelas. Con respecto a su futuro, Richard , como lo llaman todos, expresó: “Me gustaría hacer otro trabajo pero hay un problema… Si cierran el taller no vamos a poder venir y nos van a tratar como en el modelo médico”.

Respecto a la inserción laboral en otros ámbitos sostuvo que existen barreras sociales: “Te van a decir que no porque vos tenés una discapacidad”. También advirtió que si las propuestas como las que ofrece APYADD se terminan, se puede volver a un modelo médico en el que las personas con discapacidad se conciben como enfermos que se tratan únicamente a través de los hospitales en internaciones.

“Yo estuve dos veces internada por ACV. Cuando me dio la primera, el Hospital Eva Perón no me quiso atender y el Malvinas tampoco pero mi mamá pidió hasta que me internaron”, acotó Nara de 36 años que trabaja en administración controlando las ventas de las dos unidades productivas.

Desde APYADD recuerdan que, si bien se sancionó la Ley de Emergencia en Discapacidad en diciembre, no se está cumpliendo y al día de hoy no hay novedades al respecto.

Una institución de 49 años en riesgo de cierre

Para explicar la situación actual, Seco expuso cómo se financian: “Las obras sociales pagan por el servicio de centro de día y parte de ese ingreso permite que el equipo profesional se sostenga. La crisis fuerte de este año es que una de las coberturas no está pagando. Eso afectó al ingreso directo de la asociación”. También señaló que si bien se sancionó la Ley de Emergencia en Discapacidad en diciembre, no se está cumpliendo y al día de hoy no hay novedades al respecto.

“Estamos en un momento difícil pero en marzo fue peor: no había dinero para pagar los sueldos”, subrayó. En el equipo hay alrededor de 15 profesionales y algunos tuvieron que renunciar. Según Seco, el resto estuvo dispuesto a seguir trabajando unas horas, primero porque de un día para el otro no se consigue trabajo, pero también por la convicción y el apego hacia la asociación: “Seguimos viniendo, con riesgo de no poder cobrar.”

Las autoridades del lugar se presentaron como madres y padres de los concurrentes. Como en el caso del secretario Omar Castro que hace 26 años es parte de la institución pero comentó que nunca vivió una situación como la que están pasando ahora: “Desde la comisión… nosotros no tocamos un mango. Hacemos todo ad honorem”. Muchas familias colaboran con trabajo, con dinero o promocionando.

APYADD cuenta con aproximadamente 80 personas: 66 concurrentes (46 del taller protegido y 20 del centro de día) más los profesionales. Adriana Batista, la presidenta desde hace 3 años, explicó que, a raíz de la crisis económica, este año tuvieron que cerrar el comedor: “No podemos darles de comer. Tuvimos que acortar horarios. Tenemos personal de muchos años con un sueldo bajísimo. Vienen porque realmente aman lo que hacen o aman la institución”.

Los talleres protegidos se regulan a través del Régimen Federal de Empleo Protegido a partir del cual el Ministerio de Trabajo de la Nación otorga una suma mensual no remunerativa, que denominan peculio, a los trabajadores con discapacidad y una asistencia económica a los talleres para desarrollar acciones. Esta asistencia, según Batista, es de un valor “irrisorio” para el sostenimiento de los gastos.

“En realidad la institución se sostiene con el centro de día y las obras sociales. Pero ahora tenemos el problema de que algunas no están pagando, especialmente Incluir Salud”, reveló la principal autoridad mientras explicaba que esto los afecta porque 11 de los 20 concurrentes del centro de día cuentan con esta obra social que dejó de efectuar los pagos.

Además, si bien cuentan con unidades productivas, la comisión directiva compartió que la venta ha disminuido en el último tiempo. Como debe estar manejado por los concurrentes, el taller funciona en horarios restringidos, no como un negocio convencional. Seco comentó  que “al sector de panadería le cuesta por la competencia en panificados. Da una ganancia pero no alcanza para sostener el taller”.

Eduardo Millian, tesorero y voluntario de la asociación desde su fundación, remarcó: “Tanto en la panadería como en el taller, la mano de obra es plena de los discapacitados” y denunció que desde lo que antes era la Agencia Nacional de Discapacidad (sus funciones ahora corresponden al Ministerio de Salud) cada vez tienen más exigencias: “Vinieron a una inspección y hubo que hacer inversión económica en un montón de cosas, algunas que no tenían ninguna lógica ni sentido”.

Los obstáculos para la inserción laboral

Acerca de la inclusión laboral, Batista expresó que “la inserción afuera es muy difícil. Son muy pocos los lugares en los que toman a un discapacitado”. Seco especificó que tuvieron distintas visiones: “en un momento entendíamos que el taller protegido es un espacio que transita una persona” hasta generar esa inclusión laboral; sin embargo, ahora sostienen que el trabajo protegido es un trabajo en sí mismo, alternativo al convencional que hay en el mercado laboral.

“Si cierra el taller, van a buscar pero se van a encontrar con barreras. La inclusión por fuera todavía necesita del apoyo porque puede aparecer el puesto de trabajo pero la persona requiere de un acompañamiento”, agregó. Mientras que el secretario Omar Castro denunció: “Todo pasa ¿sabés por qué? Por la discapacidad”, y refirió que el público potencial comprador tiene en cuenta que los que venden trabajan en un taller de discapacitados y, por ello, son discriminados. Millian coincidió: “Ya piensan que está mal hecho, ni siquiera los escuchan”.

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