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Comunicación Social (UNM)

Fusilamientos del 9 de junio de 1956: ¿la hora de la Justicia?

a 70 años de los fusilamientos del 9 de junio, ordenados por la "Revolución Libertadora", habla Daniel Brion, hijo de una de las víctimas. Esta semana comienza el juicio en San Martín que buscará esclarecer los detalles de los crímenes.
Daniel Brion, en la sede del Juzgado Federal en lo Criminal y Correccional N° 2 de San Martín (que investiga los fusilamientos de los basurales de José León Suárez como delitos de lesa humanidad). En la foto se encuentra Evita Morales, quien fuera presidenta de la  Comisión por la Memoria, Verdad y Justicia de San Martín ( a la izquierda, de campera negra), y que falleció en marzo pasado, y otros militantes.

Nueve meses habían pasado desde que un golpe de Estado había derrocado a Juan Domingo Perón e instalado la autodenominada “Revolución Libertadora”, cuando Pedro EugenioAramburu, ya al mando del país. inició el 9 de junio de 1956 una represión que, en tres días, produjo los asesinatos de 18 militares y 13 civiles. Estos fusilamientos abortaron el levantamiento encabezado por los generales Juan José Valle y Raúl Tanco, quienes buscaban restablecer a Perón como presidente constitucional de Argentina.

En ese contexto, se aplicaba el Decreto 4161 donde se prohibía mencionar a Perón y exaltar cualquier símbolo del justicialismo. Además, Aramburu congeló salarios y permitió la entrada del Fondo Monetario Internacional (FMI) al país y dejó preparados decretos que establecían la ley marcial y la pena de muerte. Así, los combates entre las fuerzas militares y los sublevados tuvieron lugar entre las horas de la noche del 9 de junio, mientras que los fusilamientos se produjeron a la madrugada del día siguiente.

En una casa de la localidad de Florida, al norte del Gran Buenos Aires, detuvieron a 12 personas que se encontraban allí la noche en cuestión. Los detenidos fueron trasladados a los basurales de José León Suárez, donde tras la balacera cinco de ellos fueron asesinados y siete pudieron escapar. Meses después, en un café de La Plata, el periodista Rodolfo Walsh escuchó a alguien que decía “Hay un fusilado que vive”. A partir de eso, Walsh encontró a Carlos Livraga – el fusilado que vive –, quien proporcionó su testimonio para la creación del libro Operación masacre.

Daniel Brion, de 74 años de edad, es hijo de Mario Brion, quien fue asesinado en el basural de José León Suárez. Daniel es escritor e investigador de la historia argentina y autor del libro El presidente duerme. Estudió abogacía y psicología social y presidió el Instituto por la Memoria del Pueblo (IMEPU). Ha dedicado gran parte de su vida a la reconstrucción de los hechos que involucran la muerte de su padre y sus compañeros.  Asimismo, en este mes declarará en el juicio por la Verdad, causa impulsada por familiares y organismos de Derechos Humanos que busca esclarecer los asesinatos de 1956.

Hablemos sobre la noche del 9 de junio de 1956, ¿cómo conoció la historia de lo que pasó en realidad?  ¿Cuándo empezó a tomar dimensión de lo sucedido?

Mi madre al principio no me contó nada. Creo que esto es una generalidad entre los familiares para los que éramos apenas chiquitos; fue tan grande el terror que ellos sembraron, que la única diferencia que tuvo esto con el bombardeo a la Plaza de Mayo, es que uno se hizo por el aire y este se hizo en la tierra.

Entonces, cuando iban a preguntar a la casa de alguien, muchos tenían prohibido mencionar que eran hijos de un peronista, porque si no eran severamente castigadas las familias. Yo tomé dimensión cuando me lo contaban los suboficiales de Valle. Mi madre recién pudo soltar palabra de lo que había pasado con Néstor. Cuando Néstor estaba en el gobierno, mi madre un día me miró y me dijo: “Ahora sí no tengo más miedo y te voy a contar un montón de cosas”. Recién en ese momento mi madre dejó de tener miedo. Le voy a contar hasta una anécdota personal de ella: tuvo la clásica caída que dicen cuando un viejito se cae o una viejita se cae y se rompió la cabeza de fémur. La internaron para ponerle una prótesis. Y la cuidaba mi señora unas noches, otras, mi otra hija. El temor de ella ¿sabe cuál era? – la cabeza en esos momentos a la gente mayor a veces le empieza a traer recuerdos feos o lindo – En este caso soñaba que los enfermeros que le iban a visitar o las enfermeras pertenecían a esas fuerzas de represión que hubo en el 56 y le decía, “Por favor, por favor, sálvenlo a Daniel, lo vienen a buscar, lo van a querer matar él también”. Imagínese hasta dónde estaba el temor.

Ese es el temor que infunden estas dictaduras asesinas en la gente. Y por eso hacen lo que hacen. Y después terminan impunes, como decía Hobbes en el Leviatán: “no hay mayor crimen que se comete, que el que se comete a sabiendas de su impunidad”.

¿Cómo fueron sus comienzos en la militancia?

En mi caso yo empecé a militar a los 8 años. A los 8 años yo era bastante protegido, gracias a Dios por los suboficiales que hicieron el ejército de Valle en la Revolución del 9 de junio. Uno de ellos fundamentalmente fue como un padre para mí, que es el sargento Porfirio Calderón, tanquista. Yo tenía que llevar debajo del suéter o la camisa, depende si era verano o invierno, una cinta de un grabador o una carta o un sobre o un panfleto o algo y ellos me decían, “en tal número lo dejas”.  Yo entraba, era en esas casas normalmente que tenían un zaguán largo, tipo chorizo y las puertas se asomaban a ese zaguán y yo dejaba lo que me decían en el número de puerta que me habían dicho y salía, doblaba y ellos me esperaban a las dos cuadras, como si hubiera seguido derecho, me subía y ahí me volvía a atrás.

Esa fue mi primera actitud militante. De ahí para acá.  Salvo en la resistencia armada, en la cual no participé, pero sí participé en la secundaria y sí participé en la universidad cuando en la universidad recién comenzaba Alfonsín con su Franja Morada.

Siempre estando contra todas las dictaduras que subieron, he tenido el honor que la Cámara de Senadores me haya extendido un diploma por mi permanente actividad en defensa de la democracia, es lo que hice siempre: estar en contra de estos Gobiernos, como lo estoy de este Gobierno que, si bien, es democrático, tiene toda la característica de una oligarquía dictatorial y seguiré en contra también de esto. Nunca he cambiado de bando, nunca he mantenido puesto en listas ni peleado posiciones para ser ni diputado ni senador de ni ayudante ni ministro. Siempre lo hice desde el pie. Con mis libros, con mi prédica, con mi charla y con todo lo que puedo apoyar. Y eso es más o menos lo que vengo a hacer.

¿Tiene algún recuerdo de la vida con su papá?  ¿Su mamá le contó cómo era la vida familiar antes de los asesinatos?

Yo tenía 4 años cuando mataron a mi papá. En realidad, tuve muy poco tiempo para vivir con él. Tengo algunos flashes que siempre los cuento porque me pone muy contento. Que es cuando él me enseñó a silbar, o cuando yo tenía 4 años en un lugar, me acuerdo perfectamente cómo era el lugar. Y me acuerdo de una picardía que hicimos cuando él me llevaba en el manubrio de su bicicleta: en aquella época allá en Florida había muchos lugares que tenían sus huertas y demás, y nos llevamos un zapallo de una de esas huertas y mi mamá hizo dulce de zapallo. Esos son los dos recuerdos que yo tengo de mi padre.

Retomemos el tema de la noche del 9 de junio. Está el libro Operación Masacre, de Rodolfo Walsh,  que es tomado como la historia más conocida de ese hecho. ¿Qué implica ese libro para usted? ¿Qué mirada tiene al respecto?

Ese libro implicó para mí la necesidad de escribir el mío. Walsh escribe en su libro que se trataba de un grupo de perejiles. Primero, el único que no estaba comprometido con lo que Walsh llama “motín”, era el famoso fusilado que vive, Livraga, porque ahí lo llevan entre Carranza y Garibotti cuando iban caminando para esa casa.

Y por más que digan que esto se lo contó ese señor, se llevaron doce, bajaron siete en el basural, cayeron cinco, y hay siete que se salvaron, que podían haber contado perfectamente qué era lo que estaban haciendo en esa casa. Sin embargo, hablando mal y pronto, el que llega a Operación Masacre, sin un posicionamiento político previo, puede llegar a pensar que eran 12 boludos que escuchaban la radio y jugaban el truco y que los mataron sin que tuvieran nada que ver con lo que pasaba. En realidad, Walsh no cuenta cómo murieron 31 entre el 9 y el 12 de junio. No murieron solo cinco en el basural de José León Suárez.

Por eso escribí mi libro que se llama El Presidente duerme, que es donde cuento un capítulo por cada lugar y los capítulos terminan con los nombres de quienes mataron en cada uno de esos lugares, también asesinados.  Cayeron 31. Me lastima, aunque mi padre haya sido uno de esos cinco, que cada vez que se hable de este tema, hablen del basural. Y los otros parece que no hubieran existido. Entonces me dije: “Yo tengo que escribir esto”. Y empecé a investigar.

Entonces, que no se cuente todas estas cosas realmente a mí me indigna, porque cada vez que se habla de junio del 56 sale el tema los basureros de José León Suárez. Y yo tenía algo que hacer en esto, tenía algo que decir. Bueno, eso es lo que dice mi libro. Y después a medida que fue publicándose, ahora está por la sexta edición: cada vez que aparece una edición nueva, aparecen testigos nuevos que agregan cosas.

Volviendo a la actualidad, este junio se realizará el Juicio por la Verdad sobre la masacre del 56, ¿usted está en la causa? ¿Cómo fue el proceso del juicio?  

Acá hay un mérito enorme de Evita Morales, que presidía la Comisión por la Memoria, la Verdad y la Justicia de San Martín – acaba de fallecer de un cáncer terminal que la tuvo 2 años sufriendo, pero sin dejar de militar –. Ella fue la que impulsó todo este tema judicial y gracias a un abogado que nos representa en forma gratuita y que ha venido luchando hasta que ahora se logró que pase a juicio oral para declarar los crímenes de lesa humanidad. He tenido el gusto de llevar el libro ante el juez del tribunal y ha sido incorporado como prueba junto con Operación Masacre en la causa.

Y entre el 2 y el 9 de junio comenzaría el juicio con declaraciones como testigos.  Ahí iremos los hijos de todos de los que fallecieron cada uno a contar que pasó con su padre, reitero que en todos los lugares no pongamos más “los fusilados en junio de 1956” fueron asesinados. Yo lo llamo a la lógica.

Si yo llevo 12 personas a las 3 a.m. a un basural donde no hay luz y les digo, “Corran”, y le tiro por la espalda, ¿eso es un fusilamiento? Si yo tomo prisioneros y las hago salir al patio de la distrital de la policía de provincia de Buenos Aires y la voy matando a medida que salen. ¿Eso es un fusilamiento?

Después de tanta investigación y tantos años, ¿qué piensa sobre su padre y sobre lo que sucedió? ¿Cómo ve su figura y sus accionares?

Yo creo que hizo lo que tenía que hacer. Que siguió fiel a su pensamiento, siguió fiel a defender la Constitución, la soberanía popular y la vigencia de lo que estos llaman populismo y que no era nada más que asistencia social.  Y se jugó la vida tratando de pensar en el pueblo y pensando en la patria. Lo único que yo le cambiaría es que muchos dicen, “Los mártires del 56”. Y les aclararía a todos, los que hablan de eso, que ellos no son mártires, fueron héroes.

Ellos fueron héroes, que aun sabiendo que el movimiento ya estaba vendido y que los iban a estar esperando en algunos lugares para hacer lo que hicieron, dijeron, “Igual tenemos que ir porque de esta manera demostramos al pueblo de que hay un movimiento que se está generando”.

Para cerrar, la última pregunta es ¿qué piensa usted de la situación actual del país? ¿Cómo se imagina el futuro de las y los argentinos?

Cuando yo miro mi país en este momento me da vergüenza ajena: cuando veo que trata de poner bajo la alfombra la suciedad que hace su jefe de ministros, su ministro de economía y todos sus éxitos, su hermana, lo que hace el presidente, cuando juega con billeteras virtuales, cuando dice lo que dice, cuando insulta a su pueblo, él se tiene que acordar que todo el pueblo no lo votó, él ganó por el 40%, hay un 60% que no lo votó.

Encima me hacen sentir como si me tomaran el pelo, porque me quieren hacer creer que hay mayor empleo, de que nos está yendo bárbaro, que la inflación este mes bajó. Es como que siento que me toman el pelo. No veo la hora que se vaya.

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