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Comunicación Social (UNM)

Día Internacional de los Museos: tres espacios, el mismo fin

Los museos luchan por sobrevivir y seguir con la difusión de la cultura. Hablan referentes del Museo Argentino del Títere y de dos espacios en zona oeste.
Títeres en el museo fundado por Mane Bernando y Sarah Bianchi, en el barrio porteño de Palermo.

Cada 18 de mayo se celebra el Día Internacional de los Museos, que busca concientizar a la sociedad sobre la importancia de ese tipo de espacios. Como el Museo Argentino del Títere, que “ha luchado mucho por sobrevivir económicamente”,  según cuenta Rafael Curci, autor y diseñador de La Matanza, discípulo del gran artista titiritero Javier Villafañe. En esa institución están las réplicas precolombinas, los títeres indonesios, las marionetas de la compañía Rosete Aranda y las máscaras y las figuras tradicionales latinoamericanas, quietas y expectantes. Y cada tanto “en el miniteatro del espacio salen a la vida, para alegría de los estudiantes y de los vecinos del barrio”, acota Curci, conjuntamente con Emiliano Romero, director del  museo.

El espacio fue creado en 1983 por las artistas y divulgadoras del teatro de títeres en Argentina Mane Bernardo y Sarah Bianchi,  cuenta el actual responsable. En principio, fue itinerante, como el carro de Villafañe, y se realizaron más de cincuenta exposiciones en todo el país. No tenía una sede física, hasta 1996, cuando se instaló en lo que había sido la casa natal de Mane Bernardo, en la calle Estados Unidos 802.

Este museo depende de la fundación que lleva el nombre de Bernardo y Bianchi, y bajo el cual se organizan, también, la Biblioteca, que posee más de mil títulos dedicados a la historia y técnicas titiriteras, y el archivo del títere, lo cual lo transforma en sede de estudios y de investigación teatral. Aparte cuenta con un auditorio, llamado Federico García Lorca, donde se estrenan piezas dramáticas de títeres, para niños y adultos.

Presente en el recuerdo, entonces,  Los títeres de cachiporra y el Retablillo de don Cristóbal, del genial poeta español, y desde luego, no faltan a la cita, la memoria de Villafañe, atleta de lo afectivo, con sus muñeco Maese Trotamundos.

Otro personaje, este de carne y hueso, también tiene su museo: Florencio Molina Campos. En Moreno, hay un establecimiento que homenajea al artista, cuyos personajes fueron moldeados y llevados al cine nada menos que por Walt Disney. Sito en Avenida Molina Campos y Victorica,  reabrió en junio de 2024, tras dieciocho años de cierre, y posee más de ciento treinta obras y mil objetos personales del artista. La puesta en valor, impulsada por la Comisión de Patrimonio Cultural (desde 1988 y, nuevamente en funcionamiento en 2020), el gobierno de la provincia, el municipio y la comunidad morenense, rescató el patrimonio artístico de la Fundación.

Hernán Tulissi, director general de Museos del distrito, recuerda que, en 2021, ante el peligro de la venta de la galería, convocó “a una asamblea popular, que devino en un abanico de acciones de medidas cautelares, y se pudo judicializar”. El funcionario agrega: “Sentía que la batalla estaba perdida, y no podía dormir”. La mayor tensión surgió ante la amenaza de que se vendiera el edificio, en medio del abandono y el desconcierto general, cuando los cuadros ya no estaban, y la única manera de que se restituyeran era mantener el arraigo, el mismo museo. “Pero el museo es el contenido, no específicamente el contenedor”, define Tulissi; por eso, en primera instancia era prioritario recuperar los cuadros y las pertenencias, que estaban, algunas, en Areco y otras, en Luján.

Por otro lado, el Museo Manuel Belgrano de Bellas Artes de Moreno, convoca a la muestra municipal “Salón 25 de Mayo”, que se exhibe en su sede de Vera 249. Rosa Andrade, la directora de la Asociación Amigos del Museo, expresa: “Quiero animar a los artistas a participar y a recordar, con Nellie de Curia, la fundadora del museo (Nota del r: en 1981, con Adelina García, directora de Cultura en ese entonces), que somos militantes del arte”. En este alegre encuentro, también “en medio de dificultades” para desarrollar el arte, están invitados los realizadores de diferentes disciplinas: “Se unen la fotografía, la escultura, técnicas mixtas de relieve y óleos, estructuras en metales, semblanzas y retratos a pincel”. Lugar de convergencia de estudiantes, familias, comerciantes y empresarios de los barrios, una audiencia, en general, que se ve vinculada con su devenir cotidiano.

En suma, todos los responsables de los museos reconocen el valor de las redes digitales, y, por supuesto, de los medios tradicionales, como las sociedades de fomento, los clubes, las escuelas, con el fin de interesar y de divulgar sobre los eventos programáticos. En Moreno, tierra de restos prehistóricos, donde se han excavado huesos de dinosaurios, hay también un museo paleontológico y de ciencias naturales, además del de Bellas Artes; el histórico de Amancio Alcorta; el de Malvinas, colindante a Plaza Buján; el Museo Rancho Los Estribos, cercano al río Cascallares, donde vivió y pintó Molina Campos. Este último, el Rancho y el de Malvinas Argentinas, fueron recuperados y creados en la gestión de Tulissi.

Justamente, el mismo Molina Campos había advertido: “Triste será que las futuras generaciones nos pidan cuentas, triste será que no podamos decirles qué fue del gaucho y qué hemos hecho por mantener la tradición nacional”. Esta reflexión bien puede trascender y definir a los que protegen la historia y las obras de los museos. Pero, en una época de dispersión y de impedimentos, la comunidad es necesaria para unir impulsos y debiera involucrarse. Vuelven a reforzar el pensamiento y la preocupación de Molina Campos la función identitaria y social de los museos.

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