
En 2002 el Congreso Nacional establecía al primero de julio como el Día del Historiador en homenaje a quienes se dedican al estudio y análisis de los acontecimientos de carácter histórico. La fecha tiene su justificación en el decreto firmado en 1812 por el Primer Triunvirato patrio. Allí se ordenó recordar por escrito la Revolución de Mayo, la Independencia civil y todo lo que rodea a estos momentos. Hoy, en su aniversario número veinte, varios historiadores cuentan y analizan cuáles son los hechos históricos que se debaten en el presente y cómo ven el panorama de la producción y divulgación de la historia.
Entre tópicos y perspectivas
Uno de los principales objetivos de los historiadores es reconstruir el pasado constantemente. En estas examinaciones preponderan algunas perspectivas o periodos por sobre otros, según el interés presente de la comunidad historiográfica. “Los historiadores siempre toman sus temas de investigación a partir de las problemáticas contemporáneas, buscando sus antecedentes, sus avances o retrocesos”, sostiene el analista político y docente de Historia en la Universidad de Buenos Aires (UBA), Alberto Lettieri. Ý agrega que siempre se tienen en cuenta los testimonios, materiales, fuentes y todo tipo de insumos que permitan analizar los procesos y darles sentido.
Por su parte, el profesor de Historia en la Facultad de Filosofía y Letras por la (UBA) e investigador del CONICET, Alejandro Catarruzza, afirma que “un área que registró un crecimiento muy marcado en el número de investigaciones, tesis, artículos y congresos, es el de la historia reciente, dedicada en buena parte a procesos que van de los años setenta a la actualidad”.
También enfatiza que existe un crecimiento en investigaciones que privilegian el análisis profundo de problemas específicos. En esta misma línea, el vicedirector del Instituto Ravignani y presidente de la Asociación Argentina de Historia Económica, Julio Djenderedjian, explica que el tópico o periodo que se prioriza va a depender mucho de la especialidad. Por ejemplo, la segunda mitad del siglo XX y lo que va del XXI tiene gran relevancia entre quienes se ocupan de la historia política y económica.
Por su parte, los encargados de la historia social, en los últimos años, desarrollaron estudios en torno a los cambios de las sensibilidades y los valores sociales dentro de las comunidades. Teniendo en cuenta esto, parafraseando a Lettieri, sus temáticas tienen que ver con el papel que tuvieron las mujeres en distintos momentos de la historia, la conformación de grupos e identidades (étnicas, religiosas o sexuales), minorías que fueron excluidas, entre otras.
Producción histórica
Para elaborar sus producciones, los investigadores utilizan diversas fuentes, ya sean escritas, orales o gráficas. El tipo de documento empleado va a depender muchas veces del periodo estudiado y la naturaleza del tema. Por lo que, para el periodo anterior al siglo XIX se usan documentos manuscritos o impresos (cartas, periódicos, informes, entre otros). Para las épocas posteriores se suman la historia oral mediante entrevistas a protagonistas de los hechos, fotografías y material gráfico.
Así, por ejemplo, la escritora e historiadora dedicada a la historia de la arquitectura, el tango y Buenos Aires, Catalina Cabana, investiga sobre el tango y el rol de la mujer. Para ello, utiliza materiales audiovisuales, revistas y publicaciones del siglo XX (más específicamente, del periodo que oscila entre las décadas de los años 30´ al 60´).
En ocasiones, hay distintas vertientes y puntos de vista sobre un proceso o periodo en específico. Sin embargo, Djenderedjian esclarece:”El historiador cruza la información provista por unos y otros documentos, la analiza críticamente, estableciendo criterios de verdad y jerarquizando los sucesos y sus explicaciones, con el fin de lograr un panorama comprensivo y útil del pasado”. De este modo, se evita que solo se vea una parte de los documentos o que el análisis vaya en una sola dirección.
No obstante, en situaciones puntuales suele ocurrir que algunos aspectos se registraron inadecuadamente o se perdió información relevante. En estos casos, se los reconstruye nuevamente en el cruzamiento de información a través del criterio profesional del historiador. En otras palabras, el investigador utiliza una cadena de razonamientos donde puede reconstruir la información faltante. “A veces le falta un paso o alguna información en la cadena, pero el historiador puede ir teniendo dos pasos confirmados (es decir, documentados) y el tercero lo pueda imaginar en la medida que resulte coherente con la continuación del cuarto y del quinto”, remarca Lettieri.
Divulgación de la historia
Actualmente, se ve un optimismo en el crecimiento de la producción historiográfica. Según Cattaruzza, la cantidad de investigaciones y carreras universitarias dedicadas a la historia, se incrementó. Él afirma que “más carreras significan más profesores, más alumnos, más centros de investigación, más revistas”. Por lo tanto, se abre la posibilidad de aumentar la producción dedicada a la historia, a través de libros, proyectos colectivos, revistas, investigaciones y demás.
De igual forma, los medios de comunicación y los formatos audiovisuales de las redes sociales, también cumplen con esta función de divulgación. Así lo expresó Cabana: “Hay una nueva forma de acercar y divulgar la historia. Hasta hace unos años los libros de historia tal vez eran solo para historiadores, por la manera en que estaban escritos”.
La historiadora hace hincapié en que diversos especialistas utilizan estas herramientas (como por ejemplo, videos explicativos) para acercar y divulgar la historia de un modo más ameno hacia el público en general. Lo que intentan buscar es colaborar con la difusión de los procesos históricos. Encontraron en los formatos audiovisuales una opción viable para este objetivo.
No obstante, la divulgación no siempre tuvo este lugar. Lettieri resalta que la propagación de la historia estuvo en segundo orden a la hora de las enseñanzas académicas. Y dice que el panorama actual ha mejorado, aunque no del todo. “Me gustaría que en los espacios de formación de historiadores se los valorara y se los especializara en una historia de divulgación para que alcance al conjunto social y no solo escribir para un consumo interno dentro de sus claustros y la mirada de sus pares”, finaliza.