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Comunicación Social (UNM)

Ciclo Nómade: la poesía recorre el oeste

Una vez al mes, estudiantes, docentes, músicos y aficionados se reúnen en distintos puntos del oeste del conurbano bonaerense para compartir poesía, música y arte. Este proyecto, llamado Ciclo Nómade, se propone brindar un espacio donde cualquiera pueda tomar el micrófono y hacer oír su voz.

En un contexto social marcado por lo digital, la velocidad y lo individual, Ciclo Nómade viene a proponer una pausa. Este ciclo de poesía, impulsado por cuatro estudiantes del profesorado de lengua y literatura, se desarrolla en la zona oeste del conurbano bonaerense. Desde ANUNM conversamos con quienes están detrás del proyecto para entender: ¿qué es Ciclo Nómade? ¿Quiénes pueden escribir poesía? ¿Qué pasa cuando la poesía deja de ser un acto solitario? 

La idea nació entre estudiantes del Profesorado de Lengua y Literatura del Instituto Superior de Formación Docente N° 29, de Merlo, quienes buscaban crear un espacio donde la poesía pudiera compartirse más allá del ámbito académico. “Ciclo Nómade surge tras la necesidad de hacer valer la voz de cada persona”, afirma Rocío Castillo, una de las coordinadoras e impulsoras del ciclo. 

“En mi caso yo tengo más acercamiento con el mundo under del rock, siempre he colaborado con acercar alguna banda para combinar y que no sea solamente poesía”, añade Facundo Cortea, quien fue uno de los primeros en sumarse al proyecto.

Los encuentros se realizan idealmente una vez al mes y en distintos lugares de zona oeste, usualmente siempre es un sábado o domingo a la tardecita noche, cuenta Castillo. “Vamos recorriendo distintos lugares y por eso también el nombre de Nómade, no nos quedamos en un solo lugar, ni lo hacemos nunca en un mismo lugar”, explica la estudiante.  Hasta ahora el Ciclo se ha realizado en lugares como El Atril Bar y Café  y El Laberinto, de Morón, y El Federal y Leones Bar, de Merlo.

“Yo empecé a escribir poesía cuando me sumé a Ciclo Nómade”, expresa Brisa Pereyra, la tercera coordinadora en sumarse. Si bien, antes había intentado escribir, fue el ciclo el que la impulsó a explorar la poesía y a compartir sus primeras producciones frente a un público, recuerda.

En cuanto a la estructura de los encuentros, estos se dividen en dos bloques. En el primero se presenta el ciclo, se hacen lecturas y luego se propone una pausa donde suele tocar una banda de rock, jazz o un solista. Luego de la pausa, continúa el bloque de lecturas y, al finalizar, se abre el micrófono para quien desee compartir una producción propia, cuenta Castillo.

Sobre las lecturas, ella aclara que pueden participar todos, dejando las puertas abiertas para quien quiera, no importa si rima o no, si tiene estructura o no. “Parte del objetivo es demostrar que la poesía no es estructura, no es rimar las últimas dos sílabas de cada verso, la poesía va mucho más allá, es hasta un lugar seguro para cuando nos sentimos mal”, expresa.

“El ciclo fue el espacio que yo busqué toda mi vida y que nunca había encontrado”, dice Luz Cárdenas, la última en formar parte del ciclo como coordinadora. Cuenta que siempre le fascinó la idea de compartir lo que escribía con más personas pero que nunca había encontrado el espacio que le da el ciclo, donde se compartiera la misma pasión por la escritura.

“Hay algo que es muy cierto y es que el lector suele estar en soledad, y eso es algo que hay que cambiar”, declara Castillo y asegura que la lectura, la poesía, la literatura y todo lo que rodea ese ámbito siempre es importante compartirlo, por eso la idea del ciclo es esa, un espacio para compartir y alzar la voz.

Crear hoy

En un contexto atravesado por lo digital, la brevedad y la inmediatez, los integrantes de Ciclo Nómade reflexionan sobre el lugar que ocupa la expresión artística hoy. “Creo que la poesía y la escritura son algo real en medio de todo lo virtual. Es el lado crudo, sincero, vivencias, pensamientos y sentimientos que la inteligencia artificial no va a poder replicar de ninguna forma”, comenta Cárdenas.

“El estar comunicados todo el tiempo es maravilloso, pero a la vez muy trágico”, reflexiona Pereyra y agrega que “actualmente todo es inmediato, efímero y en ese contexto se pierde un poco la pausa, ese momento que uno usa para pensar o reflexionar, para ella ese es el lugar que ocupa la poesía”.

Para Castillo, las tecnologías y las redes sociales representan un arma de doble filo. Explica que, por un lado, está bueno por el acceso y la promoción de la cultura, pero por otro lado, se pierde un poco la conexión personal con el otro, ya que, no es lo mismo ver un reel de alguien leyendo poesía que acudir a un lugar donde hay gente que escribe y que lo quiere compartir tomando un mate.

Por su parte, Facundo Cortea explica: “Vivimos en un mundo que nos bombardea todo el tiempo con información y eso a veces no te deja detenerte a contemplar lo cotidiano”. Para él lo interesante de la poesía es que puede tomar algo de la vida cotidiana, detenerlo en el tiempo y verlo desde otro lugar.

“De todas formas creo que no hay que demonizar a la tecnología, me parece que habría que empezar a usarla para seguir visibilizando y promoviendo todo tipo de cultura, todo tipo de arte”, manifiesta Castillo.

El poder de las palabras

“Soy y no soy

¿Qué más da?

Ser parte de todo, nada

y un poco más.”

Rocío Castillo.

“Siempre va a ser un acto de lucha escribir”, afirma Castillo. Para ella, la escritura no solo permite reflejar la realidad propia, sino también la realidad de muchas otras personas que quizás no encuentran la forma de ponerlas en palabras. Por eso, hace hincapié en la importancia de escribir, no solo de forma poética, sino simplemente escribir.

“La poesía transforma la manera en la que uno vive las cosas, ponerlas en palabras se vuelve una forma de expresión, de sanación y de depuración de todo lo que uno lleva adentro”, expresa Cárdenas. Además, agrega: “Un poema puede hacer que otras personas que atraviesen el mismo sentimiento se sientan identificadas y puedan poner en palabras lo que ellos, quizás, son incapaces de expresar”.

En cuanto a su experiencia personal, Pereyra afirma: “La poesía es muy versátil y tiene algo muy particular, que es que su estructura no es rígida, puede ser una serie de columnas, puede rimar o no, se puede contar una historia desde una imagen”. En este sentido, declara que la poesía le permite expresarse de una forma distinta a la habitual, es un espacio donde puede ser “rara”, explorar, decir lo que piensa, lo que siente y llegar a una parte que tal vez uno no conoce de sí misma. 

“El simple hecho de pensar en escribir transforma la manera en la que uno ve las cosas”, declara Cortea. A partir de esa idea, explica que la escritura también modifica la forma de pensar en el otro, ya que, quien escribe imagina a su posible lector. “La poesía tiene el poder de transformar algo doloroso en algo bello, y eso cambia, a su vez, la manera de vivir y ver el mundo”, reflexiona.

Los deseos

Lo que comenzó como un desafío de unos estudiantes por fomentar la poesía, hoy continúa creciendo cada vez más. Con el paso del tiempo, Ciclo Nómade logró formar su comunidad, participar en distintos eventos culturales y que más personas se animen a escribir y a compartir.

“Hemos cumplido varios objetivos, participamos en un libro de antología poética de autores merlenses, hemos estado en la feria del libro, publicamos nuestras propias antologías, y muchas personas nos agradecen por haber sido el primer lugar en el que pudieron compartir su poesía”, cuenta Castillo. De esos pequeños logros se va armando el sentido del ciclo, agrega.

Al margen del deseo de que el proyecto florezca, los integrantes de Ciclo Nómade tienen un objetivo claro y es acercar la poesía a la mayor cantidad de personas. Para Cortea, el desafío no pasa únicamente por la difusión, sino por lograr que “gente que tiene escritos guardados y no se anima a mostrarlos porque considera que no son valiosos, lo haga”. 

Después de haber publicado dos antologías, los integrantes del ciclo tienen más ideas. Para Brisa Pereyra, el próximo paso sería convertir a Ciclo Nómade en una editorial. “Trabajar con ellos en una editorial sería mi sueño, y yo ser la ilustradora, me encantaría”, expresa.

“A mí me encantaría que cada uno pudiese publicar su libro también y siento que a eso vamos, siento que lo vamos a lograr si seguimos así”, afirma Pereyra. “Y crecer juntos, yo creo que crecer juntos es mi deseo para nosotros”, ansía.

De la misma manera, Cárdenas expresa su deseo de que haya más difusión, le gustaría que muchas más personas descubran que hay espacios en los que uno puede recitar, que hay un espacio para los poetas. “Quisiera que encuentren su rincón en el mundo como lo hice yo”, confiesa Cárdenas.

“Para el futuro yo espero que esto siga creciendo, generar oportunidades para los autores del ciclo, que siga llegando gente nueva, que todos podamos tomar el micrófono, compartir un mate y leer”, dice Castillo.

Mientras en el mundo todo surge a gran velocidad, en el oeste un grupo de estudiantes apuestan a la pausa, al encuentro, a la expresión artística en todas sus formas, sin distinción alguna y destacando la importancia de escuchar y ser escuchados.

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