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Estudiante de Comunicación Social (UNM)

Cuenca del Reconquista: ¿cómo revertir su contaminación?

Esa cuenca atraviesa 18 partidos y el río supo tener un pasado con mucha mejor calidad del agua. ¿Qué hacer para recuperarla? Voces desde el territorio.
“Son varios los obstáculos que encontramos para lograr prácticas sostenibles como la falta de recursos técnicos y compromiso social”, dice Juan Arroyo, especialista en Comunicación y prosecretario de la Asociación Protectora del Medio Ambiente y Cultural (APROMAC). Fotos: Pamela Pezo Malpica, de ANCCOM.

Abraham Calderón, albañil de 40 años y vecino de Merlo, comenta que vive a media cuadra del río Reconquista, lo que le permite observar desde una visión cotidiana su deterioro de años. “Está en muy mal estado y si sigue así, dentro de diez años va a estar peor que el Riachuelo”, asegura. Para él, el deterioro también tiene una dimensión emocional, y confirma: “Tengo recuerdos lindos del río, pero hoy siento bronca y tristeza de cómo lo están dejando”.

La Cuenca del Río Reconquista, una de las tres grandes cuencas hídricas de la Región Metropolitana de Buenos Aires (RMBA), atraviesa 18 partidos del conurbano bonaerense, entre ellos Moreno, Merlo, San Miguel, Tigre y Luján. Se trata de una de las zonas más pobladas y simultáneamente más vulneradas desde el punto de vista ambiental.

Su estado actual es el resultado de múltiples causas como la urbanización acelerada, la presencia de industrias y una infraestructura histórica insuficiente. Sin embargo, en el territorio conviven también iniciativas estatales y comunitarias que buscan revertir la situación.

Frigoríficos y descargas domiciliarias

Para Miguel Ángel Micheli, licenciado en Ciencias Ambientales y responsable del Departamento de Evaluación de Impacto Ambiental en Moreno, el estado del río es el reflejo de un panorama complejo. “La calidad de las aguas empieza a desmejorar a partir del Puente de la Ruta 7 y particularmente en el Puente Roca se observan los valores más desfavorables”, señala.

Por otra parte, aunque el agua se deteriora a lo largo del distrito, aclara que “no se observa una contaminación significativa respecto a otros tramos del Reconquista, especialmente aguas abajo, donde intervienen actividades industriales de mayor complejidad”. Sin embargo, destaca que dentro de Moreno existen aportes que presionan la calidad del agua como los frigoríficos, la planta cloacal y descargas domiciliarias que aportan gran cantidad de materia orgánica, generando merma de oxígeno y pérdida de vida acuática, sumándose la generación de olores como resultado de la descomposición de la materia orgánica.

Micheli subraya que el Reconquista es un río de llanura, con bajo poder de dilución natural y fuerte dependencia de las precipitaciones y del manejo del Dique Roggero. Por eso, en períodos secos la contaminación se vuelve aún más visible. Y agrega que, al tramo comprendido dentro del Partido de Moreno, no se han evidenciado grandes cambios respecto a la calidad de las aguas, ya que no se han incorporado nuevas fuentes industriales. “Es importante aclarar que el curso de agua, a lo largo de su recorrido dentro del Partido de Moreno, recibe el aporte de otros cursos y actividades procedentes de los distritos vecinos que también influyen sobre la calidad de las aguas. Esto hace que el control de las descargas sea más dificultoso”, explica.

Por otro lado, lamenta que varios programas de monitoreos hayan sido descontinuados por recortes presupuestarios, pero destaca el trabajo del Comité de Cuenca del Río Reconquista (COMIREC) que mantiene un seguimiento mensual en 15 puntos estratégicos para medir parámetros como nitratos, amonio, turbidez y oxígeno disuelto. “Si se mantienen los controles y los proyectos de saneamiento, es posible contribuir a la recuperación”, afirma.

Las voces de la sociedad civil

Desde otra perspectiva, Juan Arroyo, especialista en Comunicación y prosecretario de la Asociación Protectora del Medio Ambiente y Cultural (APROMAC), aporta la mirada de las organizaciones civiles que habitan y trabajan sobre el territorio. Esta entidad se dedica a la preservación de la memoria y patrimonio histórico de la ciudad de Paso del Rey como así también el cuidado y la concientización ambiental. APROMAC, al ser parte del Consejo Consultivo trabaja en conjunto con el COMIREC y actúa principalmente en el partido de Moreno.

Para Arroyo, las principales iniciativas frente al cuidado de la cuenca son la preservación de La Ribera y la concientización ambiental, aunque reconoce que el involucramiento comunitario es limitado. “No hay cambios sustanciales en la participación”, afirma el especialista, señalando que las principales demandas vecinales se concentran en la falta de limpieza y seguridad ambiental en la zona.

A su vez, describe un trabajo permanente de articulación con el Estado y organizaciones afines, impulsando actividades de concientización y convocatorias abiertas, pero advierte obstáculos persistentes. “Son varios los obstáculos que encontramos para lograr prácticas sostenibles como la falta de recursos técnicos y compromiso social”, comenta. Por otra parte, desde la organización sostienen un vínculo con las autoridades enviando informes y reclamos, participando en reuniones y promoviendo soluciones a partir de diagnósticos comunitarios. Arroyo aclara: “Nos vinculamos con actores políticos para la búsqueda de una solución”.

¿Pero qué dicen quienes viven justo sobre el Reconquista, como Abraham Calderón, el albañil mencionado al comienzo? Él sostiene que los impactos sanitarios asociados a la cercanía del curso de agua, como olores en las napas y tanques domiciliarios, afectan a la salud de los vecinos.

También cuestiona la falta de acción sostenida. “Hace años que no le dan importancia ni al partido de Merlo, ni tampoco a Moreno”, dice Calderón. Entre sus propuestas, plantea implementar controles más estrictos e instalar cámaras de seguridad, aplicando multas millonarias a las empresas que arrojan desechos y sancionar a los vecinos que queman basura.

En paralelo a estas miradas, los programas educativos que recorren la cuenca cumplen un rol clave. La educación ambiental se concibe como una “pedagogía del conflicto”, un espacio donde la comunidad aborda las tensiones reales del territorio, demandas políticas y participación del cuidado del río. “Si bien no es algo específico de mi área, tengo conocimiento que existen campañas de concientización que se llevan a cabo en diferentes ámbitos, principalmente en escuelas; labor que es realizada por las Promotoras Ambientales”, comenta Micheli.

Estas campañas junto a cooperadoras escolares y acciones de saneamiento en arroyos complementan la tarea e intentan responder a una preocupación creciente como son los residuos, el cual es un problema global que toma forma local en cada tramo degradado de la cuenca. “Desde la Provincia se ha realizado la limpieza de las márgenes del río, dicho técnicamente perfilamiento del cauce. Este procedimiento se llevó a cabo mediante el uso de retroexcavadoras”, adhiere.

Las tres voces, tan distintas entre sí, perciben una misma problemática desde diferentes ángulos y coinciden en un punto central que es que la recuperación del Reconquista requiere continuidad, control, presencia estatal y una comunidad que se involucre. Mientras el río avanza entre barrios, industrias y reservas naturales, su recuperación aparece como un desafío de largo aliento que requiere compromiso sostenido y políticas que sobrevivan a los cambios.

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