
En contextos de crisis económica e incertidumbre financiera se vuelve a resaltar el lugar del oro tanto en los grandes mercados internacionales como en la vida cotidiana de las personas. Históricamente se lo ha considerado como un “refugio de valor”, el hecho de ser un bien escaso y su estabilidad a lo largo del tiempo lo convierten en una alternativa segura frente a la volatilidad de nuestra moneda.
“El oro es un activo físico, escaso y cada vez con menos yacimientos disponibles, lo que hace que su valor tienda a subir”, explica Federico Glustein, economista por la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA). En este sentido, señala que los bancos centrales suelen aumentar sus reservas en oro en momentos de volatilidad global, guerras o tensiones comerciales, como las que atraviesan actualmente Estados Unidos y China. “Cada vez que el dólar pierde valor, el oro suele subir su cotización como contrapartida”, agrega Glustein.
Además de su rol en la economía hogareña, el oro es considerado una inversión estratégica de largo plazo. Históricamente ha sido elegido como activo de refugio en contextos de incertidumbre económica. La demanda del metal proviene tanto del sector financiero como de la joyería y la tecnología, lo que refuerza su liquidez y su aceptación global.
En Argentina, el impacto del oro se da por dos lugares. Por un lado, forma parte de las reservas del Banco Central, cuya valuación aumenta cuando sube el precio internacional del metal. Sin embargo, se trata de un activo estratégico que rara vez se liquida, explica el economista Glustein: “El oro generalmente es el activo menos vendible de las reservas internacionales. Cuando un país, a través de su Banco Central, vende el oro, eso quiere decir que tiene una escasez fuerte de reservas y que la crisis monetaria es profunda”.
Por otro lado, el oro aparece en la economía hogareña como un recurso al que muchas familias recurren ante situaciones de emergencia. Para las personas, ese mineral funciona como un bien de lujo y, frente a una necesidad, suelen desprenderse de ese lujo para cubrir deudas o gastos urgentes. “Las familias ante una deuda suelen vender una cadenita o una moneda de oro. Es muy habitual que eso suceda porque lo toman como un activo de ahorro”, agrega el economista.
La venta en la vida cotidiana.
Para ver cómo funciona esto en las joyerías, entrevistamos a comerciantes de un negocio familiar ubicado en General Rodríguez. Allí nos recibe Luz Zarlenga que trabaja en el rubro hace ya veinte años, cuenta que muchas personas se acercan no solo a vender piezas, sino también a transformarlas y nos cuenta que “hay clientas que traen cadenas o anillos antiguos y los cambian por una joya nueva, pagando solo una diferencia”.
Natalia Acuña, una de sus clientas, cuenta su experiencia: “Vendí una cadena vieja que ya no usaba y con eso pude llevarme una nueva. Me fui contenta porque no tuve que invertir tanto para comprar una nueva sino de otra manera no la hubiera comprado”. Otra clienta, Ludmila Álvarez , explica que elige la joyería por la confianza que tiene en la misma y cuenta que “compro siempre acá porque las piezas son de calidad y la atención de las chicas es muy buena. Eso hace que yo siempre vuelva”, dice entre risas. Podemos ver el vínculo que se construye en los locales de barrio más allá de la transacción económica.
Doble valor: económico y emocional.
El oro mantiene su lugar como inversión segura a largo plazo. “No se oxida, no pierde su color, es transferible de generación en generación y, al ser escaso, tiende a aumentar su valor”, explica Glustein, economista que actualmente se encuentra haciendo la maestría en Políticas Públicas en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). Así, en un contexto de inestabilidad, el metal dorado sigue funcionando como respaldo, ya sea para grandes estrategias macroeconómicas o para resolver necesidades de la vida diaria.
El oro no se presenta únicamente como un instrumento de inversión, sino también como un objeto con significado afectivo. Joyas heredadas, alianzas de casamiento, cadenas regaladas en momentos importantes de la vida o piezas adquiridas como forma de ahorro familiar suelen salir a flote en momentos de crisis, cuando la necesidad económica obliga a resignificar esos objetos y, muchas veces, a relegar su valor emocional por la necesidad.
En las joyerías, esto se ve cada vez más seguido. Una clienta de uno de los locales mencionados, que prefirió no dar el nombre para la nota, nos cuenta que decidió vender sus alianzas de casamiento y piezas que eran de su marido tras el fallecimiento de éste, explica que necesitaba desprenderse de esos objetos. “No quería tener nada que me lo recordara y me hiciera angustiarme. Porque si no la situación se vuelve cada vez más difícil, era ver el anillo y llorar. Además, la plata me viene bien porque con la pensión no me alcanza”, expresa la clienta. En estos casos, el oro pasa a ser un activo que permite sobrellevar situaciones económicas difíciles.
En este sentido, el mineral se diferencia de otros bienes porque combina valor económico con valor emocional. No se trata de un producto de consumo corriente, sino de un bien duradero que atraviesa generaciones y que, en muchos casos, permanece guardado durante años hasta que una situación excepcional impulsa su venta. Glustein dice que“es un activo intergeneracional”, y destaca que puede transferirse de persona a persona sin perder valor, algo que no ocurre con la mayoría de los bienes materiales.
“Es muy normal que en las familias alguna abuela, abuelo o padrinos le haya regalado una cadenita o pulserita para los 15 a las chicas, o a los 18 a los chicos, acá en la joyería muchas veces vienen a querer vender esas piezas y te cuentan que las tenían guardadas, que además por la situación de inseguridad es imposible usarlas y prefieren venderlas y utilizar la plata”, comenta Zarlenga.
La recurrencia a la venta de oro en contextos de crisis también pone en foco las limitaciones del sistema financiero para amplios sectores de la población. Frente a la dificultad para acceder al crédito, las tasas de interés elevadas y los ingresos que no alcanzan para cubrir los gastos básicos, las familias recurren a sus diferentes ahorros. Acá es donde aparecen las piezas que estaban guardadas, el que tiene algo de oro lo utiliza como una alternativa rápida para obtener plata sin endeudarse.
Caída del consumo y estrategias para sostener la venta
La situación económica también impacta de lleno en los proveedores y en las joyerías, que se enfrentan a una caída en las ventas y una reducción del consumo, especialmente en la provincia de Buenos Aires. José, distribuidor de una línea de aros abridores, que prefirió no dar su apellido, asegura que el panorama es complejo y que “la venta está muy difícil. Pude incorporar nuevos clientes porque nuestra línea es más económica que la líder del mercado, pero la caída del consumo es generalizada. Es algo que me dicen todos los clientes, todos están en la misma”.
“Se va a empezar a usar mucho el oro 14, afuera ya se utiliza un montón, porque al tener menor aleación de oro es más económico”, explica José, que se encuentra al tanto de las tendencias en el rubro y esta opción aparece como otra alternativa frente a la caída del consumo, ya que permite ofrecer piezas a un precio más accesible.
La reducción de las ventas obliga a los comercios del rubro a reformular sus estrategias para sobrevivir a la situación económica. Desde la joyería de General Rodríguez, Dora Dahlmann nos explica que el cambio en los hábitos de compra fue evidente en el último año. “Para sobrevivir en el rubro tuvimos que ir transformándonos. No recuerdo en los años que tengo en el negocio una situación tan dura como esta”, explica y además señala: “Este año tuvimos que incorporar mucha línea de acero, porque es lo que más sale actualmente. Las piezas de plata también pasan a ser un bien de lujo”.
La incorporación de distintos materiales, más económicos, aparece como una estrategia para sostener las ventas en un contexto de caída del consumo. Estas transformaciones reflejan cómo la crisis económica impacta en el sector, desde los proveedores hasta los comercios minoristas, que deben adaptarse a la demanda cada vez más acotada. Al igual que muchos sectores, la joyería no es la excepción y se encuentran en la búsqueda de alternativas para poder seguir trabajando frente a la crisis que atraviesa el país.


