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Nuestro derecho, nuestro lugar, nuestro futuro…

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Estudiante de Comunicación Social (UNM)

“La universidad es un lugar estratégico para construir sociedades más equitativas”

Médica formada en la universidad pública con una extensa trayectoria en el sistema de salud del conurbano bonaerense, Patricia Rosemberg dialoga con ANUNM sobre su recorrido profesional y comparte los desafíos como flamante vicerrectora de la UNM.
“Yo quiero esta universidad con más estudiantes, con más trabajos de extensión, con más carreras. En términos personales me siento muy feliz y muy orgullosa, porque no es un camino individual, sino uno colectivo”, señala Rosemberg.

Ella es magíster en Gestión, Epidemiología y Políticas de Salud por la UNLa, donde también cursó el Doctorado en Salud Colectiva, con temas de investigación vinculados a la medicalización y los derechos sexuales. Se desempeñó como docente en diversas universidades nacionales -UNLa, UNLam, UNM y UNPaz- y publicó artículos y capítulos de libros sobre feminismo, derechos humanos, parto respetado y la implementación de la Ley IVE.

En el ámbito de la gestión, Rosemberg fue directora del Centro de Atención Primaria de la Salud Molina Campos, jefa del Programa Materno Infantil y secretaria de Salud del Municipio de Moreno. Fue la primera directora ejecutiva de la Maternidad Estela de Carlotto, ubicado en aquel distrito, trabajó en el Ministerio de Salud de la Nación y dirigió el Hospital Gobernador Mercante, de José C. Paz hasta noviembre de 2025, momento en el que asumió como vicerrectora de la UNM para el período 2025-2029, acompañando al nuevo rector, Alejandro Robba. Cabe destacar que es la primera mujer en ocupar ese cargo.

Viviste prácticamente toda tu vida en el oeste del conurbano bonaerense. ¿Cómo influyó eso en tu mirada sobre la salud, la educación y las políticas públicas?

Es muy interesante porque quienes vivimos en el conurbano tenemos otra relación con los territorios. Todo en el conurbano arranca una hora y media antes. Durante mucho tiempo se planteó que los municipios del conurbano eran dormitorios, que la gente venía a eso, pero para estudiar o laburar tenía que ir a otro lugar. El Sarmiento es parte de mí, yo soy médica, estudié en la UBA y la mitad de la carrera la estudié en el tren. Eso te forja una forma de mirar las cosas, a mí me da mucho orgullo ser conurbana, me parece que armó mi identidad.

¿Cuándo identificaste que tu interés iba más allá de la atención clínica y se orientaba a la gestión y las políticas públicas?

Cuando estaba terminando la secundaria y elegí ser médica sabía que no quería estar detrás de un escritorio mirando anginas. Siempre pensaba “¿Qué le pasa a una niña o un niño que tiene anginas de repetición? ¿Qué le pasa a esa familia? ¿Qué puede y qué no?”. No es tan simple como mirar una garganta, ver placas y dar un antibiótico, siempre hay mucha historia atrás. Cuando terminé la carrera y decidí hacer la residencia de medicina general, estaba saliendo con un chico -con el que vivo hace 28 años y con quien tengo tres hijos- que vivía en Moreno. Hice la residencia acá y eso me cambió la vida. Ver cómo se concebía el territorio y cómo eran los centros de salud me cambió absolutamente.

Pensaste y ejecutaste la Maternidad Estela de Carlotto, en donde desempeñaste el rol de directora ejecutiva por cinco años. ¿Qué decisiones permitieron que ese espacio se convirtiera en un referente en parto respetado y derechos de las embarazadas?

La maternidad nace del espanto. En aquel momento trabajaba en la Secretaría de Salud del municipio de Moreno y teníamos un indicador de mortalidad materna -las muertes vinculadas al embarazo o el puerperio inmediato- de los más altos del país. La primera decisión fue no esconder esos indicadores y trabajar para cambiar esas condiciones, hacernos cargo de que necesitábamos un hospital que pueda darle atención a ese problema. Hicimos una investigación buscando cuáles eran las causas de las muertes y la enorme mayoría eran causas más vinculadas a la falta de acceso que a cuestiones médicas. A partir de ahí, detectamos que necesitábamos un lugar donde se mejore el acceso, se tengan posibilidades y, además, se trate amorosamente. El sistema de salud es un poder muy hegemónico y muchas veces muy maltratador con las personas. El primer paso de la maternidad como una decisión política-sanitaria fue tener muchas ganas de hacer una cosa distinta. Y después, una vez que se puso en marcha, hubo distintas decisiones todo el tiempo para defender esa forma de trabajar. Me parece que tomar decisiones con indicadores sanitarios, económicos y de calidad fueron haciendo que la maternidad esté hoy en el lugar en el que está.

Hiciste publicaciones a partir de la experiencia en la Maternidad. ¿Qué impacto buscaste generar?

Había una preocupación grande con mostrar el impacto porque la Maternidad era mirada con desconfianza por los otros establecimientos de salud, yo sentía que de alguna forma algunas personas estaban esperando que nos vaya mal. Las publicaciones tuvieron que ver, en principio, con poder mostrar lo que hacíamos y que eso daba mejor resultado para las personas que parían y para los bebés que nacían. Por otro lado, para mostrar la forma de gestionar la institución, que me parece muy importante porque crea una cultura que nos trasciende a las personas. Y, por último, porque descubrí el mundo de la autonomía de los derechos sexuales y de la violencia obstétrica. Pude formarme -hacer una maestría y un doctorado- y buscar respuestas a por qué, en algún momento, las personas que decidimos estudiar algo vinculado a ayudar a otros y aliviar el sufrimiento, hacemos cosas que son violentas. En función de esas tres líneas de preocupación creo que es necesario escribir, publicar y habitar ese mundo científico-académico, para ponerle voz a las cosas con ese lenguaje.

A la par de tus gestiones en medicina ejerciste y ejercés distintos cargos en universidades públicas, incluso te formaste académicamente en más de una. ¿Qué lugar ocupa para vos la universidad pública?

Me siento orgullosa porque a mí la universidad pública me cambió la vida. Mis viejos no pudieron hacer la escuela secundaria y que yo haya podido terminar el colegio, la universidad y haber hecho un posgrado nos cambió la vida. La universidad te abre la cabeza, no es sólo alcanzar un título ni el conocimiento. Es el vínculo con otros, las historias, la comunidad con los estudiantes, con tus docentes, con los trabajos que la universidad te hace hacer. Es un lugar muy privilegiado para cambiar la realidad de las personas y un lugar muy estratégico para construir sociedades más equitativas.

Hace años, también, te desempeñás como docente. ¿Qué lugar creés que debe ocupar la perspectiva de género y diversidades en la formación universitaria?

Cuando aprendemos a mirar con perspectiva de género no hay vuelta atrás. Todo se mira así porque las desigualdades atraviesan todos los ámbitos, nosotras y nosotros vivimos permanentemente viéndolas y padeciéndolas. Tenemos que habitar los espacios para hacerlos más igualitarios y favorecer las condiciones para que se puedan ejercer los derechos desde el lugar de desigualdad del que partimos. Tenemos que construir agendas, estar en las currículas, en las carreras, en los pasillos, en los baños, en los espacios de cuidado. Esto es lo que requiere una mirada de género en nuestros ámbitos y que yo haya llegado a ser vicerrectora de la universidad tiene que ver también con esta lucha.

¿Qué significado personal y profesional tiene para vos haber asumido desde fines del año pasado la Vicerrectoría de la Universidad Nacional de Moreno?

En términos profesionales es un gran desafío y una alegría enorme por la potencia que tiene la universidad, ejercer el rol de vicerrectora es ser garante de procesos que abran más puertas. Yo quiero esta universidad con más estudiantes, con más trabajos de extensión, con más carreras. En términos personales me siento muy feliz y muy orgullosa, porque no es un camino individual, sino uno colectivo. Yo estoy acá porque represento a un grupo que se formó para hacerlo y un colectivo de militancia morenense, de pueblo libre, peronista, feminista. Me da mucho orgullo y mucha alegría, siento felicidad.

¿Qué temas considerás urgentes para el futuro de la UNM en términos de crecimiento académico?

Trabajando con la tremenda circunstancia que tenemos del Gobierno Nacional, su presupuesto universitario y su consideración hacia la universidad, creo que igualmente hay que organizarse y trabajar en distintas líneas. La creación de las carreras de salud es parte concreta de nuestro proyecto. En algún momento la situación nacional va a cambiar y para cuando eso suceda tenemos que haber tenido mucho trabajo previo y las carreras armadas para poder presentarlas. Por otro lado, tenemos graduadas y graduados que requieren seguir formándose, porque eso es parte de la educación superior. Nada termina en el día de la entrega del título, todo empieza ahí. Todo lo que tiene que ver con nuestras graduadas y graduados y poder ofrecerles posgrados es muy indispensable.

¿Qué mensaje te gustaría transmitir a la comunidad universitaria en este inicio de gestión?

Que las puertas están abiertas. Que esta gestión es una de puertas abiertas en contextos de crueldad como el que estamos viviendo. La única forma de salir adelante es con organización, con comunidad, con escucha y con hacer. Estudiemos, investiguemos, habitemos y charlemos, porque es la única forma de construir una comunidad real.

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