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Licenciada en Comunicación Social (UNM)

Organizaciones feministas: dos experiencias del oeste

Caracolas Feministas y Contá son dos espacios colectivos que promueven la concientización sobre la violencia de género y el fomento de una mayor equidad en todos los ámbitos. ANUNM te cuenta sus historias, de cara al 8 de marzo, sumadas a las voces de especialistas.
“Queremos que el espacio siga creciendo”, asegura Jacqueline Núñez, estudiante de la carrera de Contador Público y una de las referentes de Contá.

En distintos ámbitos sociales y comunitarios, las problemáticas vinculadas a las violencias de género, la desigualdad y el acceso a derechos básicos se expresan de manera persistente. Frente a estas situaciones, emergen organizaciones y espacios colectivos que no sólo acompañan a quienes atraviesan situaciones de vulnerabilidad, sino que también construyen herramientas y disputan narrativas que tienden a individualizar o naturalizar estas diferencias.

Espacios como Caracolas Feministas y Contá, junto con los aportes de especialistas en género, dan cuenta de la importancia de sostener miradas críticas y prácticas situadas frente a un contexto adverso. Estas experiencias también intervienen en el plano cultural, al disputar valores y representaciones que estructuran las relaciones sociales y limitan las formas posibles de cuidado. Además, permiten pensar alternativas posibles para enfrentar las violencias y fortalecer redes desde este enfoque.

Caracolas Feministas: territorio y cuidado colectivo

Caracolas Feministas es una organización que surgió en el partido de Ituzaingó, a partir de la necesidad de construir espacios de acompañamiento y escucha sostenidos en el tiempo. Integrada por mujeres y diversidades con trayectorias heterogéneas como trabajadoras, jubiladas y estudiantes, se definen como un espacio feminista que pone en el centro lo colectivo, el cuidado y las prácticas políticas para garantizar la equidad.

Desde la organización señalan que la educación y la salud constituyen pilares fundamentales. Marisa Capetta, abogada y miembro de la organización sostiene: “Hoy ambos se encuentran no sólo desatendidos, sino directamente atacados”. Además, advierte que este retroceso impacta de manera directa en la vida cotidiana de las mujeres y diversidades, quienes asumen mayoritariamente las tareas de cuidado. En este sentido, explica que el acompañamiento que realizan responde a la construcción de redes que permiten no estar solas frente a las violencias y las desigualdades.

La perspectiva de género es inseparable de una mirada interseccional, ya que las desigualdades de género se articulan con la clase social, la edad y el acceso a derechos. “Pensarnos juntas nos permite corrernos de la idea de la responsabilidad individual y entender que lo que nos pasa tiene causas estructurales”, afirma Paula Lorenzo, docente e integrante de Caracolas.

A partir de esta concepción, la organización impulsa instancias de encuentro, formación y articulación con otros colectivos del territorio. “Articulamos con organizaciones feministas del territorio con las cuales pensamos estrategias para difundir y dar a conocer nuestras experiencias, y pensando debates, talleres o encuentros”, cuenta Lucía Torriggiani,  musicoterapeuta que acompaña la colectiva.

La comunicación ocupa un lugar central en la construcción feminista. Para Caracolas, narrar implica cuidar desde evitar estereotipos, advertir sesgos y no reproducir violencias simbólicas. La comunicación interna se basa en la escucha activa, aun reconociendo sus dificultades, el humor como herramienta de cuidado y un modo amoroso de decir, son clave para una buena comunicación entre comunidades y entre ellas.

”Ponemos mucho trabajo y cuerpo en repensar las maneras de comunicarnos dentro de espacios donde se construye feminismo”, expresa Sofía Velázquez, psicóloga social y otra integrante de Caracolas Feministas. Esta concepción de la comunicación se enlaza con una idea más amplia, cómo se construyen los sentidos, cómo se interpela a la comunidad y cómo se visibilizan las desigualdades sin revictimizar, ni estigmatizar.

Aportes de especialistas en género

Iliana Romero, morenense, licenciada en Estudios Políticos de la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS) y maestranda en Género y Derechos, destaca que muchas de las conquistas vinculadas a las políticas de género son el resultado de años de organización colectiva. En este sentido, Romero señala que nada de lo que hoy se discute en términos de formación en género surgió de manera espontánea, fueron luchas sostenidas desde abajo, y asegura que el actual desmantelamiento de políticas públicas implica varias cuestiones, y agrega: “No sé si el Estado no tiene posibilidades. En este momento no hay decisión política para ejecutar políticas públicas de género y diversidad, eso es distinto.”

Por su parte, Luciana Ruiz, licenciada en Ciencias de la Comunicación de la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA), y con formación orientada a Perspectiva y Políticas de Género, subraya la centralidad de la comunicación en la reproducción o transformación de las desigualdades. Según Ruiz, “si las políticas públicas no tienen enfoque de género, la comunicación dentro del Estado tampoco va a tener“”. Desde su experiencia profesional en organizaciones territoriales, sostiene que la comunicación debe ser pensada como un derecho humano y no sólo como una herramienta técnica. “El problema no es solo cómo decimos, sino desde dónde y para quiénes hablamos”, explica la licenciada.

Ambas especialistas coinciden en que la precarización laboral, la pérdida de institucionalidad de las políticas de género y la legitimación de discursos de odio desde distintos ámbitos configuran un escenario complejo. Frente a ello, destacan la importancia de fortalecer espacios colectivos y organizaciones que sostengan prácticas de cuidado y formación crítica.

Desde este punto, Romero menciona que “las políticas públicas y las instituciones son algo que no cambian de manera tan veloz y que requieren de un tiempo de diseño, planificación, ejecución, evaluación y revisión”. Asimismo Ruiz adhiere: “Yo creo que el feminismo va a ser parte del cambio, es uno de los pocos espacios de resistencia claros que veo frente a la agenda antiderecho que sigue circulando por lo bajo, más en el ámbito de las organizaciones sociales y de la militancia”.

Espacios estudiantiles de contención: la experiencia de Contá

Contá es un espacio de acompañamiento y contención que surge desde el Centro de Estudiantes de la Universidad Nacional de Moreno (UNM) como respuesta a situaciones respecto a la perspectiva de género dentro de esta comunidad. La iniciativa se propone funcionar como un primer lugar de orientación y articulación con los dispositivos institucionales existentes, poniendo en el centro el cuidado y la confidencialidad.

Según explica Jacqueline Núñez, estudiante de la carrera de Contador Público y referente del espacio, Contá nació a partir de la necesidad de tener un lugar donde las y los estudiantes sepan que no están solos y que hay compañeras dispuestas a escuchar y acompañar frente a situaciones de violencia. En ese sentido, comenta que “queremos que el espacio siga creciendo y que toda la universidad sepa que el centro de estudiantes cuenta con un lugar de contención”.

Además del acompañamiento frente a estas problemáticas, el espacio impulsa acciones concretas de cuidado dentro de la universidad y actividades de sensibilización sobre el enfoque. “Hubo muchas actividades y charlas que sacaron desde el espacio intersectorial de género de la universidad de las cuales estuvimos participando y acompañando”, adhiere Núñez.

Esta experiencia pone en importancia los espacios estudiantiles organizados como actores fundamentales en la prevención de las violencias y en la construcción de una universidad más justa e inclusiva. En esa misma línea, Romero sostiene que “cuando los feminismos empiezan a mostrar la potencia de transformación en la calle, a dar debates públicos y construir ciertos consensos básicos de cara a la sociedad que seguimos deseando, logramos avances institucionales dentro de los espacios, como en las universidades”. El trabajo cotidiano sobre este enfoque no se agota en discursos, sino que se materializa en prácticas concretas de cuidado y empatía.

Comunicación, poder y perspectiva de género

La incorporación de la perspectiva de género en la comunicación institucional implica cuestionar relaciones de poder, modos de gestión y sentidos que circulan dentro de las instituciones. Ruiz enfatiza que “no podés forzar una estrategia de comunicación con enfoque de género si esa mirada no es transversal en las políticas”, y comenta que esta mirada resulta indispensable para no reproducir violencias simbólicas.

En tiempos de debilitamiento de las políticas públicas y de avance de discursos que buscan individualizar las desigualdades, estas experiencias adquieren valor cultural ya que permite repensar imaginarios sociales instalados. Su fortalecimiento no sólo impacta en quienes participan directamente de ellas, sino que también contribuye a ampliar el debate público y a sostener una agenda de derechos basada en el cuidado, en el acompañamiento y la igualdad.

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