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Estudiante de Comunicación Social (UNM)

Día Mundial contra el Bullying: tiempo de actuar

Mientras se multiplican los actos de violencia en escuelas, cada 2 de mayo se conmemora el Día Internacional contra el Buylling. Hablan fuentes educativas.
“Cuando notamos que, de manera más o menos abrupta, un niño o niña adolescente corta vínculos con el exterior y no quiere vincularse con otros, son todas señales de alarma que los adultos referentes tenemos que identificar”, dijo el psicólogo y psicoterapeuta Alejo Merker.

Según una encuesta realizada por el Ministerio Público Tutelar, el 66, 2% de menores de entre 12 y 18 años en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) fueron víctimas de bullying o conocen a alguien que sufrió este tipo de acoso.  El relevamiento llevado a cabo en el contexto del Programa Convivencia Respetuosa entre Pares reveló que el 77,2% de los casos de violencia ocurren dentro del ámbito escolar, mientras que el 37,8% se dan en las redes sociales. De cara al Día Mundial contra el Bullying, resulta esencial entender con más profundidad ciertos aspectos: ¿qué es el bullying?, ¿cómo lo reconocemos? y ¿cómo manejan las escuelas, docentes y asociaciones este tema?

El licenciado en Psicología y psicoterapeuta de adolescentes y adultos Alejo Merker, definió al bullying como un tipo de hostigamiento que debe cumplir con cuatro criterios. “Tiene que tratarse de una agresión sistemática y sostenida en el tiempo. Uno de los integrantes de ese vínculo tiene que tener más poder que otro. Tiene que haber una intencionalidad de daño. Y el cuarto elemento daría cuenta de que tiene que provocar, generar o causar algún tipo de deterioro”, explicó.

Este hostigamiento afecta la autopercepción que tienen los jóvenes sobre si mismos causando pensamientos que parten desde sentirse excluidos a poco eficaces en diferentes elementos. Con respecto a este deterioro, Merker, quien escribió el libro Salud Mental en la Adolescencia, comentó: “Puede ser a nivel académico o a nivel social. Comienzo a debilitar las cosas que sé hacer o que podría estar aprendiendo. Mi trayectoria escolar, la forma en que yo voy a aprender, también se ve interferida”.

En un colegio católico, perteneciente a CABA, la maestra de Educación Inicial Julieta Santuelli describió la interacción de sus alumnos como “relaciones sanas”. “Los chicos aprenden a valorarse, a cuidarse, a quererse y a respetarse a sí mismos también”, compartió.

En el establecimiento realizan espacios para dialogar con las familias sobre diferentes problemáticas: “Se tienen momentos de reflexión y de cuidado del otro. Se trabaja en la Educación Sexual Integral (ESI), el bullying, el cuidado del otro, el cuidado del cuerpo de uno, el respetar las ideas del otro”, argumentó la maestra.

De vez en cuando, pueden surgir roces entre los chicos, pero Santuelli lo aborda mediante el diálogo: “Intervenimos. Ponemos en palabras la situación y cómo se siente la otra persona. Siempre desde el respeto y el amor”. Para ella es necesario que los docentes se sigan capacitando, especialmente en Educación Sexual Integral. Un entorno donde se aborda el acoso escolar, al igual que otras cuestiones.

Por otro lado, una autoridad de ese establecimiento mencionó: “Ante un conflicto puntual, se conversa con los niños, se trabaja en la reparación y, si es necesario, se dialoga con las familias. En primera instancia, intervienen las docentes y, de ser necesario, el equipo de orientación”.

En tanto, en la escuela secundaria nro. 1 Manuel Belgrano ubicada en la localidad de Moreno, la profesora de Geografía y abogada Yesica Ortiz señaló una falta de normativa por parte del establecimiento educativo frente a incidentes entre los alumnos. “Aparte del diálogo, que es lo único que más o menos tenemos. El profesor queda solo, enfrentando el problema porque la institución no ayuda para nada”, informó.

“La escuela tendría que tener mínimo una sanción, eso tiene que volver. Antes, los chicos volvían de otra manera y ahora hacen lo que quieren. Ni siquiera libro de acta podemos tener”, denunció. Y agregó: “Llego a mi casa. Ponele que junto diez casos y hago los diez informes. Los mando al correo oficial (las escuelas tienen uno para notificaciones) y pongo: urgente derivación a gabinete”.

Para disminuir las disputas en su aula, estableció un acuerdo con sus estudiantes. “Hacemos un contrato a principio de año comprometiéndonos a que determinadas conductas van a influir en la nota. Si hacen bullying o le pegan a un compañero, les bajo la nota”, dijo Ortiz. Con este mecanismo ella notó mejoras: “Hay chicos que todavía los veo y han cambiado.  Hay chicos que me dicen: ‘Gracias profesora por enseñarme esto’. Son modales lo que me están agradeciendo, los modales que tendrían que tener en su casa”.

Estas conductas de hostigamiento suelen ser conductas aprendidas. Merker, que también es profesor de Psicología, identificó que “el hostigador, hostigadora, está reproduciendo algo que ha visto o ha vivido en determinado contexto. Muchas veces, el ejercicio del bullying tiene que ver con una estrategia muy disfuncional de querer tener un lugar de poder” y sumó: “Una vez que se establece no quiero soltar, no quiero dejar de ejercer”.

Desde la sociedad civil, el presidente de la asociación sin fines de lucro Construcción Art & Vida y sociólogo Roberto Lavichita expresó que “Art & Vida ayuda, conecta y trabaja para visibilizar distintas problemáticas, como pueden ser trastornos de conducta, trastornos de la conducta alimentaria (TCA), adicciones, bullying, malestar emocional y otras dificultades, fundamentalmente en la adolescencia” y resaltó: “Lo hacemos a través de un modelo multidisciplinario e integral, donde diferentes profesionales del arte y el deporte se unen con psicólogos y médicos para llevar un mensaje preventivo y de bienestar general”.

Desde la obra “Por mi Boca”, que plantea el trastorno alimenticio y el bullying, hasta videos musicales que abordan el  tema del suicidio y otras problemáticas. Lavichita remarcó que “estas producciones buscan visibilizar diferentes conductas abusivas, trastornos y adicciones. Buscamos que, a través de lo lúdico, los jóvenes hablen y se expresen en un ámbito constructivo, puedan afianzar vínculos, promover la empatía y brindarles ayuda para crear estrategias de prevención para ellos y herramientas para educadores”.

“Lo que hacemos con el bullying y el ciberbullying es concientizar, hablar. El primer paso es la prevención y el reconocimiento del problema. Les ayudamos a confiar en sí mismos y les enseñamos, con ejemplos positivos, cómo relacionarse y comunicarse empáticamente”, aclaró. Incluso entrevistan a profesionales de la salud de distintas especialidades: “Usamos las entrevistas como herramientas pedagógicas para sensibilizar y fomentar la reflexión”, afirmó Lavichita.

 Ahora, ¿cómo reconocemos a una víctima de acoso escolar? Para responder a esta duda, Merker citó a la psicopedagoga argentina especialista en el tema María Zysman: “Los chicos se apagan”. Por lo tanto, el psicólogo aconseja: “Cuando notamos que, de manera más o menos abrupta, un niño o niña adolescente corta vínculos con el exterior y no quiere vincularse con otros, son todas señales de alarma que los adultos referentes tenemos que identificar”.

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