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Estudiante de Comunicación Social (UNM)

Menstruación: de eso sí se habla

Especialistas en salud proponen nuevos paradigmas para tener una visión más desprejuiciada y saludable de ese ciclo.

La exclusión, la vergüenza y la falta de recursos son algunos de los obstáculos a los que se enfrentan las personas menstruantes desde el principio de su ciclicidad. Hablar de menstruación como un factor de desigualdad no es solo hacer referencia al gasto económico al que deben enfrentarse las personas durante toda su vida sino que también debe observarse como una causa de inequidad en términos de salud. La desinformación, los tabúes y el hecho de no poder acceder a productos o servicios que permitan una buena gestión de ese período, pueden derivar en problemas físicos, mentales y emocionales.

“Hay que cuidar el aspecto de tener un método de gestión menstrual que sea cómodo, que sea higiénico y que permita seguir haciendo una vida normal, o la vida que querramos hacer, sin estar condicionadas. Las personas que no tienen acceso a un método seguro de gestión menstrual, según el método que usen, tienen la posibilidad de contraer infecciones por el uso de métodos que no son higiénicos”,  sostiene Estela Pristupin, médica especialista en ginecología. 

Desde la imposibilidad de contar con toallitas, tampones o copas menstruales, hasta la falta de acceso a agua segura, son algunos de los factores que pueden contribuir al surgimiento de infecciones.  “Tener servicios e instalaciones deficientes de agua, saneamiento e higiene, limita que las mujeres y las niñas cambien y dispongan de los materiales menstruales de forma adecuada, se laven y cambien con seguridad” afirma Tamara Tejada, Licenciada Obstétrica. “Es necesario higienizarse todos los días, lavar los genitales con agua y jabón sin perfume, mantener los paños o toallas limpios y envueltos en papel o bolsitas de plástico antes de usarlos, al ir al baño limpiar desde adelante hacia atrás para no arrastrar bacterias del ano a la zona vaginal”,  agrega Tejada, y sostiene que todos estos cuidados son difíciles de llevar a cabo para quienes no tienen acceso a los recursos básicos.

Según un informe publicado por UNICEF, en el mundo hay alrededor de 1.000 millones de personas menstruantes, de las cuales al menos 500 millones carecen de los elementos para manejar su ciclo de manera digna y saludable. Verónica Vargas, ginecóloga y obstetra, afirma: “El cuello uterino se abre durante la menstruación, entonces lo que sucede es que las bacterias pueden alcanzar el útero con facilidad, puede tratarse tanto de gérmenes comunes como de infecciones de transmisión sexual”.

Para prevenir cualquier tipo de infección o problema de salud, es necesario que cada persona pueda llevar un registro de su periodo menstrual y consultar con profesionales ante cualquier alteración del ciclo. “Es importante que la persona conozca en qué fecha le viene la menstruación para poder controlar el ciclo menstrual. Si es posible, se debe anotar el día que le viene y el día que se le va, porque así sabemos cada cuántos días le dura. También es importante que se controle la cantidad de veces que se cambia la toallita, tampón, copa o el método que use,” explica Vargas.

Niñas y madres mientras participan de un taller sobre menstruación. Foto gentileza de Florencia Catania

La importancia de la información y el autoconocimiento

Según datos publicados por la Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires, el 32% de las personas encuestadas reconoció no haber recibido información sobre la menstruación antes de comenzar a menstruar. Además, la mayoría de quienes recibieron información afirmaron que fue en una conversación con personas allegadas (69,7%), incluyendo familiares directos/as (50,6%) y amistades o conocidos/as (19,1%). En este sentido, el desconocimiento o la presencia de tabúes que imposibilitan hablar libremente del tema, conducen a que las personas menstruantes no tengan herramientas para llevar a cabo una buena gestión de su salud menstrual.

“Me parece fundamental que el concepto de ciclicidad esté ligado al concepto de crecer saludablemente, estamos ovulando y luego menstruando porque estamos creciendo sanamente”,  dice Florencia Catania, doula y educadora menstrual. Además, cree que es sumamente importante hablar sobre la salud cíclica, es decir el ciclo ovulatorio menstrual, desde la niñez “porque en base a esta narrativa se forma la identidad de los cuerpos menstruantes”, y agrega: “Me parece que la soberanía del cuerpo va ligada al autoconocimiento si o si, entonces si entendemos nuestro cuerpo como un territorio de conquista, para poder conquistarlo tenemos que autoconocernos”.

 “Hay que ver, además, las condiciones donde esa persona menstruante se encuentra, para decidir también todo más acorde, porque si no tenemos acceso a agua potable, ir predicando copitas y toallitas de tela tampoco es saludable”,  asegura Florencia.

Las complicaciones y los obstáculos relacionados con la gestión de la salud menstrual se multiplican cuando se trata de otras identidades. La menstruación puede ser considerada como un factor de desigualdad de género, tanto en términos relacionados a la economía como a la salud. Sin embargo, esta desigualdad se agudiza cuando se habla de personas que pertenecen a la comunidad LGBTQI+ o mujeres que no se sienten representadas por los estereotipos hegemónicos. Para hacer frente a esta situación, Estela Pristupin, médica especialista en ginecología, milita por un sistema de salud que tenga en cuenta a la diversidad de identidades y condiciones. “La ginecología inclusiva es no solamente hacer la inclusión de las diversidades sexuales y las diferentes orientaciones de géneros, sino también personas que tienen proyectos de vida que no son convencionales. Es incluir a las personas más allá de su situación o características personales” asegura.

Hablar de menstruación como un acontecimiento que solo pertenece a las mujeres invisibiliza las otras identidades de género. “Me parece súper importante hablar todo el tiempo de mujeres o personas menstruantes, incluir también a las identidades diversas. Es importante porque hace a la narrativa de nuestra identidad”,  reflexiona Florencia Catania, que cuenta con una diplomatura en Educación Sexual Integral, y agrega: “Las personas que no tienen acceso a una buena gestión de su salud menstrual se enfrentan a riesgos simbólicos y a riesgos concretos. En lo simbólico se encuentra todo lo que tiene que ver con la baja autoestima, que viene ligada con el desconocimiento de nuestro propio cuerpo, el hecho de delegar las decisiones que tienen que ver con nuestro cuerpo a terceros, en manos del sistema de salud medico hegemónico”.

La posibilidad de contar con una educación menstrual integral desde la infancia y adolescencia resulta fundamental para que cada persona tenga la oportunidad de recuperar la autonomía de su cuerpo y el acceso al cuidado de su salud integral. En este sentido, recibir información certera y libre de tabúes, que considere las diferentes identidades y condiciones, es brindar herramientas para que cada individuo elija la mejor manera de gestionar su salud menstrual. Se trata de dejar de hablar del tema desde el estigma y la vergüenza, para comprender la menstruación como un proceso biológico completamente normal que está unido al concepto de crecer saludablemente. “Hay mucha gente que ahora está ocupándose de la salud menstrual, dejar de decir ‘estoy con Andrés’, ‘estoy con el asunto’, hablarlo por su nombre, estoy menstruando. En muchas religiones menstruar es un pecado, somos impuras, hacemos daño, nadie puede acercarse y eso de a poco va cambiando, van cambiando las cabezas”,  concluye Tamara Tejada.

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