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Nuestro derecho, nuestro lugar, nuestro futuro…

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Graduada en Comunicación Social (UNM)

“No hay que dejar que nos hagan bajar los brazos”

Alejandro Robba, economista de la UBA y actual rector de la UNM, dialoga con ANUNM sobre los principales ejes de esta nueva etapa de gestión, la importancia del vínculo con el territorio y los desafíos que tiene la universidad en este contexto de desfinanciamiento.
“Seguir defendiendo la universidad pública, es una forma de soñar un país mejor”, señaló el rector de la UNM.

Robba es licenciado en Economía de la UBA y diplomado en Estudios Regionales por el Instituto Latinoamericano y del Caribe de Planificación Económica y Social (ILPES), de Chile. Tiene 64 años, está casado con Marcela y es padre de dos hijos. Con una extensa trayectoria académica y en la gestión pública, el año pasado fue elegido por la Asamblea Universitaria como nuevo rector de la UNM por los próximos cuatro años.

Dentro de algunos de sus cargos dentro de la gestión pública, se desempeñó en el Ministerio de Economía y Finanzas Públicas como Subsecretario de Coordinación Económica, y en el Banco de la Nación Argentina como vicepresidente de la empresa Nación Factoring. También fue vicepresidente de AUSA (Autopistas Urbanas de la Ciudad de Bs.As.). De 2013 a 2021se desempeñó como docente y coordinador – vicedecano de la Licenciatura en Economía del Departamento de Ciencias Económicas y Jurídicas de la UNM.

En esta oportunidad, dialogó con ANUNM para contarnos sus inicios en el mundo de la economía y los objetivos que se propone, junto con la vicerrectora Patricia Rosenberg, de cara a esta nueva etapa. Además, nos comparte su mirada sobre el modelo de país que está llevando adelante el gobierno y los desafíos que tiene la UNM en este contexto.

¿Dónde nació? ¿Cómo fue su primer acercamiento a la economía?

Nací en Luján, ahí hice la primaria y la secundaria. Después empecé a estudiar Economía en la UBA. Ahora vivo en Ituzaingó y viví muchos años en Capital, pero me sigo sintiendo lujanense e hincha de Flandria. Al principio empecé estudiando en la Facultad de Ciencias Económicas la carrera de Contador Público, más que nada por mandato familiar. Mi viejo tenía un negocio de venta de ropa y siempre imaginaba que podía llegar a ser el contador de ese negocio. En el devenir de la carrera, en la UBA, como acá, hay carreras que tienen un ciclo común. Cuando estudiaba sentía que, cuando cursaba las materias de Economía, me gustaban más que aquellas donde se hablaba sólo de contabilidad o balances. Tuve una materia que se llamó Historia Económica Argentina y mundial, donde el profesor era muy bueno y ahí fue que hice el click que me llevó a cambiarme de carrera.

¿Cuál fue su primer contacto con la UNM?

Mi primer contacto fue en el 2010, cuando se creó. Con Hugo Andrade, el rector de los primeros quince años de esta universidad, éramos compañeros en la carrera. Estudiábamos juntos con otros colegas, como Pablo Tavilla, Silvio Santantonio, entre otros que también se sumaron a esta casa de estudios desde su fundación. En el 2009 invité a Andrade a que nos acompañara en una gestión en el gobierno nacional, en lo que era la Secretaría de Política Económica. Estuvimos trabajando juntos ahí. Éramos un grupo de economistas que compartíamos las mismas ideas y el orgullo de ser hijos de la educación publica.

Cuando Hugo se convierte en el rector organizador, yo sigo en el Ministerio de Economía. Cuando termino mi gestión en el 2011 él me invita a participar y en 2013 asumo como director de la carrera de Economía. Además, dirigía el Centro de Economía Política y Desarrollo (CEEPyD) y el Programa de Seguimiento de la Coyuntura y Tablero de Comando.

En 2021 fui elegido por la Asamblea Universitaria vicerrector y el año pasado, la nueva Asamblea me dio la oportunidad de conducir la universidad como rector. Para mi es doble responsabilidad, primero por la confianza que me dio la Corriente Fundadora, que es la agrupación política que dirige la universidad desde el 2013. Y, por otro, la responsabilidad de caminar por los pasillos y saber que quienes estuvieron en esa Asamblea, mis pares docentes, no docentes y estudiantes, fueron quienes me votaron y me eligieron rector, dentro de una institución que, a partir del cogobierno, se convierte en una de las instancias de representación más democráticas y horizontales del país.

¿Cuáles son los principales objetivos que se plantean para este nuevo período?

Hay cinco propuestas clave que pensamos para esta nueva etapa de gestión. El primero es sobre la transformación curricular, que ya está haciendo todo el sistema universitario. Esto principalmente tiene que ver con aggiornar las carreras a los desafíos del siglo XXI. Por ejemplo, nos parece importante que las carreras tengan títulos intermedios y que el sistema pase de sumar horas a sumar créditos a la hora de aprobar las distintas materias. Eso se empalma con una transformación que estamos haciendo de las carreras en términos de los contenidos y la incorporación de las nuevas tecnologías. Esta transformación que llamamos coloquialmente “Los 7 puntos del CIN”, instala al estudiante en el centro de la estrategia pedagógica. El compromiso que asumimos para este año es el de tener la mitad de las carreras de la UNM ya con los nuevos programas, y llegar al otro 50% en 2027.

En segundo lugar, la UNM tiene más de dos mil egresados. Llegó el momento de desarrollar una política más activa para que esos graduados regresen a la universidad, se puedan insertar en distintas actividades, como docencia, investigación o posgrados, participen en los consejos de graduados, etcétera. Esto se entrelaza con el tercer punto que es la consolidación de la comunidad universitaria. Ya somos más de 800 docentes, 200 no docentes, más de 13 mil estudiantes, sumado a los graduados. Es decir, somos ya una pequeña ciudad UNM. Por eso, nos parece fundamental seguir profundizando en la construcción de espacios de comunidad.

El cuarto punto también es fundamental. Nosotros tenemos un laboratorio de última generación que logramos poner este año casi en pleno funcionamiento. El desafío es tenerlo al 100% de utilización tanto en temas de investigación como de transferencia de servicios a las empresas.

El quinto punto es retomar la discusión sobre la universidad del futuro, realizar la segunda autoevaluación institucional y llegar en 2027 a discutir y a aprobar nuestro segundo plan estratégico.

En el acto de asunción usted mencionó que buscará que la UNM “sea protagonista de una transformación educativa que instale al estudiante en el centro de la estrategia pedagógica”. ¿A qué se refiere con esto?

Es uno de los puntos centrales de este cuarto gobierno universitario. Hasta ahora las carreras han puesto el foco más en los docentes, en los contenidos y en la bibliografía. Muchas veces no se tiene en cuenta a qué estudiantes nos estamos refiriendo, cuáles son sus bagajes culturales, sus expectativas, sus sueños. Por eso, poner en el centro al estudiante tiene que ver con tener más información sobre ellos, por qué nos eligieron, en qué trabajan, como se componen sus lazos familiares, cuál es su relación con el barrio done viven, y a partir de eso construir carreras con recorridos de materias más flexibles, que ellos elijan sus propios recorridos a partir de sus miradas, gustos y expectativas laborales o académicas. Se trata de que el estudiante pueda hacer una carrera más a medida, siguiendo su propio recorrido y trayectoria.

Por otro lado, ¿en qué acciones se están pensando para inserción territorial de la UNM?

La nuestra es una universidad territorial, con centro en Moreno, pero con una proyección regional. Tenemos que profundizar los dispositivos de extensión y vinculación con el territorio, actores económicos, sociales, gubernamentales, etc. Al ser una universidad joven que cumplió sus primeros 15 años, era lógico comenzar por el dictado de las materias de las carreras, luego fuimos incorporando la investigación y ahora llego la hora de profundizar la relación con el territorio y, a su vez, que esas experiencias de los estudiantes sean reconocidas a través del sistema de créditos, como parte integrante de los programas de las carreras. Ese conocimiento situado y experimental va a formar parte del programa de cada carrera.

En tanto economista, ¿cuál es su análisis sobre el plan económico llevado adelante por Javier Milei desde fines de 2023?

Por las prioridades que marca del gobierno, se observa que es un modelo que está pensado para un país agrominero exportador, donde la universidad tiene poco para aportar. La universidad forma profesionales de calidad que alienten la incorporación de valor agregado a la producción local, tanto para el mercado interno como para exportar. Soñamos con un país industrial que también invierta en ciencia y tecnología. Creo que ahí está la principal diferencia que tenemos nosotros con el gobierno nacional. Hoy la falta de financiamiento hacia las universidades se enmarca en esta idea de país que tienen, con una inserción internacional pasiva y exportando productos de bajo valor agregado. No obstante, somos respetuosos de lo que el pueblo argentino votó, pero tenemos la obligación de discutir y criticar lo que nos parece que no suma para transitar el camino del desarrollo del país.

En este contexto de desfinanciamiento hacia las universidades nacionales, ¿qué desafíos enfrenta la UNM?

Toda la comunidad universitaria viene haciendo un esfuerzo muy grande para sostener las clases, la investigación y la extensión en medio de una gran caída de salarios y del presupuesto universitario. Hemos trabajado en términos de ahorro en muchas cosas. La universidad funciona gracias a nuestros trabajadores que han mantenido la convicción de que las aulas tienen que estar abiertas, con el propósito de que los estudiantes puedan acceder a la educación necesaria para conseguir un trabajo de calidad y desarrollarse en la vida laboral y comunitaria. Hemos hecho lo necesario en términos administrativos para poder encauzar algunos gastos, pero sin salarios dignos es muy difícil que se mantenga la calidad. En cuanto a la infraestructura tenemos la obra del Edificio Dorrego II, que se encuentra paralizada desde diciembre de 2023. No tenemos posibilidades para continuarlo porque ese financiamiento no existe. En estas circunstancias, es muy difícil que la universidad pueda transformar la realidad de nuestro entorno, porque sin investigación, sin condiciones laborales dignas, sin aulas ni laboratorios nuevos, sin becas, la búsqueda de soluciones para mejorar las condiciones socioeconómicas de nuestro territorio no aparece.

Por otro lado, se encuentra finalizando el Curso de Orientación y Preparación Universitaria (COPRUN) que todos los años recibe a miles de estudiantes. ¿Qué balance puede hacer sobre en cuanto a la cantidad de ingresantes de este año?

A pesar de todo, la universidad sigue trabajando y, en este sentido, ha sido esencial el rol de nuestros trabajadores para sostener las clases, continuar todas las tareas administrativas, de manteniendo y seguir convocando a nuevos estudiantes. Tuvimos más o menos 5000 aspirantes cursando el COPRUN intensivo, de los que aproximadamente 3.000 están en condiciones de ingresar a la UNM. La asistencia de cursada ha sido algo mayor al año pasado. Las comisiones más numerosas fueron las de la mañana y la tarde. Este año hemos visto la presencia de muchas familias acompañando y esperando a sus hijos durante las primeras semanas. Las carreras más elegidas fueron Abogacía, Arquitectura, las de Diseño y Contador Público.

¿Qué mensaje final te gustaría brindarle a la comunidad universitaria de cara a esta nueva etapa que inicia en la UNM?

Tenemos que seguir defendiendo la universidad pública, que es una forma de soñar un país mejor. Convoco a estudiantes docentes y no docentes a participar en todas las instancias que existen en la UNM, los consejos, asambleas interclaustros, en las aulas, en los laboratorios, para que surjan las mejores decisiones de gestión, para encontrar caminos que nos acerquen a nuestros objetivos, para buscar consensos y a no tenerle miedo al debate. Tenemos que hacer un esfuerzo entre todos para tener más activo el cogobierno, profundizar las relaciones entre los Consejos de cada carrera, así como también en el Consejo Superior. Hay un contexto nacional y mundial muy conflictivo, surgen ideas totalitarias, no se respetan las instituciones y se pone en duda el valor de la democracia. Tenemos que buscar métodos y acciones concretas para cambiar esa realidad. Estoy convencido que la universidad es un lugar para que surjan ideas transformadoras y superadoras. Porque no solo formamos profesionales, también tenemos la responsabilidad de formar ciudadanos que vuelvan a confiar en la democracia como el ámbito apropiado para el debate y la conveniencia y que consideren a la política como una herramienta de transformación. En ese sentido, la universidad tiene que interpelar a la misma comunidad y trabajar con todos y todas, escucharlos para ver cómo transformamos esta situacion crítica, de enfrentamiento, casi distópica.

En estos momentos difíciles, ante la rememoración de los 50 años del golpe cívico militar de 1976, debemos defender nuestro sistema democrático, habitar más que nunca nuestras universidades y consolidar las instancias de participación porque hoy más que nunca autogobernarse y construir comunidad es la forma de resistir la crisis de desfinanciamiento que estamos atravesado.

No hay que dejar que nos hagan bajar los brazos. Si las Madres y las Abuelas lucharon en situaciones más angustiantes que las actuales, tenemos que estar a la altura y seguir su ejemplo.

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