
Ayer se realizó la cuarta Marcha Federal Universitaria en reclamo al gobierno nacional por la implementación de la ley de Financiamiento Universitario que lleva más de 200 días sin aplicarse. Los centros de las distintas ciudades del país se llenaron de personas que exigieron su cumplimiento en respuesta a una convocatoria realizada por la Federación Universitaria Argentina (FUA), el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) y el Frente Gremial Universitario.
Estas organizaciones, en conjunto con autoridades académicas y agrupaciones estudiantiles leyeron un documento durante el acto en Plaza de Mayo, el epicentro en la Ciudad de Buenos Aires, en el que denunciaron la crítica situación presupuestaria. “Las transferencias a universidades nacionales registraron una caída real acumulada del 45,6% entre 2023 y 2026”, sostuvieron ante el público atestado y aseguraron que esto afecta todas las funciones sustantivas y “ubica en la actualidad a los salarios universitarios en su nivel más bajo de los últimos 23 años”.
El eje principal del reclamo fue la recomposición salarial de los trabajadores del sector y de las becas estudiantiles. Se denuncia la renuncia de más de 10000 docentes, la paralización de obras, la reducción de los proyectos de investigación y la dificultad para sostener el funcionamiento de las universidades, inclusive de los hospitales escuela, que brindan un servicio de extensión a la sociedad y también forman a los futuros profesionales.
En el acto se expresó que es importante hacer reverberar el resto de las luchas: discapacidad, jubilaciones, salud, diversidades, alimento, recursos naturales, industria nacional. En este sentido la convocatoria de diversos sectores da cuenta de una articulación con movimientos sociales, gremios y partidos políticos ligados a la izquierda y al peronismo.
Los congregados arriba del escenario denunciaron “la ruptura del acuerdo democrático de la división de poderes” ya que el Poder Ejecutivo se alzó contra los otros dos poderes: ignoró la ley sancionada por el Congreso y los fallos de la Justicia que ordenan su aplicación. “Le pedimos a la Corte Suprema que no permita que el gobierno nacional siga incumpliendo la Ley de Financiamiento Universitario”, continuaron.
Desde la política hasta la cultura
Juan Grabois, diputado de la nación, presente en la marcha, en conversación con ANUNM dijo: “La universidad pública argentina es constitutiva de nuestra identidad. Es un camino de movilidad ascendente para un montón de pibas y pibes que encuentran, en las universidades, particularmente las del conurbano, oportunidades para mejorar su vida, su desarrollo personal y el colectivo”.
Por su parte, Natalia Zaracho, también diputada nacional, expresó que hay que defender la educación pública y que le gustaría que la consciencia de movilización se replique en otras agendas igual de importantes. Sostuvo: “Hay mucha gente deprimida que dice que los políticos son todos lo mismo. Bueno, no. Hay distintos modelos. El que está gobernando hoy claramente no piensa en las mayorías ni en el desarrollo de las personas”.
En la misma esquina, camino a la Plaza, Nicolás Trotta, ex ministro de Educación, señaló que esto le genera un costo político al gobierno y que “frente al ataque que está sufriendo el sistema universitario nacional y la matriz científico tecnológica, esta movilización reafirma el compromiso que tiene la sociedad, todas las familias argentinas, en defensa del sistema universitario.”
Figuras culturales importantes también hablaron con ANUNM acerca de la importancia de la marcha. La reconocida escritora argentina Claudia Piñeiro dijo que “la universidad pública es una de las mejores cosas que tenemos: es gratuita y de altísima calidad. Permite la movilidad social: que cualquier persona pueda acceder a la cultura y a la educación. No entiendo por qué se empeñan en destruirla”
También Daniel Santoro, artista plástico, se manifestó muy contento por la cantidad de gente presente y expresó: “Todos tenemos que estar porque la defensa de la educación pública es sustancial. Este cretino que tenemos de presidente lo único que busca es achicar la nación y entregarnos de pies y manos”. Como la mayoría de las personas presentes en las calles, el día de ayer, considera que el lugar de la resistencia es el más importante que podemos ocupar.
Voces desde las universidades
Juan Kaczan, docente del Departamento de Ciencias Aplicadas de la Universidad Nacional de Moreno, sostuvo que se debe “defender la universidad pública de un modelo que quiere que cierre” y que no necesita que los estudiantes tengan un proyecto de vida ni un pensamiento crítico. “No quieren que existamos. Tengo la esperanza de que la Corte Suprema escuche el reclamo y resuelva el conflicto. Hoy es un día clave para levantar la voz y decir que queremos otro modelo”, agregó.
Otra docente universitaria, en tanto, que prefirió no dar a conocer su identidad, destacó que “teniendo en cuenta el paso del tiempo, la política de desfinanciamiento ya se vuelve estructural”. También sostuvo que hay que marchar porque en consecuencia de marchas anteriores el gobierno tuvo algunos gestos importantes pero “esto lo que hace es que nos sostengamos. Estamos resistiendo pero no estamos creciendo. Hay una decisión política para que las universidades nacionales no crezcan”.
Como un lema que se repite, “estamos resistiendo”, declaró Lorena Pennini, trabajadora no docente de la UNM y flamante graduada de la Licenciatura en Trabajo Social. “Más allá de la cuestión económica se esconde una cuestión simbólica que es la de quitarle valor a la universidad pública”, dice y refiere al territorio de Moreno como uno en el que las personas jamás se pensaron a sí mismas como profesionales. “Lo vemos en las colaciones, cuando asisten las familias, la emoción que circula es de orgullo total. Más allá de pedir que se cumpla la ley es construir que nos merecemos el derecho de poder soñarnos profesionales.”
El desfinanciamiento universitario generó renuncias docentes y la expulsión de estudiantes por la incapacidad material de seguir cursando. Julieta Rico, estudiante de primer año de Comunicación Social en la UNM, comentó: “Estoy acá porque me da mucho miedo no poder estudiar lo que a mí me gusta. Hay algo de no poder cumplir ningún sueño”. Con la emoción contenida, se mostró preocupada por el arancelamiento de la universidad: “Yo soy de las personas que se quedan afuera. El año pasado mi viejo se quedó sin laburo y ellos siempre priorizaron que tenga acceso a la educación”.
En una marcha que dura horas, la llegada a la plaza resulta imposible por momentos. Una familia se detiene y escucha a los voceros de la lucha. Una madre, un padre, una hija estudiante. Alejandra Amantini es docente de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y su hija estudia Psicología. Salieron a la plaza porque el sueldo de Alejandra es de doscientos mil pesos pero, sobre todo, porque, según afirmó, “desfinanciar la educación pública es condenar a un país al fracaso”.
La educación pública argentina es de máxima calidad, con profesionales altamente calificados, que construyen conocimientos para el desarrollo social y económico de la nación. Gracias a ella somos el país que somos. Sin embargo, Amantini cree que “este gobierno no entiende que hay un espíritu en nuestro pueblo, una idiosincrasia: que todos podamos acceder a la educación pública, a la salud pública, es lo que hace que Argentina sea diferente.”


