
“Me impresiona mi fama” dijo Moria Casán por primera vez en 2012 cuando se encontraba envuelta en uno de los tantos escándalos mediáticos que tuvo a lo largo de su carrera. Hoy, 14 años después y con una serie en Netflix que hace un recorrido biográfico de su vida personal y profesional, esa frase toma aún más sentido e invita a pensar ¿Qué vuelve a Moria Casán un icono de la cultura pop argentina?
Ricardo Manetti, investigador de medios y cine, gestor cultural y decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, reflexiona sobre la figura de Casán en diálogo con ANUNM: “Representa sin duda uno de los íconos de la cultura nacional y popular. Desde ahí se hace fundamental, desde el ámbito de la academia, poder entenderla, analizarla y trabajarla”.
Ana María Casanova debutó como vedette en el Teatro Nacional en 1969, época en la que los roles femeninos respondían a la cosificación y al exhibicionismo de sus cuerpos hegemónicos. “El personaje de Moria Casán venía asociado a Olmedo, a Porcel, a que tocaban a las chicas y hacían chistes procaces”, expresa Sonia Budassi, escritora, docente, editora y periodista, y agrega sobre su experiencia como espectadora: “Nunca me causó nada de gracia eso, me daba miedo y una sensación desagradable, porque amplificaban lo que te podía pasar en la calle, en la escuela, incluso la violencia simbólica”.
Casán no pudo escapar de aquel lugar común en los roles que ocupaban las mujeres en esa época. Sin embargo, algo diferente se observaba en ella desde sus inicios en el espectáculo. Esa distinción es la que logró cautivar a su público incluso dentro de un formato machista. Gustavo Moro, actor e imitador de la diva, recuerda: “La primera vez que vi a Moria fue desde mi casa porque mis padres consumían los programas cómicos de la época. Había todas mujeres divinas que estaban en el programa, pero esa mujer tenía un desparpajo diferente, ahí ya tenía una chispa que a mí me llamaba la atención”.
Ese desparpajo descrito por Moro explicita su vínculo disruptivo con los hombres. Cecilia Taburet, licenciada en Psicología, lo explica de la siguiente manera: “Históricamente, la vedette se configuró como un objeto de deseo para la mirada masculina, Moria invierte esa lógica. Ella nunca se posicionó como objeto pasivo a ser mirado, sino como sujeto que mira, interpela, descalifica y pone en falta al varón”.
Manetti reflexiona sobre esta misma idea: “Moria pasó de ser un cuerpo para ser mostrado, para ser deseado, sin la posibilidad de un deseo propio, a un sujeto deseante, un sujeto pensante. Ella misma señala que asume el lugar del capo cómico, el lugar que se le atribuía a los varones, con la posibilidad de incorporar la voz. Pero la voz que siempre va acompañada de un pensamiento, de una idea”.
Así, sin buscarlo, Moria Casán contribuyó desde su lugar a la deconstrucción del rol asociado a las mujeres en el espectáculo. No desde una adhesión a la corriente feminista, sino desde la acción en una época donde el término feminismo no era considerado en los medios tradicionales. Sobre esto, Taburet indica: “No necesita embanderarse discursivamente porque su propio modo de habitar el cuerpo, la palabra, la sexualidad, el envejecimiento y el poder, funciona como un modelo identificatorio alternativo para otras mujeres. Podemos decir que Moria no hizo teoría feminista, pero hizo algo que a veces es más transformador: hizo cultura”.
A esta construcción cultural Manetti la define como una verdadera “ética al modo Moria Casán”. Un rasgo distintivo de su figura es que se trata de un sujeto que carece de culpa: “En una sociedad tan culposa como la argentina, Moria pega un salto porque se hace cargo de sus experiencias, de su modo de maternar o de entender los vínculos afectivos sin castigarse”. Para el investigador, al no mentirse a sí misma, tampoco le miente al público.
Moria Casán se describe a sí misma como una marciana, un ser de otro planeta que siempre tuvo la posibilidad de hablarse a sí misma y construir su legado: “Es una mujer futurista que siempre se ha valido por ella misma, más allá del apoyo de su familia. Ella abrió un camino. Es una diferente, una rara, una fuera del molde”. Así la describe Moro, quien trabajó junto a ella en más de una oportunidad. La idea de su figura como algo raro y diferente la asocia a la disidencia y a los márgenes sociales. Nuevamente, no desde un activismo teórico, sino desde la acción, Casán se construye como un referente para la comunidad LGBTIQ+.
“Por un lado está el cliché de que a los varones homosexuales les gusta estar vinculados a mujeres exitosas, glamorosas, hiperbólicas y exageradas. Tiene que ver con algo que te da glam ¿No? A las divas les gusta estar rodeadas de chicos divinos gays y creo que eso se pone un poco en juego más allá de cualquier activismo”. expresa Budassi sobre esta cuestión. Mientras que Taburet agrega: “Moria cumple esa función materna no tradicional: una madre que no alecciona con moral, sino que autoriza el goce, el brillo, y la disidencia”.
En la serie de Netflix que lleva su nombre y fue estrenada el 14 de agosto, se observa como abrazó la diversidad durante la última dictadura militar en nuestro país: “Está la escena en la que saca a sus bailarines que fueron detenidos en una comisaría durante la dictadura por ser gays. Ahí ella muestra cierta empatía. Más que empatía, colaboración hacia evitar esa desigualdad”, comenta Budassi.
Por su parte, Moro afirma que la historia de la diva lleva a una identificación entre las partes: “Es una mujer que bregó por su libertad, por su palabra, haciéndolo de una manera inteligente, sufriendo. Todo eso tiene un trasfondo de lucha. Por eso es un común denominador, todas las partes del colectivo la adoran”. Paralelamente, Taburet agrega: “La comunidad LGBT históricamente tuvo que hacer del estigma, una insignia. Moria hizo exactamente lo mismo con su historia: de los insultos, los escándalos, las causas judiciales y la estigmatización mediática, hizo capital simbólico”.
Hay diversos motivos para idolatrar a una figura pública. Desde su obra, su ideología, hasta su personalidad o historia de vida. Asimismo existen ciertas exigencias que el público suele imponer a estas personalidades. Muchas veces resulta difícil observar como un ídolo expresa abiertamente sus contradicciones y aún más, que ese mismo ídolo despierte contradicciones en su público. A lo largo de su trayectoria, Moria Casán ha coqueteado con diversos sectores de la política argentina y hasta ha tenido polémicas declaraciones sobre momentos históricos complejos de nuestro país como la dictadura militar. Sin embargo, parece ser que figuras como la suya trascienden este pedido de coherencia de la sociedad.
Sobre esto, Taburet reflexiona: “Argentina tiene una cultura política marcada por el sincretismo, la ambivalencia y el personalismo por sobre el ideologismo, Moria es un espejo perfecto de esa matriz: popular y elitista, feminista y antifeminista, de derecha y de izquierda. No por cínica, sino porque es profundamente argentina en su modo de subjetivación”. Y concluye: “En definitiva, no se le perdona a pesar de la contradicción. Se la consagra por la contradicción. Porque nos permite ver, sin tanto dolor, nuestra propia contradicción como sociedad”.
Los ídolos de una nación representan a la misma con sus características positivas y negativas, y Moria no es la excepción a esta regla: “Nuestros ídolos son contradictorios, me parece que esa es su riqueza. Aquellos ídolos que más calaron fuertemente son los que de sus contradicciones hicieron también su empoderamiento. No necesariamente tenemos que coincidir con lo que ellos piensan y quieren, pero no se traicionan. Me parece que eso pasa con Moria. No se traiciona, y por eso es tan grande y tan importante en nuestra historia, porque es alguien que no se traiciona a sí misma”, reflexiona Manetti. Entonces, ¿qué vuelve a Moria Casán un ícono de la cultura pop argentina? Quizás sea el no tener miedo a mostrar sus contradicciones, o tal vez la forma en que se construyó como figura femenina en una época profundamente machista, apoyando y cuidando a sectores sociales históricamente invisibilizados. O quizás, simplemente, fue su lengua karatec


