
Fermín Pichel, barbero y formador de 27 años de Chacabuco, comenzó a los 15 años casi sin planearlo. “Empecé en el mundo de la barbería por casualidad. Me cortaba el pelo solo y un amigo del barrio me pidió que le cortara a él”, cuenta el formador. Ese primer corte se repitió semana tras semana, y pronto se sumaron más amigos.
Al principio, cobraba montos mínimos, Fermín cuenta: “Arranqué cobrando 20, 50, 100 pesos. Hasta que me di cuenta de que realmente podía ser un trabajo”. Ese momento fue clave: decidió invertir en su primera máquina propia y realizar un curso. “Ahí fue cuando me empecé a dedicar mucho más a cortar”, afirma el barbero.
Para Fermín, la barbería es un ejemplo claro de oficio accesible, dice que “no requiere tanta inversión como otros rubros. Todo el mundo, tarde o temprano, necesita cortarse el pelo”. Según su experiencia, los primeros clientes llegan rápido y suelen quedarse, porque ven el progreso del barbero y acompañan su crecimiento.
Hoy, además de tener su barbería, Fermín dicta seminarios, cursos y forma jóvenes en todo el país. Sus formaciones incluyen no solo técnica, sino también atención al cliente, negocio y desarrollo personal. “Creo que siempre somos aprendices. Trato de formarme al menos una vez por mes”, afirma el barbero. Para él, la clave no es solo el talento. Fermín cuenta que “no hace falta tener ganas de tener éxito. Ganas tenemos todos. Hace falta tener ganas de hacer el esfuerzo que conlleva alcanzarlo”.
Su historia demuestra que la barbería no exige grandes capitales para comenzar. Con una máquina básica, práctica constante y ganas de aprender, muchos jóvenes logran generar sus primeros ingresos. Esto resulta clave en un país donde el acceso al empleo suele estar condicionado por la experiencia previa o los estudios formales.
La barbería como ingreso temprano
Joaquín Bartolomé tiene 17 años y vive en Luján. Su historia representa a muchos jóvenes que buscan una alternativa laboral mientras estudian. “La barbería siempre me gustó, me la pasaba mucho tiempo en barberías”, explica el joven. Decidió probar suerte y realizó un curso inicial y otro de perfeccionamiento.
Recién iniciando en el rubro, invirtió alrededor de 270 mil pesos en formación y herramientas para empezar. Hoy trabaja a domicilio o desde su casa, mientras da sus primeros pasos como barbero profesional. Su principal forma de conseguir clientes es el boca en boca, Joaquín afirma: “Mis amigos y clientes me ayudan mucho recomendándome
Aunque reconoce dificultades, como no tener todavía un espacio fijo, Joaquín valora la posibilidad de generar ingresos propios desde joven. En un contexto económico adverso, la barbería le permite ganar experiencia laboral real y proyectar un futuro claro: tener su propia barbería y enseñar a otros.
Para jóvenes como Joaquín, la barbería significa algo más que dinero: es independencia económica temprana, responsabilidad y experiencia laboral real. Además, permite organizar los tiempos y combinar el trabajo con el estudio.
Del oficio al emprendimiento: cuando la barbería se vuelve empresa
Nicolás Royero, de 25 años, es dueño de su propia barbería en Luján llamada Royerbarber. Abrió su local en 2024, luego de ocho años trabajando en el rubro. “Sentía que ya tenía la experiencia suficiente para afrontar la responsabilidad y las herramientas para llevarlo a cabo”, explica el barbero
En la actualidad, Nicolás sostiene un promedio de 160 clientes por mes, una cifra que refleja la consolidación de su barbería en la ciudad. Su recorrido en el rubro comenzó de manera informal y autodidacta: “Teníamos un amigo que nos cortaba el pelo para salir a bailar y un día alguien tenía que hacerlo. Ahí fue el primer contacto que tuve con una máquina”, recuerda el dueño.
Con apenas 14 años empezó a cortar a familiares y amigos, primero sin cobrar y luego viendo que podía generar ingresos Nicolás explica: “Me di cuenta de que ganaba lo mismo que haciendo otros trabajos que no me gustaban, pero acá estaba haciendo algo que realmente me apasionaba”. Con el paso de los años, esa experiencia se transformó en su profesión y, finalmente, en su propio emprendimiento.
Antes de abrir, trabajó en al menos cinco barberías diferentes y también de manera independiente. Para Royero el paso a tener un local propio significó libertad. Él comenta que “siendo dueño iba a tener una libertad que bajo patrón no tenía”. La inversión inicial fue de aproximadamente 500 mil pesos, sin contar las herramientas, que ya había adquirido a lo largo de los años.
Más allá de los números, Nicolás destaca que la barbería genera movimiento económico constante. “Cada mes hay que pagar alquiler, impuestos, reponer insumos. Todo eso también mueve la economía”, señala el barbero. Además, remarca la importancia del servicio; el dueño dice que “no es solo cortar bien. Importa la limpieza, la organización, cómo tratás a la gente. Si la persona se va contenta, vuelve”.
Trabajar en barbería: ingresos según el esfuerzo
Aron Pozzaglio tiene 22 años, es de General Rodríguez y trabaja desde hace cinco años en una barbería de Luján. Empezó a los 16 como hobby y hoy vive del oficio. Su sueldo depende del porcentaje por corte: “A mayor cantidad de cortes, mayor es el ingreso”, explica el joven.
“En promedio hago unos ocho cortes por día, pero los fines de semana son mucho más”, dice Aron. Este sistema motiva el esfuerzo y la mejora constante, algo valorado por muchos jóvenes. Además, el rubro permite aprender en equipo, desarrollar un estilo propio y proyectar a futuro. Para Aron, el objetivo es claro: tener su propio local y crecer profesionalmente. Para el joven, la barbería es una escuela constante: se aprende técnica, trato con el cliente y disciplina laboral. Aron sostiene que “podés nutrirte de otros barberos, pero siempre manteniendo tu estilo”
Para Fermín Pichel, el crecimiento del rubro es evidente, y afirma: “Hoy en día ser barbero está mucho mejor visto. Antes no era así”. Según su experiencia como formador, la demanda de cursos aumentó notablemente, al igual que la cantidad de personas que viven del oficio. “La barbería en Argentina le da de comer a muchísimas familias, más de las que imaginamos”, dice el formador.
La combinación de baja inversión inicial, demanda constante y posibilidad de crecimiento convierte a la barbería en una herramienta clave para la economía juvenil. Permite generar ingresos propios, fomenta el emprendedurismo y fortalece la autoestima laboral.
Hoy, miles de jóvenes encuentran en la barbería una herramienta concreta para independizarse económicamente y aportar, al mismo tiempo, al movimiento económico local. Las historias de barberos de distintas edades y trayectorias muestran que no existe un único camino para ingresar al rubro, pero sí algunos puntos en común: empezar de a poco, capacitarse constantemente y sostener el esfuerzo en el tiempo.
Los protagonistas coinciden en un consejo central: no apurarse y no compararse. “No tengan miedo a equivocarse. Cuantos más errores acumulen, mejor”, aconseja Fermín, el formador. Nicolás suma: “Primero hay que sentirse seguro de poder hacer cualquier corte. Eso te lo da la experiencia y el trabajo”.
Para quienes están pensando en empezar, la barbería aparece como algo más que un oficio: es una posibilidad real de construir trabajo, identidad y futuro, desde el esfuerzo propio. El mensaje es claro: con ganas, formación y compromiso, esta profesión puede convertirse en una herramienta real para crecer y sostenerse económicamente.


