
Según la Federación Mundial de Musicoterapia (WFMT) es una disciplina de la salud que utiliza la música de forma profesional y sistemática para abordar las necesidades físicas, emocionales y cognitivas de las personas. A diferencia de simplemente escuchar música por placer, la musicoterapia implica un proceso terapéutico guiado por un profesional con objetivos específicos.
Karina Daniela Ferrari, musicoterapeuta en planta en el Hospital Álvarez, del barrio Flores, y directora del programa de Extensión Universitaria de la UBA que articula actividades con aquel establecimieto, enfatiza: “En principio, definir a la musicoterapia como una disciplina académica basada en la evidencia, que impacta en muchas áreas de la salud del paciente. En el hospital trabajamos en áreas que tienen que ver con lo emocional, social, padecimiento mental porque sabemos que la música participa a lo largo de la historia de cualquiera de nosotros, estructurando una identidad sonora.”
Claudio Crespino, musicoterapeuta y profesor en la carrera de Licenciatura en Musicoterapia de la Facultad de Psicología de la UBA, comenta que “la musicoterapia es una práctica terapéutica rigurosa, sostenida por fundamentos científicos neurológicos, psicológicos y socioculturales ampliamente documentados. Su relevancia radica en la capacidad de utilizar la música como un mediador clínico complejo, capaz de articular distintos niveles de organización humana”
En este sentido, la musicoterapia ofrece un gran espectro de tratamientos y tecnologías que transforman la experiencia musical en un espacio terapéutico estructurado, con objetivos definidos y efectos observables sobre la salud integral y la calidad de vida de las personas desde la expresión subjetiva y la regulación emocional hasta la estructuración temporal, motora y cognitiva.
La melodía en el cerebro
La eficacia de la musicoterapia reside en la compleja forma en que la música afecta el cerebro, dado que todos sus aspectos, incluyendo el tono, el tiempo y la melodía, se procesan por diferentes zonas cerebrales. El cerebelo procesa el ritmo, los lóbulos frontales decodifican las señales emocionales creadas por la música. El centro de recompensas del cerebro, llamado núcleo accumbens, puede producir fuertes señales físicas de placer, como escalofríos, cuando se escucha música.
La musicoterapia utiliza estas profundas reacciones físicas y neurológicas para ayudar a las personas con diversos problemas de salud. Ferrari lo relaciona con el trabajo de dolor y afirma que “está probado científicamente que las mismas áreas del cerebro en donde se activan a partir de la música son las mismas áreas en donde se activa el dolor”.
Crespino agrega: “A su vez, desde un nivel de análisis psicológico, la música activa distintos mecanismos mediadores vinculados a la memoria, la atención, las emociones y la comunicación. Asimismo, la música activa y modula la actividad emocional del individuo, incidiendo positivamente en la motivación y la regulación emocional.”
Desde sus inicios a hoy en día, la musicoterapia pasó de ser concebida como una práctica expresiva complementaria a ser entendida como una intervención clínica con fundamentos propios y evidencia empírica creciente. Crespino afirma que “actualmente la experiencia profesional y la evidencia científica (tanto a nivel local como internacional) señalan mayor eficacia en los campos de rehabilitación neurológica, condición dentro del espectro autista, salud mental, demencias, dolor crónico, cuidados paliativos y neonatología”.
Además, señala que no deja “de observarse en los últimos años un progresivo avance en la aplicación de la musicoterapia para el desarrollo personal, el bienestar emocional y el acompañamiento en crisis vitales, en donde la música y la experiencia musical demuestran ser un recurso de gran plasticidad terapéutica”, añade.
Experiencia musical: medios más que fines
Cada aplicación requiere conocimiento específico: qué tipo de música, en qué momento, con qué fin. Y eso implica, también, conocer la historia de la persona, sus síntomas, su contexto. No hay recetas universales. Hay evaluación, escucha y diseño terapéutico. En entornos hospitalarios, el trabajo es interdisciplinario. La musicoterapia funciona como un catalizador para poder poner palabras en donde los pacientes no las pueden poner.
Crespino, director del programa de extensión universitaria Musicoterapia Infanto-Juvenil en el Hospital General de Niños Pedro de Elizalde, cuenta: “Los principales aspectos a evaluar en un paciente son la capacidad de respuestas y regulación a través de la música y el sonido, capacidad de imitar y producir patrones rítmicos, capacidad y calidad de respuesta motora, expresión musical, organización atencional, memoria, creatividad, emocionalidad y disponibilidad comunicacional”.
Ferrari suma que “lo primero que hacemos es conocer la relación del paciente con la música. ¿Qué música le gusta? ¿Cuál es su identidad sonora? Porque también puede ser que utilicemos una música que le haga mal al paciente, que le traiga un mal recuerdo, que lo conecte con una emoción que no deseamos. Entonces, tratamos de conocer cuál es su musicalidad y trabajamos a partir de eso, de la música del paciente”.
Por eso Ferrari explica que en su equipo prefieren hablar de “experiencia musical” y no solo de música. “La música es una excusa para buscar un objetivo no musical. Nunca el objetivo es musical. No buscamos que el paciente cante, que el paciente toque un instrumento”, acota.
El objetivo real es que la música facilite la expresión, la memoria, la comunicación. Una experiencia musical incluye además de la música, el vínculo entre el terapeuta y el paciente, que es la base de todo el proceso. “Lo que buscamos es que el paciente a través de esa canción pueda expresar lo que le pasa, pueda activar su memoria, contarnos algo de su historia”, expresa Ferrari.
En cuanto a la selección musical. Crespino cuenta que “se basa en criterios exclusivamente clínicos. Utilizó repertorios que resulten significativos y adecuados para la situación de cada paciente, incluyendo géneros populares, música electrónica, repertorio clásico y hasta música contemporánea de vanguardia. En cuanto a los instrumentos, la elección del setting responde a las necesidades y posibilidades de cada paciente, así como a el tipo de objetivos”.
Escenarios y desafíos
A pesar de ser una disciplina con Ley Nacional de Ejercicio Profesional y ser enseñada en cinco universidades como licenciatura, la musicoterapia aún no ha logrado su plena inclusión en el sistema de salud. “Nosotros todavía no logramos ser parte del plan médico obligatorio (PMO). Por eso en muchos espacios todavía la musicoterapia no aparece como una disciplina como lo puede ser la kinesiología o psicología”, señala Ferrari.
Crespino aporta: “El desafío central es la consolidación de programas de investigación clínica local que produzcan evidencia contextualizada al sistema de salud argentino. Aunque la disciplina cuenta con abundante investigación internacional, aún es necesario fortalecer estudios interdisciplinarios locales y difundirlos en ámbitos clínicos para favorecer la incorporación sistemática de musicoterapeutas en hospitales y obras sociales”.
Igualmente, su reconocimiento en el ámbito médico crece. Ferrari señala que la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva (SATI) ya ofrece formación en musicoterapia. Además, se están realizando investigaciones que demuestran que la intervención musicoterapéutica no solo favorece la salud del paciente, sino que también genera economías institucionales al reducir el uso de fármacos y el tiempo de intervención.
¿Por qué acercarse?
En Argentina, la disciplina ha transitado un proceso de consolidación académica significativo, en parte impulsado por las universidades (especialmente la UBA) y por la producción teórica. Destacando que, en los últimos años, lo que se aprecia es un interés y un crecimiento progresivo en el desarrollo de modelos, técnicas y tratamientos basadas en evidencia científica.
Crespino narra: “Luego de más de veinticinco años de ejercicio profesional, continúa resultándome significativo observar cómo personas que atraviesan situaciones de sufrimiento intenso (como episodios depresivos o crisis de ansiedad) logran, a través del trabajo en musicoterapia, establecer un vínculo renovado con sus emociones, pensamientos y conductas”.
Azul Miguens, estudiante y miembro del equipo de musicoterapia del Hospital Álvarez, relata: “Atendimos a un paciente en clínica médica que estaba por un ACV, que era un paciente que tenía una afasia, no podía hablar y a través de técnicas con la voz cantada lo atendimos varios meses y pudo recuperar el habla bastante bien.
La musicoterapia se basa en la musicalidad innata de las personas, no es necesario ser músico. La música tiene relación con todas las personas y proporciona un material accesible para el trabajo terapéutico. Ferrari concluye que “la musicoterapia ofrece una vía más amena y menos intrusiva que el uso exclusivo de la palabra. Una canción te puede recordar un momento, un año de tu vida, una persona. Impacta en lo semántico, en lo histórico, en lo emocional”.

