
La concientización respecto al cuidado de la piel es cada vez mayor. No basta solamente con llevar una rutina de limpieza para el cutis, sino que también debemos cuidarnos enteramente si queremos evitar futuras enfermedades, como el cáncer de piel, aparición de manchas o acné.
Según la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT), el sol es un elemento beneficioso para la salud, pero también es el principal causante de las distintas enfermedades cutáneas, desde quemaduras solares hasta cáncer de piel. Por tal razón, la protección contra los efectos del sol es importante durante todo el año, no solamente en verano.
“Los protectores solares son productos de uso externo que contienen sustancias físicas y/o químicas que actúan como barrera protectora de la piel a las radiaciones solares. Constituyen una defensa de primera línea, siempre que reúnan condiciones necesarias de eficacia, seguridad y calidad del producto”, explican desde la ANMAT
Nancy Vidal, médica especializada en dermatología, cuenta que la mayoría de las enfermedades pueden ser tratadas aplicando distintos cuidados básicos, uno de ellos y el principal es la protección contra el sol.
En esa línea, la dermatóloga plantea que una intensa exposición causa efectos dañinos a corto y largo plazo. En el corto, la exposición a los rayos UV puede provocar quemaduras de sol, trastornos de la pigmentación, acné y fotosensibilidad. A largo plazo, el sol puede provocar envejecimiento prematuro de la piel y el famoso cáncer de ese órgano que cubre todo nuestro cuerpo. “Como dermatólogos recetamos cremas con protección solar a partir de los seis meses de vida, porque el mayor daño solar se produce en la infancia y en la adolescencia. Tratamos de evitar que en la adultez no aparezca ningún tipo de rastro de cáncer de piel, que es el más común por el exceso de sol”, afirma Vidal.
Los problemas de la piel varían según la edad, ya que existen muchas patologías. “En la infancia es muy común que a los bebés le aparezcan sudaminas, una enfermedad en la piel por las reacciones de calor. Esto se produce porque los bebés no regulan bien la temperatura. También aparecen, los eccemas alérgicos, donde hay un factor a veces hereditario. Y después, en la adolescencia, lo más común es el acné”, explica Vidal.
Esta es una de las enfermedades de la piel de mayor prevalencia, sobre todo en la adolescencia. Sin embargo, cada vez es más frecuente ver pacientes mayores de 25 años que lo padecen, especialmente mujeres.
“En la actualidad, el 51 % de las mujeres de entre 20 a 29 años tienen acné en la edad adulta, con el 35 % de las que tienen entre 30 a 39 años, el 26 % de las de 40 a 49 años y el 15 % de las mayores de 50 años sufren esta condición. El acné en la edad adulta es más común en las mujeres, pero también los hombres pueden tenerlo”, informa la dermatóloga.
Y agrega: “Otro factor que deteriora bastante la piel es el cigarrillo. Las personas fumadoras tienen una piel distinta, tienen una piel más seca, más arrugada. A esto se suma la poca oxigenación de las células, que hace que el cutis parezca grisáceo y apagado. El cabello también sufre los efectos secantes del monóxido de carbono, pierde luminosidad y se vuelve quebradizo. A su vez se incrementa la porosidad del cabello y éste fija el olor característico a cigarrillo”.
La palabra más temida
El cáncer de piel, en tanto, es un conjunto de enfermedades malignas cutáneas con diferente evolución y pronóstico. “La piel tiene tres tipos de cánceres, dos que son propios de las células de la piel, que son el carcinoma llamado escamoso y el carcinoma basocelular. Y un tercer cáncer que está originado en los melanocitos, es el cáncer más grave”, explica el Doctor Mario Félix Bruno, especialista en oncología, vicepresidente de la Sociedad Argentina de Cancerología y presidente de la Sociedad Argentina de Periodismo Médico.
“Los melanocitos son células de color oscuro que segregan melanina y son una forma de defensa que tenemos contra los rayos ultravioletas que emite el sol en nuestra piel. Se oscurece como una forma de protección, como si nos pusiéramos un protector solar, un protector solar propio. Los tumores originados en los melanocitos se llaman melanoma y todos están influenciados por los rayos ultravioletas, o sea, los rayos ultravioletas naturales producidos por el sol y los rayos ultravioleta producidos en las camas solares que emiten radiaciones”, agrega Bruno.
Y asegura que “cuanto más blanca es la piel, más posibilidad de que aparezcan lesiones provocados por los rayos ultravioleta porque tienen menor protección. La piel más oscura tiene mayor protección, justamente porque hay más melanina circulando, hay más melanocitos y entonces la piel está más protegida”.
“Los dos cánceres más comunes, el espino celular y el basocelular, se manifiestan como una pequeña lesión en la piel, una úlcera, algo que sangra. Y eso hay que consultar al médico. Apenas aparezca una lesión nueva, más si se abre y sangra, porque eso puede ser el inicio de una patología oncológica” destaca Bruno.
Y aclara que “el otro tumor de la piel es el melanoma y es uno de los más agresivos”. “Generalmente nace de lunares o manchas negras. Los lugares de mayor proporción de cualquiera de estos tumores son las zonas expuestas al sol, la cara, el cuero cabelludo y los brazos”.
Por eso, el haber tomado mucho sol como así también contar con la presencia de antecedentes familiares por cánceres cutáneos, son motivos para someterse a un chequeo. Así, se podrán extirpar precozmente las lesiones premalignas o aquellos nevus que presenten alteraciones que sugieran una malignización incipiente.
El médico oncólogo recomienda seriamente el diagnóstico temprano, “para lo cual las personas deben estar atentas a cambios en los lunares, pecas o manchas de la piel, las uñas o las mucosas sobre la base del ABCDE del melanoma (Asimetría, Bordes, Color, Diámetro y Evolución) y mantener como rutina la visita periódica al dermatólogo, sobre todo aquellos que presentan predisposición a padecer cáncer de piel”.
Los puntos a considerar y controlar son cinco: la asimetría de las lesiones (lunares, pecas); que no sean irregulares los bordes; la multiplicidad de colores que exprese o la variación de los mismos con el paso del tiempo; que el tamaño no sea mayor a seis milímetros; que el diámetro no sea irregular; y por último, seguir la evolución de modo de localizar un posible cambio en tamaño o apariencia, o advertir el sangrado o picazón. En el caso de identificarse alguna de estas anomalías en la piel es fundamental la consulta con un experto.
Según registros del Ministerio de Salud de la Nación, 9 de cada 10 casos de cáncer de piel se deben a la exposición solar. La razón de esto es que la piel absorbe de forma continua la radiación ultravioleta que emite el sol, a lo largo de toda la vida.
Se estima que una persona al cumplir 18 años ya se expuso al 80% del total de rayos ultravioletas que absorberá en toda su vida, de allí la importancia de adoptar hábitos saludables ante la exposición solar durante todo el año, no sólo en verano, y realizar controles frecuentes de los lunares de forma personal como también con un especialista.
El rol de la alimentación
La piel refleja el estado general del organismo y, con frecuencia, es un buen indicador de alteraciones. Las necesidades nutricionales de la piel son muy altas, lo que implica que la alimentación debe ser completa y adecuada para poder cubrir estas demandas. La influencia de la nutrición sobre la piel es tan importante que los desequilibrios alimentarios pueden provocar afecciones dermatológicas.
Melania Prediger, licenciada en Nutrición, brinda su mirada sobre cómo son los hábitos saludables para incorporar los nutrientes necesarios para mantener un buen estado de la piel. “Existen determinados nutrientes que no pueden faltar en nuestra alimentación para que la piel se mantenga saludable. Entre ellos se encuentra el correcto y adecuado consumo de proteínas y proteínas de alto valor biológico, vegetal y animal, y esto es importante porque no todas las proteínas tienen todos los aminoácidos que el cuerpo necesita”, afirma.
Prediger explica que la mayoría de los alimentos buenos para la piel son productos básicos y fáciles de consumir. “Los alimentos que sean ricos en vitamina A, en vitamina C y en vitaminas del complejo B, son los responsables de cuidar y nutrir el órgano más grande de nuestro cuerpo”, cuenta.
Siguiendo esa línea, hay que saber que la hidratación ocupa un rol primordial, ya que mejora la absorción y el transporte de los nutrientes hasta los tejidos en los que son necesarios. El agua es el medio para la mayoría de las reacciones químicas en el cuerpo, especialmente las involucradas en la producción de energía. “Una buena hidratación hace que los niveles de agua de la piel estén equilibrados y que la barrera protectora se vea más fortalecida y flexible, lo que lleva a que zonas más delicadas y finas del cuerpo, como puede ser el rostro, estén protegidas de agentes externos tales como el clima o la contaminación”, revela la licenciada.
Por otro lado, hay tratamientos novedosos, como el skincare, que incluye una variedad de productos y rutinas según el tipo de piel. Aunque antes no se hablaba mucho de esto, hoy en día es un tema de conversación y debate constante en las redes sociales.
“Más allá de todo lo estético, la piel es parte de nuestra salud y merece ser cuidada”, aseguran desde Rink Blog, una cuenta en Instagram que se encarga de contar experiencias con productos e incentivar a sus seguidores para que realicen la consulta diaria con el médico dermatólogo. Las fundadoras Martina Angioi y Clara Bastien, ambas cosmetólogas, plantean que “poder mantener nuestra piel limpia, hidratada y sobre todo protegida del sol es una cuestión de salud.
“Existen tres pasos fundamentales que no pueden faltar en la rutina. En primer lugar, la limpieza, la misma se puede realizar con un gel, espuma o agua micelar, tanto de día como de noche. Después, la hidratación. Y lo más, pero más importante de todo, es el protector solar que se usa los 365 días del año”, explica Angioi.
No obstante, hay que buscar la opinión definitiva para cada uno de la mano de un profesional. Bastien resalta que la apertura de las redes como canales para dar a conocer productos de skincare también generó que mucha gente empiece a usar productos sin conocer sus componentes o sin saber si los necesitaba y eso no es gratificante. “Las personas deben entender que lo primero es asesorarse con un profesional y que no necesitan todo lo que ven en Instagram”, finaliza.