
Pasadas las 11 de la mañana y en medio de un fuerte estruendo de aplausos, Edgardo ingresó al aula donde tenía previsto dar su entrevista e inmediatamente colgó en su mesa un mapa político de la Argentina bicontinental y sus correspondientes límites territoriales. Hacia el final, explicó por qué le pareció relevante tenerlo, en su esfuerzo por malvinizar y soberanizar los espacios: “Argentina es un país bicontinental por ley, este mapa está aprobado por la Constitución y es parte de nuestras nuestras raíces: por eso es importante tenerlo acá”.
La charla tuvo su inicio con una breve recapitulación de aquello que lo motivó a escribir, apenas unos años después de haber vuelto de las islas: “El pueblo no quería hablar de Malvinas, hubo un silencio muy grande que me ahogaba. Yo necesitaba escupir el dolor, sacar la bronca y ahí empezó en el ‘85 mi proceso de escribir, sin saber cuál era el destino”. Así dió inicio a la escritura de Iluminados por el fuego, su primera novela inspirada en Malvinas, publicada en 1993 y con su propia adaptación cinematográfica (con participación de Esteban en el proceso) en 2005.
Sobre La última batalla, contó que en 2020 recibió un llamado de una periodista que le avisó que su vieja cédula militar estaba siendo vendida en un sitio de compra y venta en Inglaterra. Allí comenzó un largo proceso judicial y diplomático que concluyó en su recuperación y en una sentida reflexión del escritor: “Recuperé mi cédula militar y no fue menor, porque si yo pude recuperar mi identidad, esto que para muchos puede ser una pavada, un cartón, ¿cómo no vamos a seguir peleando por la recuperación de nuestras islas?”.
También se le consultó sobre un pasaje de su libro acerca de Bernard (nombre de fantasía que le dio al comprador de su cédula) y una comparación con “Funes el memorioso” de Jorge Luis Borges, que Esteban elocuentemente vinculó al ejercicio de la memoria de un pueblo: “Como en el cuento de Borges, hay que potenciar y trabajar la memoria para que no se vaya desintegrando, como si fuese un auto con espejos retrovisores en el que vamos viendo qué vivimos y qué nos pasó, lentamente, para no cometer los mismos errores y poder ser mejores”.
Al ser una charla presenciada por una mayoría de estudiantes de Comunicación Social, también hubo curiosidad por las formas de informarse que tenían los soldados en las Islas Malvinas. “Estaba la cadena Azul y Blanca, conformada por Radio Rivadavia, Radio del Plata y Radio Nacional, que siempre contaba lo que no pasaba allá. Lo que llegaba perfectamente eran dos radios uruguayas, Radio Carve y Radio Colonia que daban con precisión lo que pasaba. Esa fue la fuente de información, pero era todo un tema juntar las pilas”, relató Esteban sobre su tiempo en la guerra.
Una situación particular vivió cuando leyó en los diarios argentinos, alrededor del 25 de mayo de 1982, que las tropas argentinas habían hundido al buque británico Canberra. En ese mismo buque viajó él unas pocas semanas después y un 19 de junio de 1982 (tan solo 5 días después de la rendición de las fuerzas militares argentinas), arribó a Puerto Madryn en condición de prisionero de guerra: “Ahí me dí cuenta de que la gran derrotada en la guerra, es la verdad”.
En vísperas de la Copa Mundial de Fútbol 2026, Esteban realizó un paralelismo con aquel Mundial de 1982, que coincidió exactamente con el período final del enfrentamiento y entre risas, cuenta: “Recuerdo la desesperación por escuchar la inauguración del Mundial del ‘82, el 13 de junio estábamos en medio del bombardeo de la batalla final, pero debutaba Maradona”. También, destacó el carácter vital del fútbol en una situación tan extrema: “Era el puente a la vida, buscarlo a José María Muñoz [relator de fútbol] y que nos diera vida porque era un refugio dentro de la tragedia”.
Para finalizar la charla y continuar ejercitando la memoria malvinizadora, Esteban decidió compartir una anécdota y deseo final: “Si yo les digo que mi sueño antes de morir es ver nuestra bandera flamear en Malvinas, me dirían que es una fantasía. Pero estos libros me permitieron hacer cosas maravillosas como viajar a la Antártida con mi amigo León Gieco a ver las estrellas. Si yo les hubiera dicho que ese era mi mayor sueño, también me habrían dicho que era una fantasía, pero lo hice. Nada es imposible: tenemos que seguir trabajando, construyendo esperanza, sabiendo que es el sueño de muchos. Quizás yo no lo vea, quizás ustedes y si no, nuestros hijos. Pero sigamos malvinizando, porque algún día la bandera celeste y blanca tiene que flamear en Malvinas”.


