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Estudiante de Comunicación Social (UNM)

Argentinísimas

Desde la zona oeste, cuatro artistas consolidan su espacio en la música nativa, en donde las mujeres intérpretes y compositoras todavía son minoría
Claudia Torres, bailarina y profesora de danzas nativas, es la hija del legendario Jaime Torres.

El folklore argentino ha sido el grito de resistencia de la gente del interior y por ello  lo escuchamos con las dulces tonadas de los provincianos.  Sin embargo, también late en el Conurbano y en particular en las voces de mujeres. A continuación recorremos un cuarteto de historias que combina música y género.

Mabel Denti es cantautora, docente y comunicadora social. Vive en la localidad de Libertad, desde chica escuchaba y vivió el folklore en su familia. Antes de tocar la guitarra ya escribía canciones. Toda su vida transcurrió en el ambiente artístico, tanto desde arriba como desde atrás del escenario.  Cuenta que subió a las tablas desde muy joven e interpreta temas propios como de otros compositores. “Siempre fui solista”, comenta. También participó en producción y coordinación de espectáculos.  “Mi trabajo ha sido hacer para otras mujeres,  coordinaba artísticamente la Fiesta Familiar de la Tradición en Libertad,  siempre hacía que las mujeres fueran distinguidas en el escenario”, agrega.

María Inés Ferreira, en tanto, vive en San Antonio de Padua, es profesora de música, estudió en el Conservatorio de Morón y  es charanguista.  En su casa escuchó folklore desde siempre y comenzó a tocar la guitarra a los 7 años.  Ella recuerda: “Mi repertorio era folklórico… nos agarró la época de la dictadura donde no se podía tocar folklore, pero yo seguía tocando. En las escuelas lo daba como contenido  cultural de conservación de nuestras raíces”. Pero luego dio un giro en su carrera: “Me interesó hacer lo que hacía Jaime Torres pero  como mujer, tocar el instrumento sola, pero sin tener referencias de que otras mujeres hubieran hecho eso. Fue un ‘romper puertas”.

Además María Inés  explica que el charango no es “una guitarrita”; las manos se posicionan de otra manera y la cabeza tiene que  adaptarse  a ese instrumento. También tuvo que incursionar en la música andina, boliviana y chilena, incorporar bailecito, huayno y  cueca. “Y todo el repertorio de Jaime Torres, que fue quien se hizo conocido con la Misa Criolla junto a Ariel Ramírez. Así posicionó a la Argentina en otro lado. Hacer una misa con instrumentos autóctonos  le dio un pasaporte internacional cultural, y con ello al charango,  porque tiene presencia como el tenor que canta en la misa”.

Otra artista que incursiona en el folklore y  es morense es nada menos que Claudia Torres, hija del legendario Jaime. Ella trabaja en la Dirección de Identidad Cultural de la Municipalidad de Moreno y es profesora de danzas folklóricas, con especialidad en las andinas.  Como María Inés Ferreira, estudió en el Conservatorio de Morón. .“Me inicio en el folklore desde el útero de mi madre, ya venía escuchando los sonidos autóctonos de nuestros pueblos. En mi casa siempre hubo música, danza, poesías así que en mi caso en particular el arte fue lo primero que tengo presente”, dice a ANUNM.

“En el folklore hay hombres violentos y abusadores. Conozco casos que están denunciados”, dice la cantante Marcela Ybalo.

De Moreno también es Marcela Ybalo, quien de chica participaba de los ensayos del conjunto de chamamé de su padre. Ella es la voz del dúo “Voces Nativas”, junto a su pareja Juan Carlos Gebhart, intérprete de guitarra, con quien se conoce desde hace más de 30 años. La dupla fue elegida para poner música y voz a la canción representativa de Moreno.

Ella dice con su tonada pausada: “Juan Carlos Ocampo,  divulgador de historias de Moreno, nos dijo que había un letra hermosa del 1900, de Benito Corbalán, amigo de Amancio Alcorta y nos ofreció hacerla canción. Fue saliendo esa melodía, una  especie de triunfo o huella, una cosa bien nuestra y así quedó”.

Al pensar en el folklore argentino, el inconsciente nos lleva a la imagen masculina. Los intérpretes y las voces más conocidas en su mayoría son hombres, dejando poco espacio para las mujeres que se dedican a este arte. Las entrevistadas dan su opinión al respecto.  “Yo me gané mi lugar…nunca me sentí incómoda ni desplazada, porque siempre me hice respetar en los escenarios, desde el trabajo en equipo”, dice Denti y agrega :”Hay cierto ego en el mundo artístico, no tiene que ver exactamente con el género”.

Por su parte, Ferreira expresa:   “A los varones les hincha que estemos en un lugar que es de ellos, como en el folklore, tango o  tenis, donde las mujeres somos minoría”. Con respecto al  rol de la mujer cantante dice que  está incorporado, pero no así  tocando un instrumento. “Está más instalado en el inconsciente colectivo que la mujer cante a que toque”,  señala.

Otra mirada apunta Claudia Torres, que sostiene que hay muy pocos espacios en los canales de televisión, pero  los espectáculos folklóricos y peñas mantiene viva  la música folklórica. “A mí me tocó una sola vez sentir esa diferencia, que eligieran a los varones de referentes para un evento importante. No me gustó para nada y a la semana me llamaron para que me sumara para coordinar, pero no quise porque no me sentía a gusto””, recuerda.

En tanto, Ybalo dice que el folklórico es un ambiente muy machista y es mucho peor para las mujeres que enfrentan el espectáculo solas. Sostiene: “Yo no lo vivo así porque estoy con mi compañero al lado. En el folklore hay hombres violentos y abusadores. Conozco casos que están denunciados”, afirma y añade: “Hay una chacarera que no debería pasarse más, dice su letra “la mujer engañadora doscientos palos merece” y hay gente que lo festeja y aplaude”.

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