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Graduada de Comunicación Social (UNM)

Vapeadores en adolescentes: prohibidos, riesgosos…y accesibles

En nuestro país está prohibida “la importación, distribución, comercialización y la publicidad o cualquier modalidad de promoción en todo el territorio nacional del sistema electrónico de administración de nicotina denominado ‘Cigarrillo Electrónico’, por la disposición 3226/2011 del ANMAT”. Sin embargo, esa prohibición no se cumple y las autoridades no hacen nada al respecto.

El uso de vapeadores entre infancias y adolescencias crece de manera estrepitosa, con la falsa creencia de que “no hace daño”. Sin embargo, detrás de esta práctica, disfrazada a través de dispositivos con aromas frutales y luces de colores, se esconden muchísimos riesgos: adicción, lesiones pulmonares y efectos sobre el desarrollo cerebral. La Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) advierte que el vapeo “puede ser tan nocivo como el cigarrillo convencional” y alerta sobre el aumento de consultas por este tema.

“Existe una falsa percepción entre los adolescentes de que el vapeo implica riesgos bajos. Escuchamos siempre el clásico ‘no pasa nada’, y este pensamiento erróneo ha hecho que se comiencen a provocar daños graves a la salud”, explica Federico Martín Botta, especialista en Pediatría, por la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA), con más de 25 años de experiencia, desde que comenzó su residencia en 1996 en el Hospital Vicente López y Planes de General Rodríguez.

Según cuenta, en los últimos años aumentaron las consultas de padres que piden ayuda para hablar con sus hijos. “El vapeo puede generar adicción a la nicotina, trastornos físicos y emocionales. Entre las señales de alerta están la tos persistente, la irritación de garganta, los mareos, los problemas de memoria o aprendizaje, y el aislamiento para vapear sin ser vistos”, detalla Botta.

Por su parte, la doctora Ángela Nakab, también pediatra por la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA), especializada en adolescencia y familias y coordinadora de la Secretaría de Medios y Relaciones Comunitarias de la SAP, explica que el fenómeno preocupa porque los adolescentes no perciben el riesgo real que implica inhalar sustancias químicas.

“Muchos chicos prueban los vapeadores pensando que son inofensivos, pero la mayoría contiene sustancias que pueden irritar y dañar las vías respiratorias. Y si tienen nicotina -que es muy frecuente-, pueden producir adicción y afectar el cerebro, que está en desarrollo”, afirma Nakab, quien lleva más de 30 años ejerciendo la Pediatría.

Además, como en muchas áreas persiste una gran desinformación. “Los jóvenes creen que si el cartucho dice ‘sin nicotina’ no hay riesgo, pero no siempre es así. Algunos productos están mal etiquetados o adulterados. Incluso sin nicotina, los aerosoles y saborizantes pueden liberar compuestos tóxicos como formaldehído y acroleína, que dañan el epitelio respiratorio”, detalla la médica. 

A su vez, Botta  informa los efectos que el uso de estos aparatos traen aparejados en las infancias y adolescencias “El uso de los vapeadores puede generar adicción a la nicotina, además de trastornos físicos y emocionales. Las señales de alerta incluyen síntomas respiratorios como tos persistente, irritación o sequedad de garganta y boca, náuseas, mareos y cefalea”, explica. Además señala que “también pueden presentarse problemas en la memoria y el aprendizaje, bajo rendimiento académico y trastornos emocionales como ansiedad, depresión o alteraciones de la personalidad” .

Entre los riesgos más graves, menciona el daño pulmonar agudo conocido como el EVALI,  las siglas de la lesión pulmonar asociada al uso de cigarrillos electrónicos o productos de vapeo. Es una lesión severa que puede requerir internación. “Los pulmones de niños y adolescentes están en desarrollo, y la exposición repetida a aerosoles irritantes interfiere en la maduración y puede generar inflamación crónica”, advierte Nakab.   

El impacto del vapeo ya se observa en muchos lugares. “Mi hijo vino contando que un compañero de 12 años vapeaba”, cuenta una madre que por cuestiones de privacidad nos solicitó permanecer en el anonimato. Ella  explica cómo debió abordar el tema en su casa: “Un día mi hijo me dijo que un compañero de la escuela vapeaba. En el momento no supe qué hacer, me quedé asombrada, pero luego con el padre hablamos con él y le explicamos los efectos negativos que tiene para su salud para que entienda por qué no puede hacerlo.”

Su testimonio da cuenta de esta preocupación que crece entre las familias y los pediatras. “Debemos alertar a padres y docentes sobre la necesidad de estar informados y poder así acompañar a los jóvenes”, explica, por su parte,  Botta.

En nuestro país está prohibida “la importación, distribución, comercialización y la publicidad o cualquier modalidad de promoción en todo el territorio nacional del sistema electrónico de administración de nicotina denominado ‘Cigarrillo Electrónico’, por la disposición 3226/2011 de ANMAT”, se explica en la página del Ministerio de Salud. Sin embargo, esto no impide que se comercialice en kioscos y por medios online un sin fin de modelos de estos productos.

Por su parte, Botta enfatiza que “existe un comercio ilegal especialmente en redes sociales por lo tanto debería haber mayores y exhaustivos controles para evitar este comercio.”  Desde la SAP ya se impulsaron campañas de prevención y difusión con base científica. El mensaje es claro, el vapeo no es inofensivo y puede provocar adicción al igual que el cigarrillo común y hasta mayores daños porque muchas veces al no estar regulado no saben qué es lo que están inhalando.

“Revertir esta tendencia no es fácil, no hay una sola medida, es multifactorial”, explica Nakab. Además, enfatiza que: “hay que hacer una regulación fuerte a nivel legal, restringir la venta, controlar los sabores que atraen a los jóvenes, limitar la publicidad y la promoción en redes. También es fundamental fiscalizar los contenidos que difunden influencers sin conocimiento científico, implementar programas de prevención escolar y comunitaria, y abordar el tema desde la consulta pediátrica o médica. Necesitamos campañas públicas basadas en la ciencia que expliquen los daños y la adicción que genera el vapeo”, concluye.

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