
El Proyecto FOCUS, Forecast Outreach Constellation Understanding Satellites (Satélites de Comprensión de Constelaciones de Alcance de Pronóstico, por sus siglas en inglés) es una historia que comenzó en un aula universitaria, y creció hasta transformarse en una iniciativa capaz de llamar la atención de organismos nacionales e instituciones internacionales.
En la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), un grupo de estudiantes y docentes de Ingeniería Espacial llevó años diseñando y desarrollando tecnología que hoy busca convertirse en una constelación de microsatélites para monitorear infraestructuras como represas, puentes y edificios.
Según Erwin Becari, profesor de la carrera y CEO del proyecto que surgió directamente del trabajo práctico de las materias Proyecto Integrador. “A los estudiantes se los pone en contacto con clientes reales del ámbito espacial para resolver una necesidad concreta. Empieza como algo académico, pero basado en problemas reales del mercado”, explica.
Para él, FOCUS nació de un cruce entre necesidad tecnológica y oportunidad de negocio. “Si detectás un problema real y podés darle una solución técnica rentable, ahí aparece un proyecto que puede vivir fuera de la universidad”, indica. El corazón del proyecto es una tecnología llamada radar SAR (Radar de Apertura Sintética), que permite detectar deformaciones milimétricas en estructuras.
Lo que comenzó como una consigna académica ahora es una propuesta con validación en Buenos Aires, Doha y Nevada. Una idea con forma de empresa, que está creciendo con gran velocidad y tratando de demostrar que lo que propone sirve, funciona y vale la pena invertir en ello. Un startup propio llamado XSAM, y un equipo de jóvenes que mezclan laboratorio, software, modelos de negocio y reuniones diarias para avanzar con su desarrollo en Argentina.
Para entender cómo creció FOCUS, hablamos con tres estudiantes avanzados: Franco Petrili, Lucas Contreras y Matías Aguirre, quienes formaron parte del proyecto en distintas etapas y aportaron miradas distintas. Petrili es estudiante de la carrera de Ingeniería Espacial de la UNSAM, la cual está próximo a finalizar. Él es uno de los primeros en subirse a la propuesta. “Formo parte del proyecto desde sus inicios, aproximadamente 2019”, cuenta.
Él recuerda que FOCUS surgió de una necesidad real planteada por la empresa Space Sur, que requería satélites capaces de observar infraestructura crítica con alta precisión. “No hay transferencia de tecnología en sistemas de doble uso, así que tuvimos que crearlo todo desde cero, sin receta alguna. Era como armar un rompecabezas sin instrucciones”, explicó.
Esa falta de guía coincidía con lo que expresaba Becari: que los estudiantes debían trabajar como profesionales. “Tratamos de invertir el aula”, dice el profesor. “Nosotros no damos clases magistrales. Guiamos como mentores para que ellos aprendan y se autogestionen”.
Petrili remarca que el proyecto toma fuerza. “El radar está madurando y las nuevas camadas trabajan en la plataforma de servicios del satélite”, índica. El paso de montar el radar en un dron fue clave porque permitió validar el diseño antes de llegar al espacio.
Para él, el momento decisivo fue la creación del startup, ya que, fue un momento bisagra. “Nuestra carrera no busca solo escribir papers, sino poner fierros sobre la mesa, y el hecho de crear una startup muestra que lo que hacemos es viable”.
Lucas Contreras, técnico aeronáutico, estudiante avanzado y docente de la carrera de Ingeniería Espacial en la UNSAM, llegó al proyecto a través de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), cuando se abrió una pasantía para estudiantes. Eso lo llevó directo al centro de FOCUS.
“Teníamos reuniones diarias con profesionales que habían desarrollado los Satélite Argentino de Observación Con Microondas (SAOCOM) 1A y 1B, que son dos satélites argentinos idénticos diseñados para la observación de la tierra y la gestión de emergencias. Aprendíamos de su experiencia en cada encuentro”, recordó. Con el tiempo, se convirtió en líder técnico del equipo y es ingeniero de sistemas, Scrum Master, encargado de coordinar hardware, software y el modelo de negocio.
Sobre esta dinámica de docente y estudiante, Becari agrega: “Nosotros preferimos llamarnos mentores. Ellos se autogestionan, asumen roles y llevan el proyecto adelante como si ya fueran profesionales”. También explica que aplican metodologías tipo CDIO (Concebir, Diseñar, Implementar y Operar), usadas en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, donde el aprendizaje se basa en proyectos reales.
Contreras destaca el impacto que tuvo FOCUS en su formación profesional. “Fue mi primera experiencia laboral en el ámbito espacial. Me permitió aprender desde gestión de equipos hasta design thinking y generar una red enorme”, afirma. Además, el proyecto los llevó a participar en incubadoras, competencias y premios. “Hoy somos parte de un startup único nacida en una universidad pública. Eso no pasa todos los días”, declara.
Matías Aguirre llegó desde Misiones y cuando escuchó del proyecto, se sintió de inmediato atraído. “Siempre me llamó la atención. Cuando se firmó el convenio con la CONAE, entré como pasante y fue una experiencia hermosa desde el primer día”, contó. Hoy trabaja en el desarrollo del hardware del radar en banda X, incluyendo programación, diseño de placas, ensayos y pruebas de laboratorio.
Los aprendizajes técnicos fueron muchos: trabajar con osciloscopios, analizadores de espectro, cámaras anecoicas y técnicas avanzadas de análisis de señales. Pero él destacó algo más profundo: “Aprendí a comunicarme. Antes era muy técnico. Con el tiempo entendí que podés tener las mejores ideas, pero si no las sabes explicar, no sirven de mucho”.
En varios de estos puntos coincidió Becari, quien advirtió que uno de los mayores desafíos es romper con la enseñanza tradicional: “Hay que formar profesionales para desafíos que todavía no existen. Y hoy los estudiantes llegan con un acceso al conocimiento que antes no teníamos. Entonces el rol del profesor cambia completamente”.
Aguirre señaló la importancia del trabajo con especialistas externos. “Somos estudiantes generalistas, así que cuando teníamos trabas muy específicas contábamos con apoyo de investigadores de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y otros organismos”, explicó. Esa interacción lo marcó tanto en lo técnico como en lo humano.
En cuanto al futuro del proyecto, ve un horizonte claro: “Después de la validación con dron viene el demostrador orbital, luego el primer microsatélite y finalmente la constelación. Soy optimista. Me imagino trabajando en el área espacial y viendo al satélite despegar”.
Becari también comparte que quieren que Focus sea una empresa del sector espacial, capaz de proveer datos confiables al mercado internacional. Si lo logran, Argentina puede liderar un segmento estratégico. También señala que el proyecto tiene un potencial enorme para el país. “Vamos a exportar servicios de monitoreo y generar divisas. Además, mantiene el know-how que se construyó con la constelación SAOCOM”, detalla.
Los tres estudiantes coinciden en que FOCUS tiene un impacto que va más allá de la propia carrera. Petrili lo define como “un faro replicable para articular universidades, pymes y organismos científicos”. Contreras lo ve como un ejemplo de la potencia de la universidad pública. En la misma línea, Aguirre agrega que el proyecto puede impulsar nuevas iniciativas en otras carreras y universidades. “Es un caso que demuestra que los estudiantes pueden generar tecnología real y competir a nivel internacional”, reflexiona.
Sobre cómo participar, Becari deja un mensaje final para las nuevas camadas: “Que se involucren, que no especulen. Lo único garantizado es la formación profesional. Cuanto más se metan, más van a aprender”.
La recomendación de los tres es participar. “Que se sumen, no hay casos similares en el país”, dice Petrili. Contreras resalta lo valioso de las redes y los aprendizajes. Aguirre, por su parte, admite: “Me arrepiento de no haber participado antes en estos proyectos. Son experiencias que te cambian”.
El Proyecto FOCUS empezó en un aula, pasó por laboratorios, cámaras anecoicas, reuniones con la CONAE, competencias emprendedoras y ahora busca llegar al espacio en 2027. En esa misma línea, también muestra algo más grande y es que la universidad pública argentina es capaz de crear tecnologías complejas, formar equipos fuertes y dar soluciones que pueden transformar industrias enteras.


